lunes, 26 de enero de 2015

¿POR QUÉ SE APARECE LA VIRGEN?



¿Por qué se aparece la Virgen?
Verdaderas y falsas apariciones marianas

Alguna vez María se comunica de manera particular con algunas personas, sólo con el fin de que nosotros lleguemos a conocer, amar y seguir a Jesús.


Por: Joan Antoni Mateo García | Fuente: Catholic.net



¿Cómo te sentirías si te llegara un e–mail del cielo donde te avisaran que Dios mismo iría a cenar a tu casa esta tarde?

A María le sucedió algo más grande. No se trataba de una cena, ni de una visita, sino de ser la Madre de Dios. No se trataba de tenerlo como invitado por unas horas, sino como hijo por muchos años. Compartió sus penas y alegrías, éxitos y persecuciones. Experimentó, como ninguna madre, la congoja de ver la muerte de su Hijo amado. Fue la primera en atestiguar su Resurrección. Desde entonces, su amor hacia su Hijo la llevó a ser la primera de los apóstoles.

Como se ve, María ha servido a Dios como puente para caminar entre nosotros en la persona de Jesús: ha sido el único instrumento posible del que podía valerse, pues ella era la única creatura sin pecado, la única estación por donde Dios podría comunicarse.

Por lo mismo María es la primera interesada en que todos conozcan a su Hijo, ella ahora quiere ser otra vez un camino pero en sentido contrario, de los hombres a Dios, pues en la Cruz, Cristo la nombró Madre de todos nosotros.

María sin Dios no hubiera sido nada, una chica buena, silenciosa y servicial de una aldea periférica del Imperio Romano; pero su fe arriesgada en la sola palabra de Dios, su vida de peregrina tras las huellas de su Hijo, sus virtudes heroicas para ser fiel al compromiso tomado un día con Dios hacen de Ella una luz radiante, un ejemplo verdadero para nosotros cristianos. No es objeto de adoración, que en sí se debe sólo a Dios, sino de especial veneración y de cariño por ser la mamá de Jesús y también de todos.

Desde la muerte y resurrección de su Hijo es la primera que anuncia y testimonia de Jesús, la más interesada que nosotros lleguemos a conocer, amar y seguir a Jesús. De allí que alguna vez María se comunique de manera particular con algunas personas siempre y sólo con el fin de elevar la mirada de todos hacia Cristo.

De ahí, que cuando la Virgen se aparece en algún lugar, se produce invariablemente un mismo milagro, y es que al lugar acude un numeroso grupo de gente que automáticamente empieza a rezar el Santo Rosario. Allí reza todo el mundo, los que habitualmente lo hacen y sobre todo, los que nunca rezan.

Si las apariciones de María consiguen hacer rezar a la gente que normalmente no lo hace... ¿No es esto un milagro?, ¿no eleva los corazones de todos hacia Cristo?, ¿no nos da a gustar un poco del cielo?


Así pasó en 1534 en Guadalupe (México), a través de Juan Diego, en Lourdes (Francia), en 1858 con Bernardette Soubirous, en 1917 en Fátima (Portugal), a través de tres niños: Francisco, Jacinta y Lucía.


Hay que evitar como nocivo para la fe cuando se presentan manifestaciones de vana credulidad, sentimentalismo, milagrería, práctica exterior sin fe o sin compromisos morales y cuando se disocia a María de la Iglesia y de los sacramentos, ya que es indicio de veracidad cuando el contenido de un mensaje de María está de acuerdo con el Evangelio, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

María como buena Madre espera que todos sus hijos amen a Cristo y hoy, como en las bodas de Caná, nos vuelve a decir: “haced lo que Él os diga”; ésta es la misión que sigue desarrollando entre todos los hombres.

Es el modelo de creatura perfecta de esta sociedad y de la de todos los tiempos, ella nos enseña cómo se puede amar Dios, cómo su gracia obra maravillas en las almas que se le prestan; además María, como Madre de toda la Iglesia, intercede y vela por sus hijos.

