martes, 25 de junio de 2013

¿QUÉ ES EL ESCAPULARIO DE LA VIRGEN DEL CARMEN?

Autor: Archidiócesis de Madrid | Fuente: Corazones.org 
La Virgen del Carmen ...y el escapulario
El escapulario no salva por sí solo como si fuera algo mágico o de buena suerte, ni es una excusa para evadir las exigencias de la vida cristiana.




¿Qué es el Escapulario carmelita?

Los seres humanos nos comunicamos por símbolos. Así como tenemos banderas, escudos y también uniformes que nos identifican. Las comunidades religiosas llevan su hábito como signo de su consagración a Dios.

Los laicos no pueden llevar hábito, pero los que desean asociarse a los religiosos en su búsqueda de la santidad pueden usar el escapulario. La Virgen dio a los Carmelitas el escapulario como un hábito miniatura que todos los devotos pueden llevar para significar su consagración a ella. Consiste en un cordón que se lleva al cuello con dos piezas pequeñas de tela color café, una sobre el pecho y la otra sobre la espalda. Se usa bajo la ropa. Junto con el rosario y la medalla milagrosa, el escapulario es uno de los mas importantes sacramentales marianos.

Dice San Alfonso Ligorio, doctor de la Iglesia: "Así como los hombres se enorgullecen de que otros usen su uniforme, así Nuestra Señora Madre María está satisfecha cuando sus servidores usan su escapulario como prueba de que se han dedicado a su servicio, y son miembros de la familia de la Madre de Dios."


El escapulario es un sacramental.

Un sacramental es un objeto religioso que la Iglesia haya aprobado como signo que nos ayuda a vivir santamente y a aumentar nuestra devoción. Los sacramentales deben mover nuestros corazones a renunciar a todo pecado, incluso al venial.

El escapulario, al ser un sacramental, no nos comunica gracias como hacen los sacramentos. Las gracias nos vienen por nuestra respuesta de amor a Dios y de verdadera contrición del pecado, lo cual el sacramental debe motivar.


¿Cómo surgió el escapulario?

La palabra escapulario viene del Latín "scapulae" que significa "hombros". Originalmente era un vestido superpuesto que cae de los hombros y lo llevaban los monjes durante su trabajo. Con el tiempo se le dio el sentido de ser la cruz de cada día que, como discípulos de Cristo llevamos sobre nuestros hombros. Para los Carmelitas particularmente, pasó a expresar la dedicación especial a la Virgen Santísima y el deseo de imitar su vida de entrega a Cristo y a los demás.


La Virgen María entrega el escapulario el 16 de julio de 1251.

En el año 1246 nombraron a San Simón Stock general de la Orden Carmelita. Este comprendió que, sin una intervención de la Virgen, a la orden le quedaba poco tiempo. Simón recurrió a María poniendo la orden bajo su amparo, ya que ellos le pertenecían. En su oración la llamó "La flor del Carmelo" y la "Estrella del Mar" y le suplicó la protección para toda la comunidad.

En respuesta a esta ferviente oración, el 16 de julio de 1251 se le aparece la Virgen a San Simón Stock y le da el escapulario para la orden con la siguiente promesa: 

"Este debe ser un signo y privilegio para ti y para todos los Carmelitas: quien muera usando el escapulario no sufrirá el fuego eterno"

Aunque el escapulario fue dado a los Carmelitas, muchos laicos con el tiempo fueron sintiendo el llamado de vivir una vida mas comprometida con la espiritualidad carmelita y así se comenzó la cofradía del escapulario, donde se agregaban muchos laicos por medio de la devoción a la Virgen y al uso del escapulario. La Iglesia ha extendido el privilegio del escapulario a los laicos.


Explicación de la Promesa:

Muchos Papas, santos como San Alfonso Ligorio, San Juan Bosco, San Claudio de la Colombiere, y San Pedro Poveda, tenían una especial devoción a la Virgen del Carmen y llevaban el escapulario. Santos y teólogos católicos han explicado que, según esta promesa, quien tenga la devoción al escapulario y lo use, recibirá de María Santísima a la hora de la muerte, la gracia de la perseverancia en el estado de gracia (sin pecado mortal) o la gracia de la contrición (arrepentimiento). Por parte del devoto, el escapulario es una señal de su compromiso a vivir la vida cristiana siguiendo el ejemplo perfecto de la Virgen Santísima.


El escapulario tiene 3 significados:
  • El amor y la protección maternal de María: El signo es una tela o manto pequeño. Vemos como María cuando nace Jesús lo envuelve en un manto. La Madre siempre trata de cobijar a sus hijos.

    Envolver en su manto es una señal muy maternal de protección y cuidado. Señal de que nos envuelve en su amor maternal. Nos hace suyos. Nos cubre de la ignominia de nuestra desnudes espiritual.

    Vemos en la Biblia:

    -Dios cubrió con un manto a Adán y Eva después de que pecaron. (manto - signo de perdón)

    -Jonás le dio su manto a David: símbolo de amistad -Elías dio su manto a Eliseo y lo llenó de su espíritu en su partida.

    -S. Pablo: revístanse de Cristo: vestirnos con el manto de sus virtudes.
  • Pertenencia a María: Llevamos una marca que nos distingue como sus hijos escogidos. El escapulario se convierte en el símbolo de nuestra consagración a María.

    Consagración: ´pertenecer a María´ es reconocer su misión maternal sobre nosotros y entregarnos a ella para dejarnos guiar, enseñar, moldear por Ella y en su corazón. Así podremos ser usados por Ella para la extensión del Reino de su Hijo.

    -En 1950 Papa Pío XII escribió acerca del escapulario: "que el escapulario sea tu signo de consagración al Inmaculado Corazón de María, lo cual estamos particularmente necesitando en estos tiempos tan peligrosos". Quien usa el escapulario debe ser consciente de su consagración a Dios y a la Virgen y ser consecuente en sus pensamientos, palabras y obras. Dice Jesús: "Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera". (Mt 11:29). El escapulario simboliza ese yugo que Jesús nos invita a cargar, pero que María nos ayuda a llevar. El escapulario es un signo de nuestra identidad como cristianos, vinculados íntimamente a la Virgen María con el propósito de vivir plenamente nuestro bautismo. Representa nuestra decisión de seguir a Jesús por María en el espíritu de los religiosos pero adaptado a la propia vocación, lo que exige que seamos pobres, castos y obedientes por amor.

    Al usar el escapulario constantemente estamos haciendo silenciosa petición de asistencia a la Madre, y ella nos enseña e intercede para conseguirnos las gracias para vivir como ella, abiertos de corazón al Señor, escuchando su Palabra, orando, descubriendo a Dios en la vida diaria y cercanos a las necesidades de nuestros hermanos, y nos está recordando que nuestra meta es el cielo y que todo lo de este mundo pasa. En la tentación, tomamos el escapulario en nuestras manos e invocamos la asistencia de la Madre. Kilian Lynch, antiguo general de la Orden dice: "No lleguemos a la conclusión de que el escapulario está dotado de alguna clase de poder sobrenatural que nos salvará a pesar a pesar de lo que hagamos o de cuanto pequemos...Una voluntad pecadora y perversa puede derrotar la omnipotencia suplicante de la Madre de la Misericordia."

  • El suave yugo de Cristo: "Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mi, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana". (Mt 11:29-30)

    -El escapulario simboliza ese yugo que Jesús nos invita a cargar pero que María nos ayuda a llevar.

    Quién lleva el escapulario debe identificarse como católico sin temor a los rechazos y dificultades que ese yugo le traiga.

    Se debe vivir lo que significa

    El escapulario es un signo de nuestra identidad como católicos, vinculados de íntimamente a la Virgen María con el propósito de vivir plenamente según nuestro bautismo. Representa nuestra decisión de seguir a Jesús por María en el espíritu de los religiosos pero adaptado a la propia vocación. Esto requiere que seamos pobres (un estilo de vida sencillo sin apegos materiales), castos y obedientes por amor a Dios.

    En momentos de tentación, tomamos el escapulario en nuestras manos e invocamos la asistencia de la Madre, resueltos a ser fieles al Señor.

    Ella nos dirige hacia el Sagrado Corazón de su Hijo Divino y el demonio es forzado a retroceder vencido.

    Imposición del Escapulario:

    El primer escapulario debe ser bendecido por un sacerdote e impuesto por él mientras dice:

    "Recibe este escapulario bendito y pide a la Virgen Santísima que por sus méritos, lo lleves sin ninguna mancha de pecado y que te proteja de todo mal y te lleve a la vida eterna"


    ¿Puede darse el escapulario a quien no es católico?

