domingo, 8 de noviembre de 2026

ESPERAR A JESÚS CON LÁMPARAS ENCENDIDAS-MEDITACIÓN DEL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 8 DE NOVIEMBRE DE 2026

 



 Esperar a Jesús con lámparas encendidas


Entre los primeros cristianos había, sin duda, discípulos «buenos» y discípulos «malos». Sin embargo, al escribir su evangelio, Mateo se preocupa sobre todo de recordar que, dentro de la comunidad cristiana, hay discípulos «sensatos» que están actuando de manera responsable y discípulos «necios» que actúan de manera frívola y descuidada. ¿Qué quiere decir esto?

 

Mateo recuerda dos parábolas de Jesús. La primera es muy clara. Hay algunos que «escuchan las palabras de Jesús» y «las ponen en práctica». Toman en serio el evangelio y lo traducen en vida. Son como el «hombre sensato» que construye su casa sobre roca. Es el sector más responsable: los que van construyendo su vida y la de la Iglesia sobre la verdad de Jesús.

 

Pero hay también quienes escuchan las palabras de Jesús y «no las ponen en práctica». Son tan «necios» como el hombre que «edifica su casa sobre arena». Su vida es un disparate. Si fuera solo por ellos, el cristianismo sería pura fachada, sin fundamento real en Jesús.

 

Esta parábola nos ayuda a captar el mensaje fundamental de otro relato en el que un grupo de jóvenes salen, llenas de alegría, a esperar al esposo para acompañarlo a la fiesta de su boda. Desde el comienzo se nos advierte que unas son «sensatas» y otras «necias».

 

Las «sensatas» llevan consigo aceite para mantener encendidas sus lámparas; las «necias» no piensan en nada de esto. El esposo tarda, pero llega a medianoche.

Las «sensatas» salen con sus lámparas a iluminar el camino, acompañan al esposo y «entran con él» en la fiesta. Las «necias», por su parte, no saben cómo resolver su problema: «se les apagan las lámparas». Así no pueden acompañar al esposo. Cuando llegan es tarde. La puerta está cerrada.

 

El mensaje es claro y urgente. Es una insensatez seguir escuchando el evangelio sin hacer un esfuerzo mayor para convertirlo en vida: es construir un cristianismo sobre arena. Y es una necedad confesar a Jesucristo con una vida apagada, vacía de su espíritu y su verdad: es esperar a Jesús con las «lámparas apagadas». Jesús puede tardar, pero nosotros no podemos retrasar más nuestra conversión.

 

P. José Antonio Pagola

¿DÓNDE ESTÁ NUESTRO CORAZÓN? EL PAPA LEÓN XIV LE HABLA A OBISPOS, SACERDOTES, DIÁCONOS, RELIGIOSAS, RELIGIOSOS Y SEMINARISTAS

 




 

70 MIL ALMAS ASISTIERON A LA VIGILIA CON EL PAPA LEÓN XIV EN URUGUAY-SÁBADO 7 DE NOVIEMBRE













11 frases del discurso del Papa León XIV en la Vigilia de Oración en Uruguay

Por Diego López Colín-EWTN -Fotos Daniel Ibañez


Como última actividad de su segundo día en Uruguay, el Papa León XIV encabezó una Vigilia de Oración en el Estadio Centenario en Montevideo. Ante miles de personas, el Santo Padre pronunció frases que quedarán grabas en la memoria de los fieles.

1. “En muchos lugares, la fe ha dejado de transmitirse con la naturalidad de generaciones anteriores y crece el número de quienes atraviesan buena parte de su vida sin una relación habitual con la Iglesia ni con la práctica religiosa (…) aun en estas circunstancias, hay quienes perseveran”.

2.“La vida se llena de ocupaciones, afectos, proyectos y distracciones, hasta que la ausencia de Dios deja de sentirse como ausencia. Se puede llegar a vivir sin buscarlo y, más aún, sin advertir cuánto lo necesitamos”.

3. “Necesitamos custodiar a Cristo en el centro de nuestra vida mediante la oración, la Misa, la Confesión y la lectura meditada del Evangelio. Todos hemos de volver una y otra vez a ser discípulos”.

4. “Tal vez haya personas que nunca abran una Biblia por iniciativa propia, que lleven años sin pisar una iglesia o que ni siquiera sepan decir si creen en Dios. Pero, viéndolos a ustedes, puede despertarse en ellos el deseo y la búsqueda de Dios”.

5. “Jóvenes, ustedes mismos atrévanse a dar el paso casándose y formando una familia. ¡No le teman al ‘para siempre’! Matrimonios, abran su casa a la vida, incluso cuando el mundo les diga que un hijo es una carga”.