El papel actual de la Virgen es el mismo que ha desempeñado desde hace 2000 años: que todas las almas conozcan el amor de Dios y le correspondan.




Si tienes alguna consulta utiliza este enlace para escribirle a Dr. Joan Antoni Mateo García. Sacerdote del obispado de Urgell, en España. Especialista en Cristología y Mariología. Miembro de la Universidad Balmesiana Santo Tomás.

 

sábado, 24 de enero de 2015

LA VIRGEN MARÍA, AUXILIO DE LOS CRISTIANOS


Unidos a María



Cuando se acerque el momento de mi muerte, cuando las tinieblas bajen sobre mis ojos, cuando todo el Infierno se prepare para darme su último combate y tratar así de perderme para siempre; te suplico, Madre, que vengas en mi auxilio. Porque en ese momento estaré muy confundido y temeroso, mis pecados volverán a mi memoria y tal vez me hagan perder la confianza en la Misericordia divina. Por eso Madre querida te suplico que vengas presurosa en mi socorro y me defiendas de todo temor y angustia. Y ya desde ahora te invoco para ese momento supremo en que se decidirá mi suerte eterna: Cielo o Infierno.

Madre amada, te espero para dicho momento y sé que no me fallarás.



(Pequeñas Semillitas)

EL AMOR DE LA VIRGEN MARÍA LLENA NUESTRO CORAZÓN


El amor de María llena nuestro corazón
Si uno de veras cree en este amor que le tiene María Santísima como madre ¿podrá sentirse desgraciado? ¿Podrá sentirse desesperado?
Por: P Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net




Dios es amor.

María Santísima es también amor.

Podríamos decir que María es el lado misericordioso y tierno del amor de Dios.
"Tú sola, Virgen María, le curas a Dios de todas las heridas que le hacemos los hombres. Por ti sola valió la pena la redención, aunque, afortunadamente, hay otras y otros que se han tomado en serio la redención".

Este amor tuyo que, por un lado, sube hasta Dios y, por lo tanto, tiene toda la gratitud de una creatura, toda la profundidad de una madre, toda la pureza de una virgen; por otro lado, se dirige a nosotros, hacia la tierra, hacia tus hijos.

Cómo me impresionó -y aparte al principio no lo creí- leer aquellas palabras de San Alfonso María de Ligorio: "Si juntáramos el amor de todos los hijos a sus madres, el de todas las madres a sus hijos, el de todas las mujeres a sus maridos, el de los santos y los ángeles a sus protegidos: todo ese amor no igualaría al amor que María tiene a una sola de nuestras almas". Primero, no lo creí porque era demasiado grande para ser cierto. Hoy, lo creo, y posiblemente estas palabras de San Alfonso se quedaron cortas.

Yo me pregunto: si uno de veras cree en este amor que le tiene María Santísima como madre ¿podrá sentirse desgraciado? ¿Podrá sentirse desesperado? ¿Podrá vivir una vida sin alegría, sin fuerza, sin motivación? ¿Podrá alguna vez, en su apostolado, llegar a decir "no puedo, me doy"? ¿Podrá algún día decir : "renuncio al sacerdocio y lo dejo"? Si Cristo, por nosotros, dio su sangre, su vida, ¿qué no dará la Santísima Virgen por salvarnos? Ella ha muerto crucificada, espiritualmente, por nosotros. A Cristo le atravesaron manos y pies por nosotros; a ella una espada le atravesó el alma, por nosotros. Si Él dijo: "He ahí a tus hijos" ¿cómo obedece la Santísima Virgen a Dios? Entonces, cuánto nos tiene que amar. Y si somos los predilectos de su hijo: "vosotros sois mis amigos", somos también los predilectos de Ella.

El amor de María llena nuestro corazón, debe llenarlo. El amor de una esposa no es el único que puede llenar el corazón de un hombre como yo. El amor de María Santísima es muchísimo más fuerte, rico, tierno, confortante, que el de todas las esposas de la tierra. El amor de mi madre celestial llena, totalmente, mi corazón. Una mirada, una sonrisa de María Santísima, me ofrecen más que todo lo que pueden darme todas la mujeres de la tierra juntas.

