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domingo, 7 de junio de 2026

EL PAN VIVO DEL CIELO-MEDITACIÓN DEL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 7 DE JUNIO DE 2026

 



 El pan vivo del cielo


La linda fiesta que celebramos hoy es una prueba del amor de Jesús para nosotros. Jesús entiende nuestra fragilidad, nuestra debilidad, nuestro miedo de quedarnos solos. Antes de su pasión y muerte, se reunió con sus discípulos para dejarles un tesoro, un regalo que les iba a servir como fuerza por toda su vida. Es el tesoro de la Eucaristía, de su Cuerpo y Sangre que hasta hoy es la fuente de nuestra fe.

 

Todos nosotros necesitamos comida buena para resistir las enfermedades. La comida que compartimos en familia y entre amigos sirve no solamente para fortificar el cuerpo, sino para animar el alma y el corazón. Una cena entre familia y amigos es un símbolo de alegría y de compartir. La persona que nos invita a su mesa nos invita también a su corazón.

 

Parece que Jesús entendió bien todo eso. En dejarnos la Eucaristía, la Santa Comunión, Él nos invita a su mesa, y a su corazón. Nos invita como familia, no como individuos. Reunimos en la misa como comunidad de fe y de esperanza. Es un tiempo de compartir. Venimos con nuestras ilusiones y nuestras penas. No tenemos que estar fuertes y perfectos. Solo tenemos que reunir con confianza y con humildad. Venimos no porque somos dignos. Venimos porque Jesús mismo nos busca y quiere que estemos en la mesa.  

 

Hoy la Iglesia nos invita a celebrar este gran misterio del Cuerpo y la Sangre de Cristo. No tenemos que entender ni cómo ni porqué. Solo tenemos que agradecer este regalo generoso de un Dios de bondad. En algunas Iglesias, tendrán procesiones por las calles. En otras, quedaran en adoración durante una Hora Santa. Es nuestra manera de demostrar nuestra gratitud por la presencia Eucarística de Jesús.  

 

Pero lo que es más importante es acercarnos al sacramento, recibiendo el Cuerpo y Sangre de Jesús. La Comunión es el cariño de Jesús hecho visible. La Comunión es la caricia que Jesús nos extiende. La Comunión es la consolación que Dios nos ofrece. La Comunión es la fuerza que Dios nos da para seguir adelante. La Comunión es el desafío que recibimos para convertirnos en una presencia de amor para los demás.

 

Cuando Jesús caminaba entre la gente, sus palabras tuvieron el poder de cambiar el corazón del pecador; de curar al enfermo; y de animar a los débiles. Ahora, tenemos el sacramento de su Cuerpo y Sangre para cambiarnos en su misma presencia. Acerquémonos con confianza. Es la caricia de Dios para nosotros.


Hna. Kathleen Maire OSF

HOMILÍA DEL PAPA LEÓN XIV EN LA MISA POR LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI 2026 EN ESPAÑA

 



 Homilía del Papa León XIV en la Misa por la Solemnidad del Corpus Christi en España

7 de junio de 2026



En el segundo día de su viaje apostólico a España, el Papa León XIV presidió una Misa por la Solemnidad de Corpus Christi en la plaza de Cibeles. Tras la comunión, se dio paso a una procesión con el Santísimo Sacramento por las calles de Madrid.


Aquí presentamos el texto completo de la homilía:

Estamos reunidos en torno a la Eucaristía, el don de la presencia viva de Cristo en medio de nosotros. Él, que quiso ofrecernos su vida para hacernos entrar en la comunión del Padre y convertirnos en hijos suyos, está aquí, como Pan vivo bajado del cielo, que nos alimenta con la misma vida de Dios, con un amor más fuerte que la muerte.


Esta memoria del Señor presente en el Pan eucarístico está en el corazón de vuestra fe y de la historia de vuestro pueblo. Aquí en Madrid, pero también en tantos otros lugares de España, el Corpus Christi no es una fiesta más del calendario litúrgico, sino un volver a las raíces de la fe para renovar el amor y la fidelidad a Dios.


Las solemnes procesiones de este día han plasmado durante siglos la piedad, el arte, la música, la arquitectura y la vida del pueblo español y, todavía hoy, expresan y manifiestan el sentimiento espiritual de este país también a través de la belleza y la elegancia de las alfombras florales, de los altares en las calles, del cuidado de las custodias y de los expositores, de los cantos y de los ornamentos.