    Sí. El escapulario es signo de la Maternidad Espiritual de María y debemos recordar que ella es madre de todos. Muchos milagros de conversión se han realizado en favor de buenos no-católicos que se han decidido a practicar la devoción al escapulario.


    Conversiones.

    Un anciano fue llevado al Hospital de San Simón Stock en la ciudad de Nueva York, inconsciente y moribundo. La enfermera al ver al paciente con el Escapulario Carmelita llamó a un sacerdote. Mientras rezada las oraciones por el moribundo, éste recobró el conocimiento y dijo: "Padre, yo no soy católico". "¿Entonces, ¿por qué está usando el Escapulario Carmelita?", preguntó el sacerdote. "He prometido a mis amigos usarlo", explicó el paciente. "Además rezo un Ave María diariamente." "Usted se está muriendo" replicó el sacerdote. "¿Quiere hacerse católico?" ´Toda mi vida lo he deseado", contestó el moribundo. Fue bautizado, recibió la Unción de los Enfermos antes de fallecer en paz.


    Alerta contra abusos:

    El escapulario NO salva por sí solo como si fuera algo mágico o de buena suerte, ni es una excusa para evadir las exigencias de la vida cristiana. Mons. Kilian Lynch, antiguo general de la Orden Carmelita nos dice: "No lleguemos a la conclusión que el escapulario está dotado de alguna clase de poder sobrenatural que nos salvará a pesar a pesar de lo que hagamos o de cuanto pequemos... Una voluntad pecadora y perversa puede derrotar la ´omnipotencia suplicante´ de la madre de la misericordia."

    Los Papas y Santos han muchas veces alertado acerca de no abusar de la promesa de nuestra madre como si nos pudiéramos salvar llevando el escapulario sin conversión. El Papa Pío XI nos advierte: "aunque es cierto que la Virgen María ama de manera especial a quienes son devotos de ella, aquellos que desean tenerla como auxilio a la hora de la muerte, deben en vida ganarse dicho privilegio con una vida de rechazo al pecado y viviendo para darle honor."

    Vivir en pecado y usar el escapulario como ancla de salvación es cometer pecado de presunción ya que la fe y la fidelidad a los mandamientos es necesaria para todos los que buscan el amor y la protección de Nuestra Señora.

    San Claude de la Colombiere advierte: "Tu preguntas: ¿y si yo quisiera morir con mis pecados?, yo te respondo, entonces morirás en pecado, pero no morirás con tu escapulario."
  • FESTIVIDAD DE LA VIRGEN DEL CARMEN - 16 DE JULIO

    Autor: Archidiócesis de Madrid | Fuente: Corazones.org
    La Virgen del Carmen ...y el escapulario
    El escapulario no salva por sí solo como si fuera algo mágico o de buena suerte, ni es una excusa para evadir las exigencias de la vida cristiana.
     
    La Virgen del Carmen ...y el escapulario
    La Virgen del Carmen ...y el escapulario


    El próximo 16 de Julio recordaremos a Nuestra Señora del Carmen. Reflexionemos hoy un poco sobre esta advocación y las grandes promesas de su escapulario.

    Los carmelitas tienen, entre otros, el mérito de haber llevado esta advocación mariana a todos los estratos del pueblo cristiano.

    En el siglo XII algunos eremitas se retiraron al Monte Carmelo, con San Simón Stock.

    La Virgen Santísima prometió a este santo un auxilio especial en la hora de la muerte a los miembros de la orden carmelitana y a cuantos participaran de su patrocinio llevando su santo escapulario.

    Los Carmelitas han sido conocidos por su profunda devoción a la Santísima Virgen. Ellos interpretaron la nube de la visión de Elías (1 Reyes 18, 44) como un símbolo de la Virgen María Inmaculada. Ya en el siglo XIII, cinco siglos antes de la proclamación del dogma, el misal Carmelita contenía una Misa para la Inmaculada Concepción.


    La estrella del Mar y los Carmelitas.

    Los marineros, antes de la edad de la electrónica, dependían de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano. De aquí la analogía con La Virgen María quien como, estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.

    Por la invasión de los sarracenos, los Carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo. Una antigua tradición nos dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar. Por ese bello nombre conocían también a la Virgen porque el Monte Carmelo se alza como una estrella junto al mar.


    Los Carmelitas y la Virgen del Carmen se difunden por Europa.

    La Virgen Inmaculada, Estrella del Mar, es la Virgen del Carmen, es decir a la que desde tiempos remotos allí se venera. Ella acompañó a los Carmelitas a medida que la orden se propagó por el mundo. A los Carmelitas se les conoce por su devoción a la Madre de Dios, ya que en ella ven el cumplimiento del ideal de Elías. Incluso se le llamó: "Los hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo". En su profesión religiosa se consagraban a Dios y a María, y tomaban el hábito en honor ella, como un recordatorio de que sus vidas le pertenecían a ella, y por ella, a Cristo.

    ORACIÓN A LA VIRGEN MARÍA, EN LOS TIEMPOS Y FIESTAS DEL AÑO LITÚRGICO


    A María, en los tiempos y fiestas del año litúrgico
    Autor: Andrés Pardo


    Señora nuestra,
    Virgen de limpia hermosura,
    Reina del cielo,
    Madre del que es la Vida para el hombre,
    Madre de todos los hombres,
    Llena de Gracia,
    Templo de la Trinidad,
    Imagen luminosa de la Iglesia,
    por ti asciende hasta el único Señor
    el cántico de alabanza
    desde el nuevo milenio que empieza.

    Virgen del Adviento, vestida de Inmaculada,
    tú eres el feliz exordio de la Iglesia,
    sin mancha ni arruga,
    entra en nuestros corazones,
    para que descubramos que eres Madre de la esperanza
    y te imitemos vigilantes en la oración
    en la espera del Nacimiento del Hijo de Dios.

    Señora de Belén y Señora del silencio y de la luz,
    Madre de la Navidad,
    atráenos huta ti,
    como atrajiste a los pastores sencillos y a los sabios Magos,
    para que podamos escuchar el cántico de los ángeles
    que anuncian la paz a los hombres que Dios ama.

    Virgen de los Dolores
    con el corazón crucificado y herido,
    a los que hemos sabido cantar villancicos
    ante la cuna del pesebre,
    concédenos saber llorar penitentes
    al pie de todas las cruces
    de los calvarios de la tierra.

    Virgen gloriosa de la Pascua,
    que en la mañana de la Resurrección
    sentiste el latido inmortal de la nueva vida,
    alcanza para nuestras vidas tristes
    la alegría incesante de sabernos resucitados.
    Reina de Pentecostés, Cenáculo del Espíritu,
    ruega a tu Hijo, el Señor,
    para que el fuego del Espíritu Santo
    abrase nuestra timidez
    como rompió la timidez apostólica,
    para que en todos los lugares y circunstancias
    sepamos hablar a Dios y hablar de Dios.

    Porque tú eres el orgullo de nuestra raza
    y el honor de nuestro pueblo,
    bendecimos a Dios en tu Natividad,
    ya que fuiste escogida para dar a luz
    al Sol eterno, Cristo, el Señor.
    En tu presentación en el templo,
    nos manifiestas que eres casa habitada por Dios
    y nos invitas a la ofrenda de nuestros corazones.
    Por calzadas de primavera recién estrenada,
    Virgen de Nazaret,
    supiste decir sí al ángel en la Anunciación
    para que el Verlo se hiciera carne
    y te convertiste en Tienda del Verbo,
    y Arca de la Nueva Alianza
    enseñándonos a aceptar la voluntad del Padre de los cielos.

    Tú que caminaste por las montañas de Judea
    para ayudar y visitar a tu prima Isabel,
    y escuchar de sus labios el primer «Ave María»,
    ayúdanos a saber llevar y hacer presente a Cristo
    en todos los ámbitos de la vida,
    para que podamos alabar a Dios con tu «Magnificat».
    Como en Caná,
    intercede para que se convierta en vino generoso
    el agua disipada de nuestras vidas
    y así podamos hacer «lo que él nos diga».
    Nos alegramos en tu Asunción a los cielos,
    porque eres la Mujer vestida de sol,
    con la luna bajo tus pies,
    coronada de doce estrellas
    como Reina del género humano,
    Tú eres signo de esperanza y de consuelo para nosotros,
    que todavía peregrinamos en la tierra

    Madre y Señora nuestra,
    acoge benévolamente la plegaria de tus hijos,
    bendice la alegría de quienes saben amarte.
    Como estrella piadosa,
    ilumina nuestros horizontes cerrados.
    Socorre a los claudicantes,
    ayuda a los pusilánimes,
    conforta a los débiles,
    remedia la soledad de quienes se sienten solos y tristes.
    A todos concédenos
    la gracia de vivir con fe nuestra existencia
    tú que te hiciste camino del que es Camino, Verdad y Vida.
    Que vive y reina por los siglos de los siglos.