¿Cuál debe ser mi respuesta a tan grande y tierno amor?

Como San Juan Pablo II debemos decir cada uno de nosotros, también, "totus tuus": todo tuyo y para siempre. Aquella expresión que el Papa nos decía: "Luchando como María y muy juntos a María", que le repitan siempre: "totus tuus".

¿Por qué no llevarme a todas partes a la Santísima Virgen? En el pensamiento, en el corazón, y también, en una imagen, en un cuadro: su presencia es benéfica. Yo tengo en mi despacho y en mi cuarto una imagen de la Santísima Virgen. Con mucha frecuencia la miro, con mucha frecuencia le hablo y, también, la escucho. Siento su presencia y su amor a través de esa imagen.

viernes, 23 de enero de 2015

IMÁGENES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS



EL TRABAJO DEL PAPA FRANCISCO


El trabajo de Francisco



Al Papa Francisco le gusta madrugar. En Buenos Aires se levantaba a las cuatro y media de la mañana, y dedicaba largos ratos a rezar y estudiar antes de celebrar la misa. Ahora, como Papa, tiene que descansar un poco más.

Se levanta en torno a las cinco, reza en privado y celebra cada día la misa de las siete de la mañana en la capilla de la Casa Santa Marta. Suelen concelebrar algunos sacerdotes y asisten los empleados de la Casa, aparte de grupos de invitados: los barrenderos del Vaticano, los jardineros, las telefonistas, los periodistas y los fotógrafos de «L’Osservatore Romano».

Al terminar la misa, el Papa se sienta entre los fieles en los bancos del fondo de la capilla para hacer un rato de acción de gracias en silencio por haber recibido la comunión. A los diez minutos sale de la capilla y espera en la puerta para saludar a cada uno de los asistentes. Así empieza su día.

A continuación baja a desayunar al comedor de la casa-residencia en la que vive y hace sus comidas, muy contento de vivir con medio centenar largo de personas –sacerdotes y obispos- que trabajan en el Vaticano. Lo considera mucho más vivificante que estar aislado en lo alto del Apartamento pontificio.

Uno de los primeros días de trabajo, el Papa llegó a las oficinas de la secretaria de Estado poco después de las ocho de la mañana. No había ningún monseñor ni ningún oficial. Tan sólo un bedel. Y estaban todas las luces encendidas. El Papa pregunto por qué estaban encendidas, y el bedel le contesto que «siempre se ha hecho así».

Francisco respondió que «con el dinero que se gasta de modo inútil se podría pagar el sueldo de un sacerdote», y fue apagando personalmente las luces innecesarias. El suceso circuló por la Curia vaticana como la pólvora, y ahora la gente empieza a darse cuentan de los derroches innecesarios, y a evitarlos.

Como el Papa no quiere trasladarse por ahora al Apartamento pontificio, situado en el tercer piso del Palacio Apostólico, su jornada de trabajo empieza a eso de las ocho y media en su apartamento de la Casa Santa Marta, donde recibe cada día a jefes de los departamentos vaticanos y altos responsables de la secretaria de Estado.

Para recibir visitas, en cambio, se desplaza a la biblioteca privada del Papa, en el segundo piso del Palacio Apostólico. Es el lugar habitual, donde celebraban las audiencias todos sus predecesores. Francisco sube al tercer piso, al estudio privado del Papa para rezar el Ángelus de los domingos desde la ventana habitual.

El gobierno de la Iglesia universal no se lleva a cabo en reuniones colectivas, sino en encuentros personales del jefe de cada Congregación o de cada Pontificio Consejo con el Papa. Francisco les dedica la primera mitad de la mañana, dejando para la segunda mitad las audiencias a visitantes.

El Papa tiene la sensación de que el horario del Vaticano va con mucho retraso pues en Buenos Aires comenzaba a recibir gente a las siete de la mañana.

En Roma sigue comiendo temprano y de modo frugal. Está con un poco de sobrepeso por la falta de ejercicio. Normalmente se reposa una media hora o cuarenta minutos después del almuerzo y reanuda después el trabajo que, en estos días, realiza a destajo.