No se trata de una manifestación exterior, de una supervivencia folclórica o de un simple adorno estético: aquí se trata de la fe en la presencia del Señor Resucitado, que está vivo y sigue pasando en medio de nosotros, que se hace pan para nuestra hambre de vida y visita los rincones de nuestro corazón y de nuestra historia, también los más oscuros.


Así, si en la Celebración eucarística Cristo se entrega como alimento, la procesión dice que Él no permanece encerrado en el templo, sino que sale a nuestro encuentro. Jesús camina por las calles, atraviesa las plazas, visita nuestros barrios, habita los lugares de nuestra vida cotidiana. Él es el Dios cercano que camina con su pueblo, el Señor de la historia, consuelo de los débiles, luz para las familias, esperanza para los enfermos, paz para quien sufre. El Cristo que pasa por las calles en la custodia es el mismo que se identifica con los pobres, los abatidos, los que están solos y desamparados. No es casual que aquí, en España, la Iglesia haya unido durante años la Solemnidad del Corpus Christi con el Día de la Caridad.


No se trata únicamente de sacar la custodia, sino de dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada, para responder a su invitación a la conversión, a cambiar la mirada, a acoger su presencia que nos transforma y nos hace constructores de un mundo nuevo.


Por eso, la memoria histórica de las procesiones del Corpus Christi no se deja aprisionar por un recuerdo nostálgico; se convierte, en cambio, en una invitación para el hoy, para nuestra vida personal, para nuestras relaciones, para la sociedad, para la construcción del futuro. En esta perspectiva debe comprenderse la invitación a “recordar” que hemos escuchado en la primera lectura:


«Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto»; acuérdate de cómo, cuando tenías hambre, te alimentó con el maná. Se trata de “recordar” precisamente para no olvidar quién es el Señor, para no caer en la tentación de confiar en otros ídolos y alimentarse de un pan que no sacia.


Por tanto, he aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy. Una escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano; una escuela que nos enseña la gratuidad del amor que se hace don, para que circule entre nosotros y rompa las cadenas de todo egoísmo; una escuela de la que aprendemos que Dios es presencia real y que también nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad, a no huir, a comprometernos personalmente en la construcción del bien común.


Hermanos y hermanas, deseo recordar aquí a San Manuel González, el “Obispo de los Sagrarios Abandonados”. Su vida nos recuerda que la Eucaristía no puede ser honrada sólo en las grandes celebraciones o de modo ocasional, sino también en la fidelidad silenciosa de quien acompaña al Señor con una amistad humilde y discreta que se alimenta día a día.


Quisiera recordar también los versos poéticos de San Juan de la Cruz: «Qué bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche» (Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe).


En la prisión conventual de Toledo, donde estaba encarcelado en condiciones durísimas, precisamente en torno al Corpus Christi de 1578, él reconoce desde la noche de aquella prisión la presencia escondida del Señor, de la que brota una luz que no conoce ocaso y mana una vida que no se agota. Jesús Eucaristía es “aquella eterna fuente que está escondida” fuente que corre y apaga la sed, pero sin deslumbrar, sin imponerse con poder exterior, sin presentarse de modo espectacular (cf. ibíd.).


Volvamos a Él con amor sincero. Abrámonos al encuentro con Él, dejemos que hidrate las sequedades de nuestro corazón, para salir después a los caminos de la vida y de la historia y llevar entre la gente esta corriente de agua fresca, corriente de amor, de paz, de justicia y de alegría.


Bebamos de nuevo de esta fuente eucarística, que no nos encierra en una devoción privada, sino que nos envía a regar a los hermanos, a las familias, a los pobres, a quienes sufren, a quienes han perdido la esperanza. La gracia eucarística nos transforma, pero también nos convierte en protagonistas de la transformación de la historia y en signo de esperanza para quienes encontramos.


Que el Señor Jesús presente en la Eucaristía os haga pan partido, entregado y ofrecido, para que una vida plena pueda brotar para vosotros, para vuestras familias y para vuestro país.

EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 7 DE JUNIO DE 2026-SOLEMNIDAD DE CORPUS CHRISTI



 Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo (A)

Domingo 7 de junio de 2026




1ª Lectura (Dt 8,2-3.14b-16a): Moisés habló al pueblo, diciendo: «Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no. Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo vive el hombre de pan sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. No te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres».



Salmo responsorial: 147

R/. Glorifica al Señor, Jerusalén.

Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.


Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina. Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz.


Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.

2ª Lectura (1Cor 10,16-17): El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.

Versículo antes del Evangelio (Jn 6,51): Aleluya. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma de este pan vivirá para siempre. Aleluya.

Texto del Evangelio (Jn 6,51-58): En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo».


Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre».




«Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida»

P. Esteban SALAZAR González

(Puerto Vallarta, México)



Hoy, la celebración del Corpus Christi nos da la oportunidad, por una parte, de valorar y agradecer el gran regalo que se nos ofrece en el Sacramento de la Eucaristía. En ella se realiza la promesa del Señor: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Presencia sacramental que se inicia en la Última Cena, cuando Jesús “parte y reparte” su Cuerpo y su Sangre, regalo que habría de continuarse gracias a que también en esa misma Cena les comparte el poder de seguir haciéndolo presente: «Haced esto en memoria mía» (Lc 22,19).


San Juan, en su Evangelio, nos dice que cada uno de los signos que Jesús realizaba era con la finalidad de despertar y fortalecer la fe en Él (cf. Jn 20,31). San Pablo, por su parte, subraya la gran importancia de la Resurrección: «Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe» (1Co 15,17). Pero esa fe tiene que ser alimentada, y la mejor manera de lograrlo es comiendo el Cuerpo mismo del Señor: «Mi carne es verdadera comida» (Jn 6,55). Por ello, esta festividad nos recuerda también la responsabilidad que tenemos, no sólo de estar bien preparados para recibirlo, sino también de “comerlo de verdad”.


En efecto, su Cuerpo nos dará vida en la medida en que lo asimilemos. Así como sucede con cualquier alimento que le demos a nuestro cuerpo —para que nos sea de utilidad— tiene que ser asimilado, así también el Cuerpo del Señor será fuente de fortaleza y vida tanto cuanto le permitamos ser parte de nosotros mismos. Por eso, según León XIV, «la participación en la liturgia no termina en el templo, sino que transforma la vida cotidiana».


Dicho de otra manera, nuestra Comunión con el Señor, la Sagrada Eucaristía, el Corpus Christi será realmente eficaz en nosotros tanto como nuestra vida sea verdadero signo para que los demás crean. El mismo Señor nos lo sugirió con estas palabras: «Que vuestra luz brille delante de los hombres, para que vean nuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5,16). 

domingo, 22 de junio de 2025

EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 22 DE JUNIO - SOLEMNIDAD DE CORPUS CHRISTI - CUERPO Y SANGRE DE CRISTO



Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo (C)

Domingo 22 de junio de 2025



1ª Lectura (Gén 14,18-20): En aquellos días, Melquisedec, rey de Salem, presentó pan y vino, pues era sacerdote del Dios altísimo, y bendijo a Abram, diciendo: «Bendito sea Abram de parte del Dios altísimo, creador de cielos y tierra; y bendito sea el Dios altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos». Y Abram le dio el diezmo de todo lo que había rescatado.



Salmo responsorial: 109

R/. Tú eres sacerdote para siempre.

Esto ha dicho el Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha; yo haré de tus enemigos el estrado donde pongas los pies».


Extenderá el Señor desde Sión tu cetro poderoso y tú dominarás al enemigo.


Es tuyo el señorío; el día en que naciste en los montes sagrados, te consagró el Señor antes del alba.


Juró el Señor y no ha de retractarse: «Tú eres sacerdote para siempre como Melquisedec».




2ª Lectura (1Cor 11,23-26): Hermanos: Yo recibí del Señor lo mismo que os he transmitido: Que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía». Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Haced esto en memoria mía siempre que bebáis de él». Por eso, cada vez que comáis de este pan y bebáis de este cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Versículo antes del Evangelio (Jn 6,51): Aleluya. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma de este pan vivirá para siempre. Aleluya.

Texto del Evangelio (Lc 9,11b-17): En aquel tiempo, Jesús les hablaba acerca del Reino de Dios, y curaba a los que tenían necesidad de ser curados. Pero el día había comenzado a declinar, y acercándose los Doce, le dijeron: «Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado». Él les dijo: «Dadles vosotros de comer». Pero ellos respondieron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente».


Pues había como cinco mil hombres. Él dijo a sus discípulos: «Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta». Hicieron acomodarse a todos. Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente. Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos.