    R./Amén.

    lunes, 24 de junio de 2013

    JUNTO A TI MARÍA


    COMENCÉ A AMAR A LA VIRGEN MARÍA


    "Comencé a amar la Virgen María"
    Stefania Falasca


    … antes aún de conocerla… por las noches frente al hogar en las rodillas maternas, la voz de mi madre rezando el rosario…». Así Albino Luciani, papa durante treinta y tres días del 26 de agosto al 28 de septiembre de 1978, habló de su devoción a la Virgen. Su hermana Antonia nos lo cuenta…

    Puntual como siempre, ya está lista para ir a la cita. Una tarde de mayo en la basílica romana de San Cosme y Damián. Entra en la iglesia como si fuera al encuentro de su infancia y le parece volver a aquellos años. Allí en Canale. En aquellas tardes lejanas. Cuando al atardecer la plaza de la iglesia se llenaba de golondrinas y muchachos que jugaban con el balón antes de que el tañido de la campana pequeña llamara a todos a entrar en la iglesia. También está Albino que corre detrás del balón. Una anciana refunfuña por el jaleo de los críos. Suena la campaña pequeña, y todos corren adentro. Van deprisa también los hombres que vuelven del trabajo y las mujeres con sus hijos en brazos. Nina corre a su sitio en los escalones del altar de la Inmaculada. Se pone de rodillas como los demás chicos. Así lo quiere don Filippo: los niños delante, todos los demás detrás, primero los hombres, luego las mujeres. «Así comenzaba el rosario», recuerda, y las imágenes corren nítidas como fotografías. «Me parece estar allí, la iglesia llena, las oraciones dichas con mucha devoción, las canciones… se cantaba siempre con las canciones a la Virgen. ¡Qué canciones más bonitas! Nombre dulcísimo, Oh bella esperanza mía, Mira a tu pueblo… me acuerdo de todas, no las he olvidado. Y al volverlas a oír ahora me consuelo. Entonces el rosario se rezaba todo en latín –sigue diciendo– y después de las letanías don Filippo terminaba con las “florecillas”, contando breves episodios de la vida de María o de la devoción de los santos a la Virgen. Un año nos contó toda la historia de Lourdes. Era la primera vez que la oía contar…».
    Nina se acuerda de todas aquellas tardes de mayo. Todos en fila como las cuentas del rosario que lleva en el bolsillo de su vestido. Recuerda el puesto de las mujeres en la iglesia, el puesto de Berto y de Albino, las flores que iba a recoger para adornar el altar de la Virgen, las primeras nomeolvides, florecidas después de la nieve, y lo contenta que se sentía por aquella tarea que don Filippo había reservado para las niñas. Se acuerda incluso de aquel mayo cuando, al lado de la Inmaculada, colocaron las estatuas de santa Inés y de santa Teresita del Niño Jesús, que hacía poco había sido canonizada. Era el año 1927. Nina era pequeña, pero se le quedó grabada esa procesión de niñas vestidas de blanco que desde la aldea de Celat llevaban a hombros a la Iglesia de Canale las estatuas de las dos santas. Albino le había contado varias veces algunos detalles de la vida de santa Teresita y así había empezado a conocerla y quererla. «En nuestra zona», dice, «durante todo el año el rosario se rezaba en casa. También la súplica a la Virgen de Pompeya. Las tardes de invierno íbamos con mi madre a casa de los abuelos maternos y allí lo rezábamos todos juntos. Conservo recuerdos entrañables de aquellas tardes… formaron nuestra vida, nuestro afecto familiar. Solamente en mayo y en octubre, los meses dedicados a la Virgen, se iba a la iglesia a rezar el rosario y quien no podía por la hora o porque vivía lejos, lo rezaba delante de los atriòl, las pequeñas capillas que había en los caminos. Hay muchas en Canale, en nuestros valles. En nuestros pueblos era muy sentida la devoción a María». Una de estas capillas está en la calle de la casa de los Luciani, el atriòl de Rividela, una antigua imagen de la Virgen que antaño marcaba una etapa de la procesión de la Santa Cros. Se hacía el 3 de mayo, día dedicado a la Santa Cruz. Ese día no se rezaba el rosario en la iglesia. «La procesión encabezada por el párroco», recuerda, «salía a las cinco y media de la mañana y pasaba por todos lo pueblos del valle. A llegar al atriòl de nuestra casa, se leía un fragmento del Evangelio, luego se iba a la iglesia para la misa solemne. Me acuerdo de la procesión con todas sus letanías como si fuera ayer. De un detalle no me olvidaré nunca. Era un año en que la Pascua llegaba tarde y Albino ese día regresaba al seminario después de las vacaciones. Me acuerdo que cuando la procesión llegó arriba, a la aldea de Carlon que está encima de Canale, me di la vuelta y miré hacia la plaza, vi el autobús que salía hacia Belluno y se llevaba a Albino. Me parece verlo…me eché a llorar pensando que por la tarde no iba a ver a mi hermano en casa… Y lo mismo en octubre, cuando hacia mediados del mes regresaba al seminario. En aquellas tardes de octubre íbamos siempre juntos a la iglesia. Me llevaba de la mano. Me parece verlo. Cuando se iba yo me echaba a llorar… fueron los primeros dolores de mi vida…».
    «Así», cuenta Nina, «pasaban los meses marianos de mi infancia. Si hay algo que Albino siempre me recomendó es que me mantuviera fiel a la oración, especialmente al rosario. Cuando íbamos a verle a Venecia lo repetía siempre, y también se lo decía a mi hija Lina».

    El rosario que nos hace como niños

    «Es imposible concebir nuestra vida, la vida de la Iglesia, sin el rosario, las fiestas marianas, los santuarios marianos y las imágenes de la Virgen», escribía Albino Luciani cuando era patriarca de Venecia. De su veneración llena de ternura y de reconocimiento con que se dirigía a la Virgen y de su amor por la práctica del rosario nos hablan no sólo sus discursos y homilías, sino toda su vida. Hablando una vez en Verona con motivo de una fiesta mariana, dijo del rosario: «Hoy algunos consideran superada esta forma de oración, no apropiada para nuestros tiempos, que requieren, dicen, una Iglesia toda espíritu y carisma. “El amor” decía De Foucauld, “se expresa con pocas palabras, siempre las mismas y que repite siempre”. Repitiendo con la voz y con el corazón las Avemarías hablamos como hijos a nuestra madre. El rosario, oración humilde, sencilla y fácil, ayuda a abandonarse en Dios, a ser como niños». En 1975, la diócesis de Santa María, en el sur de Brasil, le invitó a participar en una peregrinación mariana y en el centenario de la inmigración de los vénetos a aquel país; le pidieron además que llevara una copia de la Virgen de la Salud, muy venerada en Venecia. A Luciani no le gustaba viajar, pero esta vez no pudo decir que no. Al llegar se encontró frente a 200.000 personas. Una pancarta decía: «Cuando vuelva a Italia, dígales a los vénetos que seguimos siendo fieles a la devoción de la Virgen». Al lado habían puesto el monumento al emigrante: un hombre con su hatillo, a su derecha su mujer con el vestido típico véneto y el niño en brazos, de su delantal asomaba el rosario. Luciani se acordó de una carta escrita por un emigrante en Brasil que su párroco había leído en la iglesia cuando era niño. Y recordó con cuanta emoción escuchaba aquellas palabras que contaban de lo triste que era allí la Navidad sin una iglesia, sin un sacerdote para la misa, sólo una pequeña capilla que no tenía siquiera una imagen de la Virgen. Comenzó entonces su homilía diciendo: «Quien ama currit, volat, laetatur. Amar significa correr con el corazón hacia el objeto amado. Comencé a amar a la Virgen María antes aún de conocerla… por las noches frente al hogar en las rodillas maternas, la voz de mi madre rezando el rosario…». Y mirando a la estatua de la mujer emigrante con el rosario, dijo: «Dejad que os diga dos palabras respecto a María madre y hermana: Madre del Señor. Lo vemos también en las bodas de Caná; reveló un corazón materno para con los dos esposos en peligro de quedar en ridículo. ¡Ella arranca el milagro! Casi parece que Jesús se hizo una ley para sí mismo: “Yo hago el milagro, pero que Ella lo pida!”. Como madre, por tanto, hemos de invocarla mucho, tener mucha confianza en ella, venerarla mucho. San Francisco de Sales con ternura la llama “nuestra abuela” para tener el consuelo de ser el nieto que se arroja con total confianza a su seno. Pero Pablo VI, que ha declarado a María Madre de la Iglesia, la llama a menudo también hermana», siguió diciendo Luciani: «María, aunque privilegiada, aunque madre de Dios, es también nuestra hermana. Soror enim nostra est dice san Ambrosio. ¡Es de verdad nuestra hermana! Ha vivido una vida como la nuestra. También ella tuvo que emigrar a Egipto. También ella tuvo necesidad de ser ayudada. Lavaba los platos y la ropa, preparaba la comida, barría el suelo. Hizo estas cosas comunes pero de modo no común porque “ella”, dice el Concilio, “mientras vivió en este mundo una vida igual a la de los demás, llena de preocupaciones familiares y de trabajos, estaba constantemente unida a su Hijo”. De modo que la Virgen nos inspira confianza no sólo porque es tan misericordiosa, sino también porque vivió nuestra misma vida, experimentó muchas de nuestras dificultades y nosotros debemos seguirla e imitarla especialmente en la fe».