Cuando por fin llegue la calma quizá asuma la costumbre de Benedicto XVI de rezar el Rosario paseando ante la gruta de la Virgen de Lourdes, en la parte alta de los jardines Vaticanos, a primera hora de la tarde. Es un lugar tranquilo y reparador.

La diferencia con Buenos Aires es que allí dedicaba la tarde a visitar parroquias o personas, mientras que ahora tiene que dedicarla a preparar homilías, y a nuevas reuniones de trabajo con sus colaboradores.

Los Papas trabajan los domingos en que, aparte del Ángelus, suele haber otras ceremonias, y dedican los lunes a recibir visitas. Su «día libre» es el martes. Cada vez que podía, Juan Pablo II se escapaba a esquiar o al menos a caminar por la montaña en las cercanías de Roma para oxigenarse un poco. Benedicto XVI, en cambio, prefería la tranquilidad doméstica: estudiar y escribir trozos del «Jesús de Nazaret».

Hasta ahora el Papa Francisco no ha tenido tiempo ni de respirar [...] Hasta ahora no se conoce su horario definitivo de trabajo pero, conociéndole, será más bien «tempranero». En contrapartida, le gusta cenar también temprano y retirarse a descansar cuando se pone el sol. La Curia vaticana tendrá que acostumbrarse a madrugar.


Juan Vicente Boo / Abc

LA ALEGRÍA



LA ALEGRÍA


La alegría afirma la vida, ilumina tu alma, convierte tus ojos en faros.

La alegría mantiene vivo el niño que llevas adentro.

La alegría te ayuda a ver la vida como un juego, diluye la espesura del drama. Vuelve nuestra vida más ligera. Hace que la desesperación sea menos desesperante, que el dolor duela menos y que el placer sea más placentero.

La alegría lima asperezas, nos hermana, nos reúne, nos anima a compartir.

La alegría te da paz.

La alegría nos predispone al amor, a la pasión, a la aventura.

La alegría baja las defensas inútiles y mejora el sistema inmune, y lo mejor: es gratis.

La puedes encontrar en un beso, en un bebé, en la música.
La alegría es eso que dejas pasar buscando eso que se supone que te dará alegría.

La alegría es el único virus bueno y muy contagioso. Si lo dejan, claro!.

La alegría es una fe profunda en el futuro.

La alegría es una puerta abierta a nuestro verdadero ser.

MARÍA ES LA MADRE DE JESÚS, QUE ES DIOS


Unidos a María



María es la Madre de Jesús, que es Dios; y Jesús está presente realmente en la Eucaristía, por eso María es Madre de la Eucaristía, pues es el mismo cuerpo de Jesús, es el mismo Jesús el que está en el Santísimo Sacramento. Y cuando vamos a comulgar, debemos imaginarnos que es la misma Santísima Virgen la que nos ofrece a su Hijo Jesús recién nacido para que lo comamos y tengamos vida eterna. Con María de la mano y con la recepción frecuente de la Eucaristía, somos fortísimos contra las maldades del Infierno, pues la Comunión frecuente y la devoción a la Virgen son dos armas seguras para vencer en este combate que tenemos que librar sobre la tierra.


(Pequeñas Semillitas)

¿QUÉ ES UN ESCAPULARIO?

¿Qué es un escapulario?
¡Qué fácil es pasar de una devoción legítima a la superstición! 


Por: Padre Sergio G. Román | Fuente: www.mariologia.org



Actualmente es común ver a jóvenes lucir al cuello no uno, sino muchos escapularios que cuelgan allí hasta que se caen de viejos y de sucios: de la Virgen, de san Juan Diego, de san Judas y de San Charbel; escapularios rojos, verdes, azules, blancos, amarillos y de todos los colores habidos y por haber.

Y es que no cabe duda: los escapularios están de moda, una moda impuesta por el ingenio y la creatividad de los comerciantes en artículos religiosos para incrementar sus ventas.

Hace tiempo le pregunté a un joven por qué usaba tantos escapularios.

-“Porque me dan protección, son poderosos”, me contestó.