«Dadles vosotros de comer»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench

(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)


Hoy es el día más grande para el corazón de un cristiano, porque la Iglesia, después de festejar el Jueves Santo la institución de la Eucaristía, busca ahora la exaltación de este augusto Sacramento, tratando de que todos lo adoremos ilimitadamente. «Quantum potes, tantum aude...», «atrévete todo lo que puedas»: ésta es la invitación que nos hace santo Tomás de Aquino en un maravilloso himno de alabanza a la Eucaristía. Y esta invitación resume admirablemente cuáles tienen que ser los sentimientos de nuestro corazón ante la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Todo lo que podamos hacer es poco para intentar corresponder a una entrega tan humilde, tan escondida, tan impresionante. El Creador de cielos y tierra se esconde en las especies sacramentales y se nos ofrece como alimento de nuestras almas. Es el pan de los ángeles y el alimento de los que estamos en camino. Y es un pan que se nos da en abundancia, como se distribuyó sin tasa el pan milagrosamente multiplicado por Jesús para evitar el desfallecimiento de los que le seguían: «Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos» (Lc 9,17).


Ante esa sobreabundancia de amor, debería ser imposible una respuesta remisa. Una mirada de fe, atenta y profunda, a este divino Sacramento, deja paso necesariamente a una oración agradecida y a un encendimiento del corazón. San Josemaría solía hacerse eco en su predicación de las palabras que un anciano y piadoso prelado dirigía a sus sacerdotes: «Tratádmelo bien».


Un rápido examen de conciencia nos ayudará a advertir qué debemos hacer para tratar con más delicadeza a Jesús Sacramentado: la limpieza de nuestra alma —siempre debe estar en gracia para recibirle—, la corrección en el modo de vestir —como señal exterior de amor y reverencia—, la frecuencia con la que nos acercamos a recibirlo, las veces que vamos a visitarlo en el Sagrario... Deberían ser incontables los detalles con el Señor en la Eucaristía. Luchemos por recibir y por tratar a Jesús Sacramentado con la pureza, humildad y devoción de su Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos.  

LOS CUERPO DE CRISTO - IMÁGENES


 







Los Cuerpos de Cristo 

FELIZ DOMINGO!!!! CORPUS CHRISTI

 





 

domingo, 19 de junio de 2022

PAPA FRANCISCO EN CORPUS CHRISTI: LA EUCARISTÍA ES VERDADERO ALIMENTO Y NOS SACIA



Papa Francisco en Corpus Christi: La Eucaristía es verdadero alimento y nos sacia

POR WALTER SÁNCHEZ SILVA | ACI Prensa

 Vatican Media



Antes del rezo del Ángelus este domingo en el Vaticano, el Papa Francisco recordó que hoy en Italia y en muchos países se celebra la Solemnidad del Corpus Christi, del Cuerpo y la Sangre de Cristo, y dijo que la Eucaristía es verdadero alimento que no solo nutre, sino que sacia el hambre de todo ser humano.

Meditando en el Evangelio de este domingo que narra el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, el Santo Padre explicó a los miles de fieles presentes que “quien recibe con fe el Cuerpo y la Sangre de Cristo no solo come, sino que es saciado. Comer y ser saciados: se trata de necesidades fundamentales que en la Eucaristía son respondidas”.

“Mientras come, la multitud se da cuenta de Jesús cuida todo. Este es el Señor presente en la Eucaristía: nos llama a ser ciudadanos del Cielo, pero tiene en cuenta el camino que debemos afrontar aquí en la tierra. Si tengo poco pan en la bolsa, Él lo sabe y se preocupa”, precisó el Papa Francisco.

Tras señalar que los católicos no deben “confinar la Eucaristía en una dimensión vaga o lejana”, el Santo Padre dijo que “nuestra adoración eucarística se hace concreta cuando cuidamos al prójimo, como lo hace Jesús”.

Esto, resaltó el Papa Francisco, “porque a nuestro alrededor hay hambre de alimento pero también de compañía, hay hambre de consuelo, de amistad, de buen humor, de atención, hay hambre de ser evangelizados”.

El Santo Padre resaltó luego que “además de la necesidad del alimento, también es necesario ser saciados, de saber que la nutrición se nos da por amor”.

El Señor “no solo nos da su ayuda sino que se da a sí mismo: se hace nuestro compañero de viaje, entra en nuestras circunstancias, visita nuestras soledades, dándonos sentido y entusiasmo”.

“Todo esto nos da eso ‘de más’ que todos buscamos: es decir la presencia del Señor”.