    Nina recuerda que durante los meses marianos se hacían peregrinaciones en Canale. «Una», dice, «se hizo en el 23 con motivo del Congreso eucarístico diocesano al santuario de Santa María de las Gracias en el valle de Cordevole. Me acuerdo porque, después de muchos años las mujeres ancianas seguían llevando la medalla recordatorio. Pero nunca se iba muy lejos, no podíamos ausentarnos por muchos días. Cuando éramos pequeños nuestra madre nos llevaba a menudo a los pies de la Virgen de la Salud, en Caviola. La iglesia de la infancia del padre Cappello. Era una iglesia pequeñita que luego estuvo a punto de caerse; pero era tanta la devoción que cuando a finales de los años cuarenta se decidió cerrarla para las obras de restauración las mujeres fueron a protestar ante el párroco, no querían que se cerrara por ninguna razón. Recuerdo que una vez Albino me llevó a la Virgen de las Nieves de Garès. “Vamos a llevar esta vela”, me dijo. Yo era muy pequeña y fui con la promesa de una gaseosa; durante el camino tuvo que tomarme en brazos y llegó conmigo a hombros». Albino, sin embargo, hizo otras peregrinaciones. «Lo llevaba don Filippo», dice Antonia. «Berto seguramente se acuerda de la peregrinación que hizo Albino a la Virgen de Pietralba, porque al volver después de tres días», dice riendo, «fue a despertarle a media noche para enseñarle el regalo que le había traído. Albino tendría unos trece o catorce años. Le contó a Berto que había caminado mucho, que durante una parada en casa de un sacerdote amigo de don Filippo, oyendo hablar a los dos curas, se había quedado dormido en una silla y que luego se habían perdido… Esta fue la primera vez que mi hermano fue a Pietralba». El santuario mariano de Pietralba, en Alto Adige, era un lugar especial para Luciani. Allí iba durante los veranos cuando fue obispo de Vittorio Véneto y luego como patriarca de Venecia. Muchas horas de su estancia allí las pasaba en el confesionario. Pero son muchos los santuarios a los que fue Albino Luciani como peregrino. Varias veces acompañó las peregrinaciones diocesanas a Lourdes, Loreto, Fátima. Dijo refiriéndose a esto en una homilía pronunciada en la iglesia de Santa María de las Gracias, de Venecia: «Preparándome a hablar de este santuario mariano he echado un vistazo retrospectivo a mi vida de obispo. Con sorpresa he descubierto que parte de mi servicio pastoral lo he desarrollado en los santuarios». Una vez el superior del convento de la Virgen de los Milagros, en Motta di Livenza, le invitó al convento y Luciani respondió: «Voy con mucho gusto. Cuando era pequeño oía hablar de la Virgen de Motta, pero no he podido nunca cumplir este deseo». Y durante la homilía que pronunció en esta ocasión dijo: «Se escribe y se habla mucho de la Virgen, pero hay que hacerlo de modo que todos entiendan y toque los corazones. Cosa que no es posible si antes no ha sido tocado nuestro corazón. San Alfonso, que era un grande, un teólogo, no dudaba en balbucir para que los pequeños comprendieran, tenía su corazón tocado cuando componía canciones para su pueblo analfabeto, canciones que se han cantado durante más de cien años en toda Italia, especialmente durante las misiones y los meses de mayo. San Juan Bosco se las hacía cantar a sus muchachos. Una por ejemplo dice: «Oh, bella esperanza mía / dulce amor mío María / tú eres mi vida / mi paz eres tú”. Quien escribía así sentía a María cercana, le abría su corazón con confianza. No sólo hablaba de María, sino que hablaba a María con tiernas oraciones intercaladas continuamente. No está bien el estéril y pasajero sentimiento, el sentimentalismo, pero está bien que el corazón, además de la razón y la voluntad, participe en el ejercicio del culto mariano. “Que el hermoso nombre de María no abandone nunca tus labios”, escribía san Bernardo, «no abandone nunca tu corazón”». El 29 de junio de 1978, tres meses antes de su muerte, Luciani volvió a Canale por última vez. El párroco recuerda la última imagen que conserva de él: al entrar en la iglesia lo sorprendí en la penumbra con el rosario en la mano rezando ante el altar de la Inmaculada, en el mismo sitio donde se arrodillaba su madre. 

    Fuente: 30 días

    PRESENCIA DE JESÚS Y MARÍA EN NUESTRA VIDA


    Presencia de Jesús y María en nuestra vida
    Padre Mariano de Blas, L.C.



    Presencia de Jesús y María en los acontecimientos humanos: una boda. Hay que invitarlos a todas las cosas de nuestra vida, seguros de que accederán con gusto. Su presencia transforma las realidades humanas, las alegres y las tristes, en acontecimientos santificadores. Sufrir en su compañía es muy distinto que sufrir solos.

    Ellos dan la fuerza y el ejemplo para llevar la propia cruz con amor y alegría. También quieren participar en nuestras alegrías. Porque la alegría es cristiana, es fruto maduro del misterio pascual. Si, según Santa Teresa,”un santo triste es un triste santo”, quiere decir que el cristiano tiene el derecho y el deber de ser un irradiador de alegría. Si Jesús inventó la religión del amor, inventó por lo mismo la religión de los hombres y mujeres más felices. Es la paradoja del cristianismo: Los santos –los mejores cristianos- son los que más han sufrido y también los más felices. “Con la amistad de Cristo, con su presencia, he sido y soy inmensamente feliz, cargando la cruz que Él ha querido darme ...” María adelanta los milagros. Y Jesús condesciende con mucho gusto. Jesús abre el corazón de sus discípulos a la fe, obrando su primer milagro, gracias a la intervención de María.

    Todos los que quieran ser apóstoles de Jesús, deben aprender a amar a María, para ser eficaces en su labor de salvación de los hombres. En la salvación de los hijos, debe intervenir la presencia de la Madre, por voluntad del Redentor. El rosario que reza el sacerdote habla muy bien de él. Cuantas veces al Papa se le ve con el rosario entre los dedos. El sacerdote que invoca frecuentemente a María, que predica con entusiasmo sobre Ella a los fieles, tiene garantizado el éxito apostólico. No se puede decir lo mismo del ministro –quizás celoso y trabajador- que no tiene tiempo de rezar el rosario y que demuestra hacia su Madre una superficial adhesión. “Totus tuus” es un lema elegido amorosamente por Juan Pablo II. Pero, aunque no esté esculpido en un escudo, cada sacerdote debe hacerlo propio. La importancia de María para llegar a Jesús: La devoción a María es señal de predestinación.

    Dios no permitirá que un alma que ame a María no se salve. El amor a María es un elemento muy específico y gratificante de la religión cristiana. La devoción a María otorga al cristianismo una ternura, una finura y delicadeza extraordinaria. La necesidad que en el orden humano experimentan de una mamá todos los seres humanos, no es menos requerida en el orden del espíritu, Y Dios, que quiso darnos una madre de la tierra para las necesidades materiales, tuvo la buena idea de regalarnos una Madre para las necesidades del espíritu.

    El huérfano de madre lo demuestra, el huérfano de madre en el espíritu lo acusa también. María no es un estorbo para llegar a Jesús, al contrario, es el camino más corto y maravilloso para llegar al Mediador. Esta es la voluntad del mismo Mediador, Jesucristo. Jesús mismo que quiso tener una madre, no ha querido privarnos a nosotros de ella, Más aun, la misma madre suya nos la regaló a nosotros, Con ello no sólo nos ha dado una madre, sino la mejor de todas. El agua convertida en vino: Vida triste convertida en vida feliz; mediocridad en santidad; esterilidad en apostolado fecundo. “En tu nombre echaré la red”, dijo Pedro a Jesús. También podemos decir nosotros: “En tu nombre, María, echaremos la red”. Jesús no es celoso, y llenará también nuestras redes de peces. Sin duda que el vino mejor del mundo se bebió en Caná, como lo atestigua el mayordomo de la fiesta.