¡Qué fácil es pasar de una devoción legítima a la superstición! Y yo, sacerdote, me sentí culpable por no haber explicado suficientemente a mis fieles el uso de los escapularios, antigua tradición de la Iglesia convertida ahora en práctica de magia y brujería.

Si mis fieles supieran lo que significa un escapulario no usarían tantos y, si aceptaran usar uno solo, lo llevarían con más devoción y respeto.


¿Qué es un escapulario?

Literalmente es una prenda que se lleva sobre los hombros colgando por delante y por detrás. Es una tira de tela que los monjes y monjas llevan sobre el hábito y en la que se borda el escudo de la comunidad a la que se pertenecen. El que lleva un escapulario es porque quiere pertenecer a esa orden o comunidad religiosa.

Cuando surgieron las órdenes religiosas, a finales de la Edad Antigua y principios de la Edad Media, se fundaron la “primera orden”, para varones; la “segunda orden”, para mujeres, y la “tercera orden”, para laicos de ambos sexos, que anhelaba pertenecer a la orden religiosa, pero que querían hacerlo desde su estado de vida propio.

Las “terceras órdenes” agruparon a muchos fieles laicos que se comprometían en un tipo especial de vida, en la pobreza, en la castidad dentro del matrimonio y en la obediencia a Dios y a sus ministros. Mediante la oración, la mortificación y las obras buenas, aunadas a ciertas prácticas características de la orden, buscaban su santificación en medio del mundo. Se organizaban bajo la dependencia de la orden religiosa e incluso hacían una especie de votos que renovaban año con año.

Estos fieles no podían usar el hábito completo de la orden, pero se les concedía usar un “mini hábito”, es decir, el escapulario reducido a su mínima expresión.

Hay escapularios de los dominicos, mercedarios, franciscanos, agustinos, carmelitas y demás órdenes y comunidades religiosas.

UNA ORACIÓN ESPECIAL

Una oración especial


Que tus pies te lleven por el camino más largo hacia la felicidad, porque la felicidad son sólo puntos en el mapa de la vida, y el verdadero disfrute está en buscarlos.

Que tus ojos reconozcan la diferencia entre un colibrí y el vuelo que lo sostiene.  Aunque se detenga, seguirá siendo un colibrí, y es conveniente que sepas, para que no confundas el sol con la luz, ni el cielo con la voz que lo nombra.

Que tus manos se tiendan generosas en el dar y agradecidas en el recibir, y que su gesto más frecuente sea la caricia para reconfortar a los que te rodean.

Que tus oídos sea tan fieles a la hora del reproche, como debe serlo a la hora del halago, para que puedas mantener el equilibrio en cualquier circunstancia.

Que tus rodillas te sostengan con firmeza a la altura de tus sueños y se aflojen mansamente cuando llegue el tiempo de descanso.

Que tu espalda sea tu mejor soporte y no la carga más pesada.

Que tu boca refleje la sonrisa que hay adentro, para que sea una ventana del alma y no la vidriera de los dientes.

Que tus dientes te sirvan para aprovechar mejor el alimento, y no para conseguir la tajada más grande en menoscabo de los demás.

Que tu lengua encuentre las palabras más exactas, para expresarte sin que te malinterpreten.

Que tus uñas crezcan lo suficiente para protegerte, sin lastimar a nadie.

Que tu piel te sirva de puente y no de valla.

Que tu pelo le dé abrigo a tus ideas, para que siempre adornen más que un buen peinado.

Que tus brazos sean la cuna de los abrazos y no camisa de fuerza para nadie.

Que tu corazón toque su música con amor, para que tu vida sea un paso del universo hacia delante.

jueves, 22 de enero de 2015

EL VALOR DE UNA MADRE


El valor de una madre


1) Para saber

El pasado miércoles, durante la Audiencia General, el Papa Francisco abordó la importancia de las madres en las familias, la sociedad y la Iglesia. Señaló que “toda persona humana debe la vida a una madre y casi siempre debe a ella mucho de la propia existencia sucesiva, de la formación humana y espiritual”.