El Papa Francisco destacó de Jesús que “al calor de su presencia nuestra vida cambia: sin Él sería realmente gris”.

Para concluir, el Santo Padre hizo votos para que “la Virgen María nos enseñe a adorar a Jesús vivo en la Eucaristía, a compartirlo con nuestros hermanos y hermanas”.


IMÁGENES DE CORPUS CHRISTI
















 

domingo, 14 de junio de 2020

CORPUS CHRISTI 2020 - PAPA FRANCISCO


Corpus Christi 2020: El Papa afirma que “no podemos prescindir de la Eucaristía”
Redacción ACI Prensa



El Papa Francisco afirmó este domingo 14 de junio, durante la Misa por la Solemnidad del Corpus Christi, que “no podemos prescindir de la Eucaristía, es el memorial de Dios”.

El Papa, en su homilía pronunciada durante la Misa celebrada en la Basílica de San Pedro del Vaticano, señaló que “el Señor sabe que el mal y los pecados no son nuestra identidad; son enfermedades, infecciones. Y viene a curarlas con la Eucaristía, que contiene los anticuerpos para nuestra memoria enferma de negatividad”.

Advirtió del peligro de olvidarse de la acción salvadora de Dios en la humanidad. Explicó que “memoria no es algo privado, sino el camino que nos une a Dios y a los demás. Por eso, en la Biblia el recuerdo del Señor se transmite de generación en generación, hay que contarlo de padres a hijos”.


De hecho, “la Sagrada Escritura se nos dio para evitar que nos olvidemos de Dios”. Pero hay un problema, apuntó el Pontífice: “¿Qué pasa si la cadena de transmisión de los recuerdos se interrumpe? Y luego, ¿cómo se puede recordar aquello que sólo se ha oído decir, sin haberlo experimentado? Dios sabe lo difícil que es, sabe lo frágil que es nuestra memoria, y por eso hizo algo inaudito por nosotros: nos dejó un memorial”.

Por eso, “no nos dejó sólo palabras, porque es fácil olvidar lo que se escucha. No nos dejó sólo la Escritura, porque es fácil olvidar lo que se lee. No nos dejó sólo símbolos, porque también se puede olvidar lo que se ve”.

“Nos dio, en cambio, un Alimento, pues es difícil olvidar un sabor. Nos dejó un Pan en el que está Él, vivo y verdadero, con todo el sabor de su amor. Cuando lo recibimos podemos decir: ¡Es el Señor, se acuerda de mí!”.

Ese es el sentido de las palabras de Jesús en la Última Cena: “Haced esto en memoria mía”. “Haced: la Eucaristía no es un simple recuerdo, sino un hecho; es la Pascua del Señor que se renueva por nosotros”.

“La Eucaristía nos trae el amor fiel del Padre, que cura nuestra orfandad. Nos da el amor de Jesús, que transformó una tumba de punto de llegada en punto de partida, y que de la misma manera puede cambiar nuestras vidas. Nos comunica el amor del Espíritu Santo, que consuela, porque nunca deja solo a nadie, y cura las heridas”.


Con la Eucaristía “el Señor también sana nuestra memoria negativa, que siempre hace aflorar las cosas que están mal y nos deja con la triste idea de que no servimos para nada, que sólo cometemos errores, que estamos equivocados”.

“Jesús viene a decirnos que no es así. Él está feliz de tener intimidad con nosotros y cada vez que lo recibimos nos recuerda que somos valiosos: somos los invitados que Él espera a su banquete, los comensales que ansía”.

El Papa Francisco finalizó su homilía invitando a seguir celebrando “el Memorial que sana nuestra memoria, la Misa. Es el tesoro al que hay dar prioridad en la Iglesia y en la vida”.

HOY CELEBRAMOS LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI


Hoy celebramos la Solemnidad del Corpus Christi
Redacción ACI Prensa





Un milagro eucarístico del siglo XIII fue el origen de la Fiesta del Corpus Christi, que la Iglesia celebra el jueves siguiente a la Solemnidad de la Santísima Trinidad; aunque en algunos países las Iglesias locales deciden trasladarla para el domingo por una cuestión pastoral.

En esta solemnidad la Iglesia tributa a la Eucaristía un culto público y solemne de adoración, gratitud y amor, siendo la procesión del Corpus Christi una de las más importantes en toda la Iglesia Universal.