    Cuantas veces nuestra triste vida se nutre de vinagre, de vino de poca calidad o tiene que conformarse con simple agua. María puede pedir Jesús que convierta esa pobre agua en dulce vino que nos dé gusto y fuerzas para el camino de la vida. “Haced lo que Él os diga”. Siempre nos guía a Él, nos invita a obedecerle, a seguirle, a imitarle. Y los discípulos creyeron en Él, por María. Cuando la presencia de María en la vida de un apóstol es constante, ese apóstol tiene la bendición y el beneplácito de Dios. María nunca se cree ni se nombra Maestra, sino discípula; la mejor de todas. Es la que conoce como nadie la religión del amor y quien la ha vivido mejor que ningún cristiano. Por eso puede enseñar a sus hijos lo que Ella sabe. Jesús dijo “ Yo soy el camino, la verdad y la vida”, María podría decirnos. “Yo soy la caminante más decidida, la seguidora de la verdad, la distribuidora de la vida”. Ella nos dice:”Hagan lo que Él les diga”. Él nos dice: “Hagan lo que Ella les diga”

    jueves, 20 de junio de 2013

    NUESTRA SEÑORA DE LA CONSOLACIÓN - 20 DE JUNIO

    Autor: . | Fuente: www.terrelontane.org
    Nuestra Señora de la Consolación
    Advocación Mariana, 20 de junio
     
    Nuestra Señora de la Consolación
    Nuestra Señora de la Consolación

    La Madre que consuela y sostiene

    El día 20 de junio se celebra la fiesta de la Santísima Virgen del Consuelo, patrona especial de Turín y del Piamonte.

    El culto de la Virgen del Consuelo data del siglo XI, cuando se amplió el primitivo edificio dedicado a San Andrés y se erigió, en el transcurso del siglo XVIII el Santuario de la Consolación, una de las iglesias más bellas y más amadas por los habitantes de Turín.

    En relación con el culto de la Virgen del Consuelo, se narra que, en el mismo sitio en que hoy admiramos el santuario, había un pequeño templete que se vio destruido en una de las invasiones de los bárbaros.

    Algunos años después, en la ciudad de Briançon, un hombre ciego de nacimiento, tuvo en sueños una visión de la Virgen María que le exhortó a llegarse a Turín para buscar un cuadro con su efigie que se había extraviado.

    El hombre, llegado a aquel sitio, recobró milagrosamente su vista y pudo ver a la Virgen, quien se presentó como "Consoladora" y se convirtió en la patrona de Turín.

    Hoy, la Virgen del Consuelo no sólo es venerada por muchísimos fieles que a ella imploran gracia y consuelo y que con fe y con devoción participan en la procesión que, todos los años durante su celebración, sale del Santuario y serpentea por las calles de la ciudad.

    Ella es también la Madre inspiradora de los misioneros que, en su nombre, se empeñan en llevar el Evangelio por todo el mundo. Al igual que María, que veneran bajo el título de Consolación, pretenden llevar al mundo el auténtico Consuelo que es Jesús, el Evangelio y con ello su presencia junto a los marginados, con la ayuda a los afligidos, la cura a los enfermos, la defensa de los derechos humanos y el fomento de la justicia y de la paz.

    Por todo eso, ellos se dedican a la Misión de forma total, sin ninguna clase de vínculos, alejados de la materialidad de las cosas, profesando la pobreza y la obediencia en el espíritu de la beatitud evangélica.

    martes, 18 de junio de 2013

    MARÍA, ¿OBSTÁCULO O SIGNO DE UNIDAD ENTRE PROTESTANTES Y CATÓLICOS?


    Autor: R.P. Lic. Luis Jorge Montagna, IVE
    María ¿Obstáculo o signo de unidad entre protestantes y católicos?
    Que María no sea más una piedra de escándalo sino por el contrario un vínculo de unión
     
    María ¿Obstáculo o signo de unidad entre protestantes y católicos?
    María ¿Obstáculo o signo de unidad entre protestantes y católicos?
    Entre las distintas concepciones teológicas que han mantenido separados a católicos y protestantes se destaca de manera especial el lugar que ocupa la Virgen María en la obra de la redención humana.

    Bien sabemos que la teología protestante, en líneas generales, no acepta la posibilidad de ninguna mediación en la obra de la salvación, excepto el mismo Jesucristo. En este sentido, para ellos María no ocupa ningún lugar como cooperadora en la redención del género humano, generando de este modo lógicas discrepancias con los católicos.

    A pesar de esto en el siglo pasado, teólogos tanto protestantes como católicos estaban convencidos que María no podía ser en absoluto un punto de división sino más bien el camino seguro para restablecer la verdadera unidad entre los cristianos separados.

    En la actualidad, distintos grupos interconfesionales en un clima de total sinceridad y sensibilidad por el diálogo ecuménico, vienen trabajando con gran esfuerzo por descubrir en las fuentes escriturísticas y patrísticas, como así también en el análisis teológico de las distintas cuestiones de fe, raíces comunes que puedan servir como base de diálogo para las distintas denominaciones cristianas. Estos grupos escriben documentos que luego son entregados a las distintas Iglesias para que una vez tomados en consideración elaboren una respuesta en vistas siempre a lograr una actitud de mayor apertura en el diálogo ecuménico.

    El Grupo de Dombes, uno de los grupos de teólogos interconfesionales más avanzados en el diálogo ecuménico, emitió en 1997 un documento titulado María en el designio de Dios y en la comunión de los santos.

    Este documento reconoce que María ha sido motivo de conflicto entre católicos y protestantes, un conflicto que, según el documento, la misma María ha sido víctima. Por eso el grupo es conciente que ha llegado el momento de decir basta al nombrar en vano el nombre de María y de humillarla por causa del pecado de los hombres. Se anhela el hecho de revertir esta situación, de modo que María no sea más una piedra de escándalo sino por el contrario un vínculo de unión.

    En primer lugar el documento expresa cómo en el primer milenio la teología reconocía unánimemente en María un rol importante y perfectamente determinado en el designio del Padre, en el misterio de Cristo y en el misterio de la Iglesia o comunión de los santos. Esta situación alejaba completamente entre los cristianos motivos de discordia en lo que respecta a la fe sobre la Virgen María. Atestiguan esta realidad los Símbolos de la fe, el apostólico y el niceno-constantinopolitano, en donde encontramos las sentencias “nació de Santa María Virgen” y “se encarnó de María la Virgen”; también los santos Padres y finalmente los primeros Concilios ecuménicos, en particular el de Éfeso en el cual se declara el dogma mariano de Theotokos, es decir, madre de Dios. Por lo tanto “Virgen y Madre de Dios” pertenecen al patrimonio común de todas la Iglesias.

    Por otro lado, en lo que respecta al rol que desempeña María en la obra de la salvación, que como ya dijimos, ha sido un motivo importante de separación entre protestantes y católicos, el Grupo de Dombes declara que se estaría llegando a un acuerdo en este aspecto.

    El documento señala que si bien solo Dios otorga la gracia para obtener la salvación, es necesario contar con la respuesta libre del hombre para que éste se beneficie y sea justificado. La solución propuesta es inequivocable sobre el carácter absoluto de la gracia electiva de Dios, sin embargo se insiste también sobre la importancia de la respuesta humana que es parte integrante. En este sentido y en un hecho particularísimo, el misterio de la Encarnación atestigua claramente que María ha cooperado con la respuesta de la propia fe, como cada ser justificado, a través de la propia obediencia, la propia maternidad, y todas la obras de “sierva” entre ellas su intervención en Caná.

    Históricamente el autor de la gracia, Jesucristo, se encarna plenamente en nuestra humanidad a través de María, quien coopera de este modo efectivamente en la obra de redención de los hombres. Se comprende entonces que una devoción sobria y veraz hacia la Virgen María, Madre de Dios, sea un potente salvoconducto para el camino de fe referido a Jesucristo.

    Podemos decir entonces que, reconociendo que en el primer milenio toda la Iglesia aceptó a María como la “Madre de Dios” y la importancia clave que tiene la cooperación humana en la obra de la redención, manifestada en la disposición efectiva en cada hombre de recibir la gracia, y manifestada singularmente en María, de manera particular y espacialísima en el sí de la Encarnación, ella, en el orden del diálogo ecuménico, no puede ser motivo de división, por el contrario se convierte en “Madre de unidad” para todos los creyentes en Cristo.

    ORACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA


    LA "ADORACIÓN" A MARÍA

    Autor: Aci Digital
    La "adoración" a María
    Hay algunos que piensan que los católicos "adoramos" a María ¿Es eso cierto?
     