Continuando con la catequesis sobre la Iglesia, el Papa reflexionó sobre el papel de madre que tiene la Iglesia: nuestra Santa madre Iglesia. Así como la Virgen María, nuestra Madre, mostró a Jesús a los pastores y a los Reyes Magos, así la Iglesia, también nuestra Madre, nos conduce y muestra a Jesús. Por eso no somos huérfanos, somos hijos de la Iglesia, somos hijos de la Virgen y somos hijos de nuestras madres.

Es paradójico que aunque se exalta mucho el papel de la madre, en poesías, discursos, y siempre se escriben cosas bellas de ella, sin embargo, es poco escuchada o comprendida, no siempre es justamente valorada, es poco ayudada en la vida cotidiana y poco considerada en su rol central en la sociedad.


2) Para pensar

Alguien que supo valorar a su esposa es uno de los juristas más importante del siglo XX, llamado Francesco Carnelutti. En un programa de televisión le preguntaron qué era lo que más había influido en su brillante carrera. Y respondió: “Mi mujer”. Y explicó por qué:

”Mi esposa no ha estudiado leyes, no se ocupa de mi trabajo, ni me pide ni me da nunca consejos. Pero me llena la vida con su presencia. Se anticipa a mis deseos, intuye mi humor, escucha mis desahogos, encuentra siempre la palabra justa. Por la noche, cuando consulto mis papeles, se sienta a mi lado en silencio y hace labores de punto. El rumor de las varillas que se cruzan es mi mejor calmante. Aleja la tensión y me da un sentido de seguridad infinita. Sin ella, sería un pobre hombre. Con ella, me parece poder triunfar en cualquier empresa”.


3) Para vivir

Recordaba el Papa que una madre con los hijos tiene siempre problemas y trabajo, como fue en su hogar: «En casa, éramos cinco y mientras uno hacía “una”, el otro pensaba en hacer “otra” y la pobre mamá iba de un lado para el otro. Pero era feliz. Nos ha dado tanto».

Es importante que las madres transmitan el sentido profundo de la práctica religiosa: en las primeras oraciones, en los primeros gestos de devoción que un niño aprende, se inscribe el valor de la fe en la vida de un ser humano.

Recordaba el Papa al Arzobispo Oscar Arnulfo Romero quien decía que las madres viven un “martirio materno”. En su homilía para el funeral de un sacerdote asesinado por los escuadrones de la muerte, decía: «Todos debemos estar dispuestos a morir por nuestra fe, aunque no nos conceda el Señor este honor... Pero dar la vida no es sólo que lo maten a uno; tener espíritu de martirio, es dar en el deber, en la oración, en el cumplimiento honesto del deber, en aquel silencio de la vida cotidiana, ir dando la vida, como la da la madre que sin aspavientos, con la sencillez del martirio maternal concibe en su seno a su hijo, da a luz, cuida y hace crecer a su hijo. Es dar la vida por su hijo y por eso son mártires». La madre elige dar la vida y eso, concluye el Papa, es grande, esto es bello.


© Pbro. José Martínez Colín

ENCIENDE UNA VELA A LA VIRGEN MARÍA


IMÁGENES DE LA VIRGEN MARÍA






IMÁGENES DE LA VIRGEN MARÍA CON EL NIÑO JESÚS












IMÁGENES DE LA VIRGEN MARÍA ROSA MÍSTICA



ORACIÓN A JESÚS EUCARISTÍA


ORACIÓN A JESÚS EUCARISTÍA



Jesús hostia, quiero consolarte,
Me uno a ti,
Me inmolo contigo,
Me anonado delante de ti,
Quiero olvidarme de mí para pensar en ti,
Quiero ser olvidado y despreciado por amor a ti,
No quiero ser comprendido ni amado sino por ti,
Me callaré para escucharte, y me iré para perderme en ti.

Haz que calme así tu sed por mi salvación, tu sed ardiente por mi santidad, y que purificado, te de un puro y verdadero amor.

No quiero cansarte de esperar; tómame, me doy entero a ti.