A mediados del siglo XIII el P. Pedro de Praga dudaba sobre la presencia de Cristo en la Eucaristía y realizó una peregrinación a Roma para rogar sobre la tumba de San Pedro una gracia de fe. Al retornar, mientras celebraba la Santa Misa en Bolsena, en la Cripta de Santa Cristina, la Sagrada Hostia sangró manchando el corporal.

La noticia llegó rápidamente al Papa Urbano IV, que se encontraba muy cerca en Orvieto, y mandó que se le lleve el corporal. Más adelante el Pontífice publicó la bula “Transiturus”, con la que ordenó que se celebrara la Solemnidad del Corpus Christi en toda la Iglesia el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad.

El Santo Padre encomendó a Santo Tomás de Aquino la preparación de un oficio litúrgico para la fiesta y la composición de himnos, que se entonan hasta el día de hoy: Tantum Ergo, Lauda Sion.

El Papa Clemente V en el Concilio general de Viena (1311) ordenó una vez más esta fiesta y publicó un nuevo decreto en el que incorporó el de Urbano IV. Posteriormente Juan XII instó su observancia.




Historia de la Solemnidad del Corpus Christi


A fines del siglo XIII surgió en Lieja, Bélgica, un Movimiento Eucarístico cuyo centro fue la Abadía de Cornillón fundada en 1124 por el Obispo Albero de Lieja. Este movimiento dio origen a varias costumbres eucarísticas, como por ejemplo la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de las campanillas durante la elevación en la Misa y la fiesta del Corpus Christi.

Santa Juliana de Mont Cornillón, por aquellos años priora de la Abadía, fue la enviada de Dios para propiciar esta Fiesta. La santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica en 1193. Quedó huérfana muy pequeña y fue educada por las monjas Agustinas en Mont Cornillon. Cuando creció, hizo su profesión religiosa y más tarde fue superiora de su comunidad. Murió el 5 de abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y fue enterrada en Villiers.

Desde joven, Santa Juliana tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre anhelaba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se dice haber intensificado por una visión que tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad.

Juliana comunicó estas apariciones a Mons. Roberto de Thorete, el entonces obispo de Lieja, también al docto Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos y a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Lieja, más tarde Papa Urbano IV.

El obispo Roberto se impresionó favorablemente y, como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante; al mismo tiempo el Papa ordenó, que un monje de nombre Juan escribiera el oficio para esa ocasión. El decreto está preservado en Binterim (Denkwürdigkeiten, V.I. 276), junto con algunas partes del oficio.

Mons. Roberto no vivió para ver la realización de su orden, ya que murió el 16 de octubre de 1246, pero la fiesta se celebró por primera vez al año siguiente el jueves posterior a la fiesta de la Santísima Trinidad. Más tarde un obispo alemán conoció la costumbre y la extendió por toda la actual Alemania.

El Papa Urbano IV, por aquél entonces, tenía la corte en Orvieto, un poco al norte de Roma. Muy cerca de esta localidad se encuentra Bolsena, donde en 1263 o 1264 se produjo el Milagro de Bolsena: un sacerdote que celebraba la Santa Misa tuvo dudas de que la Consagración fuera algo real. Al momento de partir la Sagrada Forma, vio salir de ella sangre de la que se fue empapando en seguida el corporal. La venerada reliquia fue llevada en procesión a Orvieto el 19 junio de 1264. Hoy se conservan los corporales -donde se apoya el cáliz y la patena durante la Misa- en Orvieto, y también se puede ver la piedra del altar en Bolsena, manchada de sangre.

El Santo Padre movido por el prodigio, y a petición de varios obispos, hace que se extienda la fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia por medio de la bula "Transiturus" del 8 septiembre del mismo año, fijándola para el jueves después de la octava de Pentecostés y otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la Santa Misa y al oficio.

Luego, según algunos biógrafos, el Papa Urbano IV encargó un oficio -la liturgia de las horas- a San Buenaventura y a Santo Tomás de Aquino; cuando el Pontífice comenzó a leer en voz alta el oficio hecho por Santo Tomás, San Buenaventura fue rompiendo el suyo en pedazos.

La muerte del Papa Urbano IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. Pero el Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y, en el concilio general de Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta. En 1317 se promulga una recopilación de leyes -por Juan XXII- y así se extiende la fiesta a toda la Iglesia.

Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV, y se hicieron bastante comunes a partir del siglo XIV.