    La
    La "adoración" a María
    Hay algunos que piensan que los católicos "adoramos" a María ¿Es eso cierto?

    Primero que nada, hay que decir que los católicos no adoramos a la Virgen María. El culto que le profesamos no es adoración, puesto que ésta corresponde únicamente a Dios. Los católicos veneramos a Santa María, porque Ella es la mujer a quien Dios escogió para que fuera la Madre de Cristo. Es decir, María no es una persona cualquiera, es la Madre del mismo Dios.

    María es bienaventurada por el hecho de haber sido escogida por Dios para llevar al Salvador en su seno, y por ello los católicos la hemos llamado así durante "todas las generaciones". El respeto y veneración que le profesamos los católicos a la Santísima Virgen tiene, por lo tanto, bases bíblicas sólidas.


    1. Desde el designio divino

    Dios manda alabar a María. El ángel Gabriel enviado por Dios saludó a María con estas palabras: "Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo" (Lc 1,28). Dios Padre ha querido asociar a María a la realización de su Plan de Reconciliación. Es así que María está asociada a la obra de su Hijo, el Señor Jesús. No es un simple capricho o exageración el reconocer la maternidad divina de María. El misterio de María está íntimamente unido al misterio de su Hijo. En Ella "todo está referido a Cristo", subordinado a Él. María no tiene naturaleza divina y todos sus dones le vienen por los méritos de su Hijo, y no por ello deja de ser una mujer única, con dones únicos para una misión muy particular en la historia.

    La cooperación de María en la obra de la Reconciliación. Para ser la Madre del Salvador, María fue dotada por Dios con dones a la medida de su importante misión; ella es la "Llena de gracia". Sin esta gracia única, María no hubiera podido responder a tan grande llamado. Ella es Inmaculada, libre de todo pecado original, en virtud de los méritos de su Hijo (LG 53).

    Los relatos evangélicos presentan la concepción virginal como una obra divina que sobrepasa toda comprensión y posibilidad humanas (Catecismo de la Iglesia Católica n. 497). María es, pues, una mujer muy especial, dotada por Dios para ser Madre del Redentor, Madre de Dios.


    2. Testimonio de las Escrituras

    Los Evangelios nos la presentan como activa colaboradora en la misión de su Hijo. En Belén da a luz a Jesús, lo presenta a los pastores, a los Magos y en el Templo; convive con Él treinta años en Nazareth; intercede en Caná; sufre al pie de la cruz; ora en el Cenáculo. Por tanto, hacer a un lado a María, separarla de Cristo, no es lo que la revelación enseña. Si los Reyes Magos adoraron a Jesús en brazos de María, ¿será idolatría imitar su ejemplo?


    3. En la vida de la Iglesia

    La Iglesia nos presenta a María como Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. "Pero todo esto ha de entenderse de tal manera que no reste ni añada nada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador" (S. Ambrosio). La luna brilla porque refleja la luz del sol. La luz de la luna no quita ni añade nada a la luz del sol, sino manifiesta su resplandor. De la misma manera, la mediación de María depende de la de Cristo, único Mediador.

    El culto a María está basado en estas palabras proféticas: "Todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi maravillas el Poderoso" (Lc 1, 48-49). Ella será llamada bienaventurada, no porque su naturaleza sea divina, sino por las maravillas que el Poderoso hizo en ella. Así como María presentó a los pastores al Salvador, a los Magos al Rey, para que lo adoraran, le presentaran dones y se alegraran con el gozo de su venida, así el culto a la Madre hace que el Hijo sea mejor conocido, amado, glorificado y que, a la vez, sean mejor cumplidos sus mandamientos. María nunca busca reducir la gloria de su propio Hijo; todo lo contrario, y así es como lo ha entendido la Iglesia desde los primeros siglos, cuando oraban al Señor los discípulos en el Cenáculo en compañía de la Virgen Madre (Hch 1,14).

    Para una información más completa acerca de la Santísima Virgen, visita la sección de Mariología

    lunes, 17 de junio de 2013

    ORACIÓN DE MARÍA


    Oración de María
    San Alfonso María de Ligorio

    Nadie en la tierra ha practicado con tanta perfección como la Virgen la gran enseñanza de nuestro Salvador: "Hay que rezar siempre y no cansarse de rezar" (Lc 18,1). Nadie como María, dice san Buenaventura, nos da ejemplo de cómo tenemos necesidad de perseverar en la oración; es que, como atestigua san Alberto Magno, la Madre de Dios, después de Jesucristo, fue el más perfecto modelo de oración de cuantos han sido y serán. Primero, porque su oración fue continua y perseverante. Desde el primer momento en que con la vida gozó del uso perfecto de la razón, como ya dijimos en el discurso de la natividad de nuestra Señora, comenzó a rezar. Para meditar mejor los sufrimientos de Cristo, dice Odilón, visitaba frecuentemente los santos lugares de la natividad del Señor, de la Pasión, de la sepultura. Su oración fue siempre de sumo recogimiento, libre de cualquier distracción o de sentimientos impropios. Escribe Dionisio Cartujano: Ningún afecto desordenado ni distracción de la mente pudo apartar a la Virgen de la luz de la contemplación, ni tampoco las ocupaciones.

    La santísima Virgen, por el amor que tenía a la oración, amó la soledad. Comentando san Jerónimo las palabras del profeta: "He aquí que la Virgen está encinta y va a dar a luz un hijo y le pondrá el nombre de Emmanuel" (Is 7,14), dice que, en hebreo, la palabra virgen significa propiamente virgen retirada, de modo que el profeta predijo el amor de María por la soledad. Dice Ricardo que el ángel le dijo las palabras "el Señor está contigo" por el mérito de la soledad que ella tanto amaba. Por eso afirma san Vicente Ferrer que la Madre de Dios no salía de casa sino para ir al templo; y entonces iba con toda modestia, con los ojos bajos. Por eso, yendo a visitar a Isabel se fue con premura.

    De aquí, dice san Gregorio, deben aprender las vírgenes a huir de andar en público. Afirma san Bernardo que María, por el amor a la oración y a la soledad evitaba las conversaciones con los hombres. Así es que el Espíritu Santo la llamó tortolilla: "Hermosas son tus mejillas como de paloma" (Ct 1,9). Comenta Vergelio que la paloma es amiga de la soledad y símbolo de la vida unitiva. La Virgen vivió siempre solitaria en este mundo como en un desierto, que por eso se dijo de ella: "¿Quién es ésta que sube por el desierto como columnita de humo?" (Ct 3,6). Así sube por el desierto, comenta Ruperto abad, el alma que vive en soledad.

    Dice Filón que Dios no habla al alma sino en la soledad. Y Dios mismo lo declaró: "La llevaré a la soledad y le hablaré al corazón" (Os 2,16). Exclama san Jerónimo: ¡Oh soledad en la que Dios habla y conversa familiarmente! Sí, dice san Bernardo, porque la soledad y el silencio que en la soledad se goza fuerzan al alma a dejar los pensamientos terrenos y a meditar en los bienes del cielo.

    Virgen santísima, consíguenos el amor a la oración y a la soledad para que desprendiéndonos del amor desordenado a las criaturas podamos aspirar sólo a Dios y al paraíso en el que esperamos vernos un día para siempre, alabando y amando juntos contigo a tu Hijo Jesús por los siglos de los siglos. Amén.
    "Venid a mí todos los que me deseáis y hartaos de mis frutos" (Ecclo 24,19). Los frutos de María son sus virtudes. No se ha visto otra semejante a ti ni otra que se te iguale. Tú sola has agradado a Dios más que todas las demás criaturas.

    BUSCAS A CRISTO Y ENCUENTRAS A MARÍA


    Buscas a Cristo y encuentras a María
    Padre Tomás Rodríguez Carbajo  



    1.- No podemos separar a Cristo de María.

    Al pensar en Cristo, inmediatamente nos viene a la mente la condición humana y divina del Hijo de Dios, que vino a salvarnos.
    Partimos de la realidad, tenemos a Cristo, porque nació de María.
    La historia nos confirma que cuando se ha querido precisar la naturaleza de Cristo: Una sola persona y dos naturalezas (verdadero Dios y verdadero hombre), llegamos a la conclusión que es así, porque María es verdadera Madre de Jesús, y por lo tanto Madre de Dios, Ella prestó lo que cualquier madre presta a su hijo para ser llamada verdaderamente madre.

    La condición inseparable de Cristo y María nos lleva a que, cuando nos acercamos a uno de los dos, necesariamente llegamos al otro. Es verdad que con distinción de importancia, pues, Cristo es Dios y hombre; María es criatura privilegiada, pero nunca es diosa, ni de naturaleza divina; le llamamos Madre de Dios, porque su Hijo, verdadero Dios, tomó en su seno la naturaleza humana, sin dejar la divina, que tenía por ser la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.