6. “Cuando ser justo y honrado tenga un precio, páguenlo. Cuando perdonar parezca una derrota, perdonen. Cuando todos les digan que piensen primero en ustedes mismos, no tengan miedo de hacerse los últimos”.

7. “Las buenas noticias necesitan testigos. Y nosotros hemos recibido una que merece ser gritada al mundo: ¡Jesucristo! ¡El Hijo de Dios se ha hecho hombre! ¡Es Dios con nosotros!”.

8. “La sociedad puede encontrar en otras instituciones muchas cosas muy valiosas, pero ninguna puede sustituir el anuncio de que el amor de Dios es más fuerte que la muerte, el odio, la violencia, la guerra y el pecado. Esa es la alegría que llevamos, esa es la alegría que el Papa viene a recordarles”.

9. “¡Sean santos! No se conformen con una vida simplemente correcta ni con una fe de costumbre que se contente con lo indispensable. No le den a Dios solamente una parte de ustedes, ¡dense por completo!”.

10. “Santos significa hombres y mujeres que rebosan de la abundancia de vida en Cristo, libres y auténticos, personas cuya vida hace antojable un sí rotundo al amor, a la verdad, a la felicidad. No tengan miedo de aspirar a eso”.

11. “Cristo no nos llamó a la mediocridad, nos llamó a una vida nueva y plena como la suya”.

EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 8 DE NOVIEMBRE DE 2026

 



 Domingo 32 (A) del tiempo ordinario

Domingo 8 de noviembre de 2026



1ª Lectura (Sab 6,12-16): La sabiduría es radiante e inmarcesible, la ven fácilmente los que la aman, y la encuentran los que la buscan; ella misma se da a conocer a los que la desean. Quien madruga por ella no se cansa: la encuentra sentada a la puerta. Meditar en ella es prudencia consumada, el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones; ella misma va de un lado a otro buscando a los que la merecen; los aborda benigna por los caminos y les sale al paso en cada pensamiento.



Salmo responsorial: 62

R/. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansía de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua.


¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios.


Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos.


En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo.

2ª Lectura (1Tes 4,13-17): Hermanos: No queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza. Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él.


Esto es lo que os decimos como palabra del Señor: Nosotros, los que vivimos y quedamos para cuando venga el Señor, no aventajaremos a los difuntos. Pues él mismo, el Señor, cuando se dé la orden, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que aún vivimos, seremos arrebatados con ellos en la nube, al encuentro del Señor, en el aire. Y así estaremos siempre con el Señor. Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

Versículo antes del Evangelio (Mt 24,42.44): Aleluya. Estad preparados, porque no sabéis a qué hora va a venir el Hijo del hombre. Aleluya.

Texto del Evangelio (Mt 25,1-13): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron.

»Mas a media noche se oyó un grito: ‘¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: ‘Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan’. Pero las prudentes replicaron: ‘No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis’. Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta.

»Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’. Pero él respondió: ‘En verdad os digo que no os conozco’. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora».


«¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!»

Rev. P. Anastasio URQUIZA Fernández MCIU

(Monterrey, México)



Hoy, se nos invita a reflexionar sobre el fin de la existencia; se trata de una advertencia del Buen Dios acerca de nuestro fin último; no juguemos, pues, con la vida. «El Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio» (Mt 25,1). El final de cada persona dependerá del camino que se escoja; la muerte es consecuencia de la vida -prudente o necia- que se ha llevado en este mundo. Muchachas necias son las que han escuchado el mensaje de Jesús, pero no lo han llevado a la práctica. Muchachas prudentes son las que lo han traducido en su vida, por eso entran al banquete del Reino.


La parábola es una llamada de atención muy seria. «Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora» (Mt 25,13). No dejen que nunca se apague la lámpara de la fe, porque cualquier momento puede ser el último. El Reino está ya aquí. Enciendan las lámparas con el aceite de la fe, de la fraternidad y de la caridad mutua. Nuestros corazones, llenos de luz, nos permitirán vivir la auténtica alegría aquí y ahora. Los que viven a nuestro alrededor se verán también iluminados y conocerán el gozo de la presencia del Novio esperado. Jesús nos pide que nunca nos falte ese aceite en nuestras lámparas.


Por eso, cuando el Concilio Vaticano II, que escoge en la Biblia las imágenes de la Iglesia, se refiere a esta comparación del novio y la novia, y pronuncia estas palabras: «La Iglesia es también descrita como esposa inmaculada del Cordero inmaculado, a la que Cristo amó y se entregó por ella para santificarla, la unió consigo en pacto indisoluble e incesantemente la alimenta y la cuida. A ella, libre de toda mancha, la quiso unida a sí y sumisa por el amor y la fidelidad».