Te encomiendo todas mis obras: mi espíritu para iluminarlo, mi corazón para dirigirlo, mi voluntad para fijarla, mi miseria para curarla, mi alma y mi corazón para nutrirlos.

Corazón de mi Jesús en la Eucaristía, cuya sangre es la vida de misma, que yo no viva más, sino vive sólo tú en mí.
Amén.

miércoles, 21 de enero de 2015

IMÁGENES DE NUESTRA SEÑORA DE ALTAGRACIA, 21 DE ENERO






NUESTRA SEÑORA DE ALTAGRACIA, ADVOCACIÓN MARIANA, 21 DE ENERO



Nuestra Señora de la Altagracia

Nuestra Señora de la Altagracia

Advocación Mariana, 21 de enero



Por: . | Fuente: Corazones.org




Patrona de República Dominicana

Tiene la República Dominicana dos advocaciones marianas: 
Nuestra Señora de la Merced
, proclamada en 1616, durante la época de la colonia, y la Virgen de la Altagracia (imagen de la izquierda), Protectora y Reina del corazón de los dominicanos. Su nombre: "de la Altagracia" nos recuerda que por ella recibimos la mayor gracia que es tener a Jesucristo Nuestro Señor. Ella, como Madre, continua su misión de mediadora unida inseparablemente a su Hijo. Los hijos de Quisqueya la llaman cariñosamente "Tatica, la de Higüey".

Existen documentos históricos que prueban que en el año de 1502, en la Isla de Santo Domingo, ya se daba culto a la Virgen Santísima bajo la advocación de Nuestra Señora de la Altagracia, cuyo cuadro pintado al óleo fue traído de España por los hermanos Alfonso y Antonio Trejo, que eran del grupo de los primeros pobladores europeos de la isla. Al mudarse estos hermanos a la ciudad de Higüey llevaron consigo esta imagen y más tarde la ofrecieron a la parroquia para que todos pudieran venerarla. En el 1572 se terminó el primer santuario altagraciano y en el 1971 se consagró la actual basílica.

La piedad del pueblo cuenta que la devota hija de un rico mercader pidió a este que le trajese de Santo Domingo un cuadro de Nuestra Señora de la Altagracia. El padre trató inútilmente de conseguirlo por todas partes; ni clérigos ni negociantes, nadie había oído hablar de esa advocación mariana. Ya de vuelta a Higüey, el comerciante decidió pasar la noche en una casa amiga. En la sobremesa, apenado por la frustración que seguramente sentiría su hija cuando le viera llegar con las manos vacías, compartió su tristeza con los presentes relatándoles su infructuosa búsqueda.

Mientras hablaba, un hombre de edad avanzada y largas barbas, que también iba de paso, sacó de su alforja un pequeño lienzo enrollado y se lo entregó al mercader diciéndole: "Esto es lo que usted busca". Era la Virgen de la Altagracia. Al amanecer el anciano había desaparecido envuelto en el misterio. El cuadro de Ntra. Sra. de la Altagracia tiene 33 centímetros de ancho por 45 de alto y según la opinión de los expertos es una obra primitiva de la escuela española pintada a finales del siglo XV o muy al principio del XVI. El lienzo, que muestra una escena de la Natividad, fue exitosamente restaurado en España en 1978, pudiéndose apreciar ahora toda su belleza y su colorido original, pues el tiempo, con sus inclemencias, el humo de las velas y el roce de las manos de los devotos, habían alterado notablemente la superficie del cuadro hasta hacerlo casi irreconocible.

Sobre una delgada tela aparece pintada la escena del nacimiento de Jesús; la Virgen, hermosa y serena ocupa el centro del cuadro y su mirada llena de dulzura se dirige al niño casi desnudo que descansa sobre las pajas del pesebre. La cubre un manto azul salpicado de estrellas y un blanco escapulario cierra por delante sus vestidos.

María de la Altagracia lleva los colores de la bandera Dominicana anticipando así la identidad nacional. Su cabeza, enmarcada por un resplandor y por doce estrellas, sostiene una corona dorada colocada delicadamente, añadida a la pintura original. Un poco retirado hacia atrás, San José observa humildemente, mirando por encima del hombro derecho de su esposa; y al otro lado la estrella de Belén brilla tímida y discretamente.