    Quien ama a Dios, tiene que amar lo que Dios ama, y de manera especial ama entre todas las criaturas a su Madre, por eso no ama realmente a Cristo, quien deja de lado a María. Los encontramos juntos en varios episodios evangélicos, iban buscando a Jesús y se encontraron con María, quien fue la encargada de mostrárselo, por ejemplo, si leemos a S. Lucas 2, 15 -16: "Cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: Vamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado. Y fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre". Podemos leer también la adoración de los Magos, que nos narra San Mateo, 2, 11: "Entraron en la casa, vieron al Niño con su Madre María y, postrándose, le adoraron "

    Todo hijo se encuentra orgulloso de su madre, Cristo no se avergüenza de Ella, no ha querido servirse de Ella solo para entrar en este mundo, sino que la tiene muy cerca de Sí, pues, es su colaboradora, nunca "suplente" de Jesús, por eso siempre que nos acercamos a El, nunca deja de presentarnos a su Madre.

    2.- El mariano tiene que ser cristiano.

    Si nos acercamos a María, Ella nos lleva a su Hijo, pues, tiene claro su misión de intercesora y medianera. Sabe que es el medio que Dios ha elegido para que nos acercásemos a El. Quien se cree devoto de María, lo será realmente, si su devoción es "santa", es decir, si de verdad ama a Cristo, pues, María no es ninguna gatera, que tenemos para salvarnos, sino que es la "Puerta del Cielo". ¿Cómo se entendería el amar a la Madre sin amar al Hijo?.
    "El fin de toda devoción debe ser Jesucristo, Salvador del mundo, verdadero Dios y verdadero hombre", nos dice S. Luis M Grignión de Montfort en su libro "Tratado de la verdadera devoción".

    La íntima unión de Jesús y María la encontramos expresada en los siguientes asertos:
    . Con María busco a Jesús.
    . Por María llego a Jesús.
    . A Jesús por María.
    . Todo a María para Jesús.

    . El amor ardiente a María llega siempre a Jesús.
    . A María no se le puede separar de Jesús.
    . Junto a la cruz de Jesús encontramos a María.
    . Jesucristo es el último fin de la devoción mariana.
    . María nunca puede ser "suplente" de Jesús, sino la colaboradora.
    . María no es la fuente de la gracia, sino el canal por el que llega.
    . María no nos salva, sino que nos presenta a Cristo, el Mesías, el Salvador.

    . Todo el interés de María es llevarnos a Cristo.

    PARA SER UNA PEQUEÑA MARÍA


    Para ser una pequeña María
    Autor: Chiara Lubich


    Deseo comunicar una experiencia mía, pequeña, personal, pero que ha incidido en mi alma y quizás puede ser útil a otros.
    Tomé en mis manos, en estos días, un libro que me regalaron. Se titula: El secreto de Madre Teresa de Calcuta, obviamente. Lo abro en la mitad, allí donde habla de “mística de la caridad”. Leo este capítulo y otros. Me sumerjo con gran interés en esas páginas. Todo lo que se refiere a esta próxima santa, me interesa personalmente: fue, por años, mi preciosísima amiga.
    Se me pone en evidencia lampante, la extrema radicalidad de su vida, de su vocación totalitaria, que impresiona, y casi asusta, pero, sobre todo, me empuja a imitarla en el típico compromiso, radical y totalitario, que Dios me pide a mí. De hecho, cada carisma es una maravillosa flor, única, irrepetible, distinta de las demás, como, por otra parte, pensaba Madre Teresa. Cuando teníamos ocasión de encontrarnos me repetía: “Lo que yo hago, tú no lo puedes hacer. Lo que tú haces, yo no lo puedo hacer”.

    Movida por esta convicción, tomo en mis manos el Estatuto del Movimiento, convencida de que allí habría encontrado la medida y el tipo de radicalidad de vida que el Señor me pide a mí. Abro, y enseguida, en la primera página, recibo un pequeño shock espiritual, como por un descubrimiento del momento. ¡Y son casi 60 años que lo conozco! Se trata de la “norma de las normas, premisa de toda regla” de la mía y de nuestra vida: generar –así se expresaba el Papa Pablo VI- y mantener, primero y ante todo, también en las grandes empresas, también en los compromisos extraordinarios, también en los triunfos por el Reino, a Jesús entre nosotros con el amor recíproco.
    Porque, entiendo enseguida, esta es la mía y nuestra tarea más importante, especialmente hoy: ser en la Iglesia una pequeña María, “una presencia suya en la tierra, casi su continuación” sola y con todo el movimiento; ser otra María que ofrece a Jesús al mundo.

    Pero es necesario ese amor ultrafino que no mide, que sabe hacerse espiritualmente nada delante de quien tiene al lado. En nuestra vida, no siempre todo es perfecto: alguna palabra de más, mía o de otros, algún silencio demasiado largo, algún juicio hecho sin razonar, algún pequeño apego, algún sufrimiento mal soportado, ofuscan la presencia de Jesús entre nosotros, si no llegan a impedirla.
    Comprendo que debo ser yo, en primera persona, quien debo darLe espacio, aplanando todo, colmando todo, condimentando todo con la máxima caridad; soportando todo, en quien me está a mí alrededor. Soportar -una palabra que por lo general nosotros no usamos, pero que recomienda el Apóstol Pablo- no es cualquier caridad. Es una caridad especial, la quinta esencia de la caridad.
    Empiezo. Y no va mal, ¡todo lo contrario!
    Siento el deber de hacer primero toda mi parte y tiene efecto. Además me llena el corazón de felicidad, quizás porque, de este modo, vuelve a aparecer la presencia de Jesús entre nosotros y permanece.

    Y es el colmo de mi alegría cuando me llegan las palabras de Jesús: “Misericordia quiero y no sacrificios” (Mt. 9, 13). ¡Misericordia! He aquí la caridad ultrafina que se nos pide y que vale más del sacrificio, porque el mejor sacrificio es este amor que también sabe soportar, que sabe, si es necesario, perdonar y olvidar.

    Para ser pequeñas María, para asegurar a Jesús al mundo, es necesario vivir la “premisa de toda regla”, en esa mutua y continua caridad que florece como misericordia.

    Es ésta la radicalidad, es ésta la totalitariedad que se le pide a nuestra vida.

    Fuente: Movimiento Focolare

    sábado, 15 de junio de 2013

    MARÍA....AHORA Y EN LA HORA DE NUESTRA MUERTE


    María... ahora y en la hora de nuestra muerte... 
    María Susana Ratero

    - Madre... hoy necesito preguntarte acerca de las almas del purgatorio.

    - Bien hija. ¿Qué es lo que quieres saber, exactamente?- contestas a mi alma desde tu suave imagen de Luján.
    En la parroquia de mi barrio sólo escucho un sereno silencio. Un momento más y comenzará la Santa Misa... 
    - Madre, es tan grande mi ignorancia que ni siquiera sé que preguntarte.

    - Mira, antes de responderte quiero que te respondas a ti misma una pregunta. ¿Mueve tu corazón la curiosidad o el amor?
    - Quiero que sea el amor, Señora mía ¡Ayúdame a que sea el amor!...

    - Tus palabras alegran mi corazón. Me preguntas acerca de las almas del purgatorio. Te propongo que cierres los ojos y vengas conmigo.

    - ¿Adónde Madre?

    - A un lugar donde es grande la pena y larga la espera.
    Mi imaginación dibuja, entonces, un sitio triste, solitario... en semipenumbras. Como un grande y profundo valle al que no puedo bajar. María permanece a mi lado. Desde una especie de acantilado diviso, en el fondo del valle, tantísimas almas suplicantes.
    La Misa comienza en la Parroquia. Quiero oírla a tu lado, Madre. Pero necesito preguntar:
    - Señora, nada soy y nada valgo. Ningún mérito tengo para pedirte ¡Oh Madre de Misericordia! ¿Puede mi nada hacer algo para aliviar el gran sufrimiento de estas almas?
    Me miras con infinita ternura. Te acercas a mi corazón y tomas de él algo que parece una cadena.

    - Pero ¿De dónde sacas esos eslabones, María?
    - Esta cadena, hija mía, es la que has construido con tus oraciones de hoy.
    Ella se acerca al borde del acantilado y arroja un extremo de la cadena pero... resulta demasiado corta para llegar, siquiera, al alma más cercana. Mis oraciones fueron tan apuradas, tan frías, tan débiles...
    María camina ahora hacia una persona entre los bancos de la parroquia y toma la cadena que brota de su corazón.
    ¡Oh, sí! Ésta sí que alcanza. La pobre alma logra asirse de ella y María comienza a rescatarla. El alma a ascendido unos pasos cuando la cadena ¡Se rompe! ¡Ay, Madre, se ha cortado! ¿Qué se hace ahora María?