La fiesta fue aceptada en Cologne en 1306; en Worms la adoptaron en 1315; en Strasburg en 1316. En Inglaterra fue introducida de Bélgica entre 1320 y 1325. En los Estados Unidos y en otros países la solemnidad se celebra el domingo después del domingo de la Santísima Trinidad.

En la Iglesia griega la fiesta de Corpus Christi es conocida en los calendarios de los sirios, armenios, coptos, melquitas y los rutinios de Galicia, Calabria y Sicilia.

Finalmente, el Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad; y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

jueves, 11 de junio de 2020

CORPUS CHRISTI: PAPA FRANCISCO VUELVAN AL SEÑOR EN LA ADORACIÓN Y EN LA MISA


Corpus Christi: Papa Francisco vuelvan al Señor en la Adoración y en la Misa
POR MERCEDES DE LA TORRE | ACI Prensa
 Foto: Vatican Media



“Apenas sea posible, vuelvan a la Adoración y a la comunión del Cuerpo del Señor en la Misa”, fue la recomendación del Papa Francisco este miércoles 10 de junio durante su audiencia general de esta semana llevada a cabo en la biblioteca del palacio apostólico vaticano.

Tras impartir su catequesis sobre la oración de Jacob, el Santo Padre recordó la solemnidad del Corpus Christi, que este año se celebra el jueves 11 de junio, y en algunos países por motivos pastorales el domingo 14 de junio, y sugirió diversas recomendaciones a los católicos.

Durante su saludo a los fieles de lengua portuguesa, el Papa invitó a “mirar con confianza su futuro en Dios, llevando el fuego de su amor en el mundo”.


En esta línea, el Santo Padre animó -considerando que en muchos países del mundo todavía no es posible asistir a la Celebración Eucarística en las iglesias debido al Covid-19- a que “apenas sea posible, regresen a la Adoración y a la comunión del Cuerpo del Señor en la Misa de precepto”.

“Es la gracia de la Pascua que fructifica en la Eucaristía y que hace fecunda nuestra vida. ¡Dios los bendiga!”, dijo el Papa a los fieles de lengua portuguesa.

Además, el Santo Padre señaló a los italianos que “mañana es la Solemnidad de Corpus Domini, Cuerpo y Sangre de Cristo” y agregó que “este año no es posible celebrar la Eucaristía con manifestaciones públicas, sin embargo, podemos realizar una ‘vida eucarística’”.

“La hostia consagrada contiene la persona de Cristo: estamos llamados a buscarla delante al Sagrario en la iglesia, pero también en aquel sagrario que son los últimos, los que sufren, las personas solas y pobres”, indicó el Papa quien exhortó también a “encontrar en la Eucaristía las energías necesarias para vivir con fuerza cristiana los momentos difíciles”.

Por último, el Pontífice subrayó a los fieles polacos que el mes de junio, dedicado al Sagrado Corazón de Jesús es “particularmente sentido entre ellos” por lo que recomendó confiar “las inquietudes de nuestros corazones” al “Corazón Divino, lleno de paz y de amor”.

LECTURAS BÍBLICAS DE HOY JUEVES 11 DE JUNIO DE 2020 - SOLEMNIDAD DE CORPUS CHRISTI


Décima semana del Tiempo Ordinario
Jueves 11 de Junio de 2020

Lecturas del día y comentario Hoy es: 
San Bernabé (11 de Junio)
“ Vete primero a reconciliarte con tu hermano ”



Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 
11, 21b-26; 13, 1-3

Llegó la noticia a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró y exhortaba a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño, porque era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una multitud considerable se adhirió al Señor. Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo; cuando lo encontró, se lo llevó a Antioquía. Durante todo un año estuvieron juntos en aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez los discípulos fueron llamados cristianos.
En la Iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simeón, llamado Níger; Lucio, el de Cirene; Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes, y Saulo. Un día que estaban celebrando el culto al Señor y ayunaban, dijo el Espíritu Santo: «Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado». Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los enviaron.


Salmo
Sal 97, 1-6 R/. El Señor revela a las naciones su justicia

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R/.


Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 20-26


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás”, y el que mate será reo de juicio.
Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.
Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo».




Reflexión del Evangelio de hoy

Gratis lo recibisteis, dadlo gratis.
Hoy celebramos la fiesta de San Bernabé, hombre bondadoso, lleno del Espíritu Santo y de mucha fe. Así nos lo presenta el libro de los Hechos de los Apóstoles. Bernabé no hizo parte del grupo inicial de los seguidores de Jesús, los Doce, pero se destacó por su fe y su dinamismo evangelizador, al punto que se nos dice que por su predicación “una considerable multitud se unió al Señor” (Hch 11,24).