El marco que sostiene el cuadro es posiblemente la expresión más refinada de la orfebrería dominicana. Un desconocido artista del siglo XVIII construyó esta maravilla de oro, piedras preciosas y esmaltes, probablemente empleando para ello algunas de las joyas que los devotos han ofrecido a la Virgen como testimonio de gratitud.

La imagen de Nuestra Señora de la Altagracia tuvo el privilegio especial de haber sido coronada dos veces; el 15 de agosto de 1922, en el pontificado de Pío XI y por el Papa Juan Pablo II, quien durante su visita a la isla de Santo Domingo el 25 de enero de 1979, coronó personalmente a la imagen con una diadema de plata sobredorada, regalo personal suyo a la Virgen, primera evangelizadora de las Américas. Juan Pablo II también visitó a la Virgen en su basílica en Higüey

INVOCACIÓN A SAN JOSÉ

INVOCACIÓN A SAN JOSÉ

"San José, guardián de Jesús y casto esposo de María, 
tu empleaste toda tu vida en el perfecto cumplimiento de tu deber,
tu mantuviste a la Sagrada Familia de Nazaret con el trabajo de tus manos.

Protege bondadosamente a los que recurren confiadamente a ti.
Tu conoces sus aspiraciones y sus esperanzas.

Se dirigen a ti porque saben que tu los comprendes y proteges.
Tu también conociste pruebas, cansancio y trabajos.
Pero, aun dentro de las preocupaciones materiales de la vida,
tu alma estaba llena de profunda paz y cantó llena de verdadera alegría

por el íntimo trato que goza con el Hijo de Dios,
el cual te fue confiado a ti a la vez que a María, su tierna Madre.
Amén." -- Juan XXIII

martes, 20 de enero de 2015

LA SINCERIDAD


LA SINCERIDAD



Hubo una vez un emperador que convocó a todos los solteros del reino pues era tiempo de buscar pareja a su hija.

Todos los jóvenes asistieron y el rey les dijo: 
"Os voy a dar una semilla diferente a cada uno de vosotros, al cabo de 6 meses deberán traerme en una maceta la planta que haya crecido, y la planta más bella ganará la mano de mi hija, y por ende el reino".

Así se hizo, pero había un joven que plantó su semilla y ésta no germinaba. Mientras tanto, todos los demás jóvenes del reino no paraban de hablar mostrando las hermosas plantas y flores que habían sembrado en sus macetas.

Pasaron los seis meses y todos los jóvenes se dispusieron a desfilar hacia el castillo con hermosísimas y exóticas plantas. 
El joven estaba muy triste pues su semilla nunca germinó y ni siquiera quería ir al palacio. Su madre insistía en que debía ir pues era un participante y debía estar allí. 

Con la cabeza baja y muy avergonzado, desfiló al final hacia el palacio con su maceta vacía. 

Todos los jóvenes hablaban de sus plantas, y al ver a nuestro amigo se rieron abiertamente burlándose de él. En ese momento el alboroto fue interrumpido por la entrada del rey, al que todos hicieron su respectiva reverencia mientras él se paseaba entre todas las macetas admirando las plantas.

Finalizada la inspección hizo llamar a su hija, y llamó de entre todos al joven que llevó su maceta vacía. Atónitos, todos esperaban la explicación de aquella acción.

El rey dijo entonces: 
"Este es el nuevo heredero del trono y se casará con mi hija, pues a todos ustedes se les dio una semilla infértil, y todos trataron de engañarme plantando otras plantas. Este joven tuvo el valor de presentarse y mostrar su maceta vacía, siendo sincero, real y 
valiente, cualidades que un futuro rey debe tener y que mi hija merece".

Moraleja:
"LA SINCERIDAD, SERÁ POR SIEMPRE UNA VIRTUD". DÍ SIEMPRE LA VERDAD, independientemente de las circunstancias.

ORACIÓN A SAN JUAN BOSCO


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