    Mi amadísima Madre no se rinde. Se dirige ahora a una señora mayor que sigue la misa con devoción. Esta simple mujer diariamente reza el Santo Rosario en la Parroquia. También se preocupa de estar en estado de gracia, confesando asiduamente, ora por el Santo Padre y no tiene afecto alguno al pecado. A este último punto ella lo consigue a fuerza de gran lucha diaria con sus naturales inclinaciones, pidiendo continuamente la asistencia del Señor, quien la fortalece en la diaria Eucaristía.

    María toma, delicadamente, el Rosario que pende de su cuello y con él, como irrompible y eterna cadena ¡Rescata un alma!. ¡Santo Dios! ¡Jamás vi algo semejante!¡Qué gratitud infinita la del alma liberada!¡Que exquisita es ahora su belleza!
    - Explícame, Madre, por caridad.

    - Hija, lo que acabo de tomar del alma de esa buena mujer, sencilla, callada y muchas veces inadvertida es, sencillamente ¡Una indulgencia plenaria! ¡La indulgencia del Rosario!
    - Entonces, ¡Oh Madre!¡Mira esa alma allí!¡Rescátala con ese Rosario!
    - Ya no puedo hija, pues sólo se puede ganar una indulgencia plenaria por día...
    - Que pena, María, habrá que esperar, entonces, hasta mañana. Cuando ella vuelva a rezar el Rosario y recibir la Eucaristía ¿Verdad?

    - Si querida, pero no debería darte pena tener que esperar. Más bien debería darte pena que yo no tenga otro rosario, con las debidas condiciones, que me regalara una indulgencia plenaria.
    Allí, con profundo dolor por mis olvidos, me doy cuenta de que no tiene, mi corazón, el Rosario que necesita María... ¿Cuánto tiempo me hubiese llevado el rezarlo con devoción?¿Media hora, tal vez? ¡Oh alma mía! Te vas tras tantas preocupaciones vanas y descuidas las cosas eternas.

    - Mi querida, tan grande es la misericordia de Dios que no sólo con el rezo del Rosario un alma puede ganar indulgencias. Puedes ganarlas plenarias o parciales, es decir, puedes alcanzar la remisión total o parcial de las penas debidas por los pecados de un alma, la tuya o la de un difunto, mas no la de otra persona que aún camina en la tierra.

    - Dime, Madrecita dulce, de qué otras maneras puedo regalarte cadenas largas y fuertes para que tú, entre tus piadosas manos, las tornes santas y eternas.
    - Veamos ¿Recuerdas la enseñanza de Jesús? “El que busca encuentra”... Busca hija, tómate el trabajo de averiguar, habla con tu párroco. Hallarás lo que buscas si media de tu parte voluntad y esfuerzo.
    Se acerca la hora de la consagración. El coro de la parroquia canta ¡Santo, Santo, Santo!. Miro a esas pobres almas angustiadas en el fondo del valle. Sus miradas me dicen ¡Canta, hermana, canta fuerte!¡Canta por nosotras!¡Canta por todas las veces que no supimos hacerlo!
    Canto entre lágrimas... canto por ellas...

    Voy a recibir la Eucaristía. Vuelvo mis ojos al fondo del valle. ¡Qué miradas! ¡Cómo quisieran ellas estar, por un segundo, en mi sitio... a escasos metros del Santísimo!
    Pobres almas, tantas veces olvidadas por mi corazón.
    Si tan sólo pudiera, ahora, hacer algo por aliviar sus penas...
    - Puedes... puedes, hermana.. –Claman a mi corazón las benditas almas del Purgatorio- Al menos escribe de nuestra espera y nuestra angustia por no poder llegar aún a la presencia del Padre. Escribe acerca de cadenas que se cortan y de cadenas que liberan. Pide a María, Madre de Misericordia, que tus letras lleguen a las almas de los hermanos. Pide que ellos sientan compasión de nosotras y nos alivien con sus oraciones y limosnas en nuestro nombre. Quizás esas almas hagan por nosotras todo lo que querrían que hicieran por ellas cuando mueran.

    Así lo hice. Ya está escrito. Entre tus manos queda, Madre. Ahora rezaré el Rosario. Pido a Dios que los eslabones que broten de mi alma no defrauden las esperanzas de mi Reina y Señora.

    Fuente: autorescatolicos.org 

    DONDE ENTRA MARÍA


    Donde entra María
    Padre Tomás Rodríguez Carbajo


    Hay personas atrevidas que se meten en donde nadie les llama, las hay valientes que van a donde otros no se atreven, no faltan las tímidas que por miedo a molestar no llaman a ninguna puerta; pero las hay correctas que saben ser prudentes para no entremeterse, sin que esto las haga estar ausentes allí donde se las necesita.

    Una persona que saber estar siempre a punto, cuando la necesitamos, es María. Como madre siempre está pendiente de nosotros, que somos sus hijos, como poderosa está dispuesta siempre a socorremos, pues, por sus manos pasan todas las gracias, que su Hijo derrama sobre los hombres.

    Lo grande de María es que "no se le ha subido a la cabeza" su puesto de Madre del Mesías anunciado durante siglos, Ella se distingue por su sencillez, no llama la atención, sino libremente ocupa los puestos de servicio, por ejemplo, va a asistir a su prima Isabel, está pendiente dé el apuro en que  están metidos los novios de Caná para darles una solución rápida y cortés.

    María es la aurora que precede al sol radiante, Ella nos augura la presencia de Dios, no sabe prescindir de El, ya que su dignidad le viene de que es la Madre de Dios. No podemos separar a María de Cristo. Una auténtica condición de la devoción a María es que tiene que ser santa, es decir, que nos tiene  que ayudar a amar más a Cristo, pues, de lo contrario no nos serviría para nada el acercarnos a María, si no nos dejásemos guiar por Ella hacia Jesús. ¡Qué bien lo expresa aquella jaculatoria!:

    "Todo a Jesús por María
    Todo a María para Jesús."

    Cuando dejamos que anide en nuestro corazón el tierno amor a María, estamos seguros que Ella se  encargará de entregamos a su Hijo, porque viene siempre Jesús a donde entra María.

    ¿HACE CUÁNTO QUE NO LE CANTAS A MARÍA?

    Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net
    ¿Hace cuánto que no le cantas a María?
    Porque necesitamos la paz de su mirada, el calor de su compañía, la ternura de su afecto, la alegría de su sí al Padre.
     
    ¿Hace cuánto que no le cantas a María?
    Cantar a María es una manera íntima, humana, muy nuestra, de cantar a Dios. Es reconocer que la Redención ha sido completa en nuestra Madre. Es celebrar que Ella, en cierto modo, nos representa ante el Dios amante de la vida, redentor del hombre y de la historia.

    Cantar a María es mirar al mundo con ojos distintos. Porque la santidad divina purificó completamente una existencia humana. Porque el sí de la creatura fue genuino y alegre. Porque el Amor encontró en una joven de Nazaret su morada. Porque no faltó el vino en Caná y empezaron, para todo el mundo, las bodas del Cordero.

    Cantar a María es reconocer la grandeza de Dios. Porque mira al humilde, porque acoge al débil, porque rechaza al soberbio, porque salva al pecador arrepentido. Porque quiso ser Niño, porque quiso tener Madre humana, porque empezó a ser Hermano nuestro. Porque tuvo necesidad de alguien que sufriese, como Mujer, como Mediadora, al lado de la cruz.

    Cantar a María es aprender a ser como niños. Porque necesitamos la paz de su mirada, el calor de su compañía, la ternura de su afecto, la alegría de su sí al Padre. Porque queremos ser creyentes como Ella, porque necesitamos fiarnos de Dios, porque no nos resulta fácil caminar en las tinieblas, porque necesitamos ayuda para escuchar la voz del Espíritu.

    Cantar a María es parte de nuestro caminar cristiano. No hay Hijo del Hombre sin la Madre. Jesús la quiso, y, en Ella, nos quiso a todos. También a quien lucha contra el egoísmo, a quien siente difícil la pureza, a quien piensa que es imposible el amor al enemigo. También a quien se levanta, una y mil veces, tras la caída, para pedir perdón a Dios (un Dios presente a través del sacerdote que repite lo que diría el Hijo: te perdono).

    Cantar a María es decir, simplemente, desde el corazón, un gracias a Dios. Porque en su Madre nos ha amado con locura. Porque venció así nuestro pecado. Porque nos abrió el cielo, donde está Ella esperándonos. Porque nos quiere pequeños, débiles, pero seguros: no hay miedo junto a la Madre. Sólo hay esperanza, alegría y amor sincero.



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