Y los anima a “permanecer fieles al Señor con un corazón firme”
La primera lectura de hoy nos presenta el dinamismo de la Iglesia naciente. Y en ella la presencia y dinámica de fe de Bernabé, cuya presentación es breve y, al mismo tiempo, incisiva en elementos que nos revelan quien fue este hombre: enviado por la Iglesia de Jerusalén (judíos seguidores de Jesús) a Antioquia (ciudad constituida por una gran variedad de pueblos, aunque predominantemente era una ciudad griega); participa del discernimiento: ¿A quién se debe anunciar el Evangelio? ¿Sólo a los hijos de Israel?  ¿A todos?

Pero no se limita a esto, sino que sabiendo que Saulo está en Tarso (quien había perseguido a los cristianos anteriormente), lo fue a buscar y, encontrándolo, lo lleva para Antioquia, lugar donde ambos viven como miembros de la Iglesia y continúan anunciando el Evangelio. Y será esta Iglesia de Antioquia quien percibe que el Señor llama a todos ellos – a la comunidad, a Bernabé y a Saulo –  a salir de su lugar de seguridad y conforto para anunciar el Evangelio a todos. Se inicia así la gran Evangelización a todos los pueblos…

¡Y todo cambia!
Jesús tiene una actitud de ruptura y continuidad ante la Ley de Moisés. Rompe con la interpretación al pie de la letra y reafirma el objetivo último de la Ley: el Amor es la mayor expresión de la justicia. De esta forma, Jesús nos invita a ir más allá de una cuestión ética. Lo importante no es leer leyes escritas en tablas de piedra, sino descubrir y comprometerse con las exigencias del amor en la vida cotidiana de las personas. Está llegando el reino de Dios… ¡y todo cambia!

De diversas maneras Jesús nos insiste en que, cuando experimentamos el amor del Padre, no podemos vivir encerrados en nosotros mismos. El amor va más allá de las fórmulas y recetas… nos exige creatividad, imaginación, valentía… Sí, valentía para superar los moldes de una justicia humana que sólo busca sentirse recompensada. Valentía para “dejar mi ofrenda y volver para reconciliarte con mi hermano”. Una creatividad que me lleva a dialogar y buscar otras posibilidades mientras voy de camino con quien me lleva al tribunal… Toda ofensa exige reparación, acercarme, buscar la relación, sanar heridas.

El evangelio de hoy resalta que hacer el bien a las personas, respetarlas, hace parte de la propia dinámica del reino de Dios. La acogida y ofrecer nuevas oportunidades es propio del corazón de Dios y de todas las personas que, experimentando el amor del Padre, lo acogen y se suman a su proyecto.

Las dificultades, los conflictos, los intereses particulares o de grupitos, la sed de una justicia reivindicativa de egos y reconocimientos… hacen parte de la vida. Jesús, el Maestro, nos enseña a vivir desde la libertad que brota del Amor a Dios. Así lo experimentó Bernabé, quien, yendo más allá de “las etiquetas”, fue a buscar al “perseguidor de cristianos” para vivir y anunciar el Evangelio. Un testimonio que nos lanza a ser creativos, audaces y misioneros. Así lo expresa José María Rodríguez Olaizola, sj en su poema “Apóstol”

Vamos, amigo,
no te calles ni te achantes,
que has de brillar
como fuego nocturno,
como faro
en la tormenta,
con luz
que nace en la hoguera de Dios.

Vamos amigo,
no te rindas ni te pares,
que hay quien espera,
anhelante, que compartas
lo que Otro te ha regalado.

¿Aún no has descubierto
que eres rico para darte a manos llenas?
¿Aún no has caído en la cuenta
de la semilla que, en ti,
crece pujante
fértil, poderosa,
y dará frutos de vida y

Vamos, amigo.
Ama a todos
con amor único y diferente,
déjate en el anuncio
la voz y las fuerzas,
ríe
con la risa contagiosa
de las personas felices,
llora las lágrimas
valientes del que afronta la intemperie
hasta el último día,
hasta la última gota,
hasta el último verso.
En nombre de Aquel
que pasó por el mundo
amando primero. 


Hna. Ana Belén Verísimo García OP
Dominica de la Anunciata
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