IMÁGENES DE FELIZ DOMINGO

  





domingo, 1 de noviembre de 2026

CUANDO PIENSAS EN UN SANTO

 


Cuando piensas en un santo, ¿qué imagen te viene? ¿Una estatua? ¿Un vitral? El papa Francisco hablaba de otros santos: los de la puerta de al lado. La mamá que se desvive por sus hijos.

 El que madruga para llevar el pan a su casa. La abuela que sigue sonriendo aunque le duela todo. Los que viven cerca de nosotros y, sin saberlo, nos muestran a Dios. Él les llamó “la clase media de la santidad”.

Hoy celebramos a esos santos que nadie canonizó, pero que Dios conoce por nombre y apellido.

Y ojo: la santidad no es solo de ellos. También es para vos. No para ser perfecto, sino para llegar a ser lo que Dios soñó cuando te creó.
Feliz día de Todos los Santos.

EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 1 DE NOVIEMBRE DE 2026-SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

 



1 de noviembre: Todos los Santos

1 de noviembre de 2026



1ª Lectura (Ap 7,2-4.9-14): Yo, Juan, vi a otro Ángel que subía del Oriente y tenía el sello de Dios vivo; y gritó con fuerte voz a los cuatro Ángeles a quienes había encomendado causar daño a la tierra y al mar: «No causéis daño ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios». Y oí el número de los marcados con el sello: ciento cuarenta y cuatro mil sellados, de todas las tribus de los hijos de Israel. Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritan con fuerte voz: «La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero».


Y todos los Ángeles que estaban en pie alrededor del trono de los Ancianos y de los cuatro Vivientes, se postraron delante del trono, rostro en tierra, y adoraron a Dios diciendo: «Amén, alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza, a nuestro Dios por los siglos de los siglos, amén». Uno de los Ancianos tomó la palabra y me dijo: «Esos que están vestidos con vestiduras blancas quiénes son y de dónde han venido?». Yo le respondí: «Señor mío, tú lo sabrás». Me respondió: «Esos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la Sangre del Cordero».



Salmo responsorial: 23

R/. Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.


Quién puede subir al monte del Señor? Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos.


Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

2ª Lectura (1Jn 3,1-3): Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él porque le veremos tal cual es. Todo el que tiene esta esperanza en él se purificará a sí mismo, como él es puro.

Versículo antes del Evangelio (Mt 11,28): Aleluya. Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados por la carga, y yo os aliviaré, dice el Señor. Aleluya.

Texto del Evangelio (Mt 5,1-12a): En aquel tiempo, viendo Jesús la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos».



«Alegraos y regocijaos»

Mons. F. Xavier CIURANETA i Aymí Obispo Emérito de Lleida

(Lleida, España)



Hoy celebramos la realidad de un misterio salvador expresado en el “credo” y que resulta muy consolador: «Creo en la comunión de los santos». Todos los santos, desde la Virgen María, que han pasado ya a la vida eterna, forman una unidad: son la Iglesia de los bienaventurados, a quienes Jesús felicita: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8). Al mismo tiempo, también están en comunión con nosotros. La fe y la esperanza no pueden unirnos porque ellos ya gozan de la eterna visión de Dios; pero nos une, en cambio el amor «que no pasa nunca» (1Cor 13,13); ese amor que nos une con ellos al mismo Padre, al mismo Cristo Redentor y al mismo Espíritu Santo. El amor que les hace solidarios y solícitos para con nosotros. Por tanto, no veneramos a los santos solamente por su ejemplaridad, sino sobre todo por la unidad en el Espíritu de toda la Iglesia, que se fortalece con la práctica del amor fraterno.


Por esta profunda unidad, hemos de sentirnos cerca de todos los santos que, anteriormente a nosotros, han creído y esperado lo mismo que nosotros creemos y esperamos y, sobre todo, han amado al Padre Dios y a sus hermanos los hombres, procurando imitar el amor de Cristo.


Los santos apóstoles, los santos mártires, los santos confesores que han existido a lo largo de la historia son, por tanto, nuestros hermanos e intercesores; en ellos se han cumplido estas palabras proféticas de Jesús: «Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos» (Mt 5,11-12). Los tesoros de su santidad son bienes de familia, con los que podemos contar. Éstos son los tesoros del cielo que Jesús invita a reunir (cf. Mt 6,20). Como afirma el Concilio Vaticano II, «su fraterna solicitud ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad» (Lumen gentium, 49). Esta solemnidad nos aporta una noticia reconfortante que nos invita a la alegría y a la fiesta. 

¡HOY CELEBRAMOS LA SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS! 1 DE NOVIEMBRE

 



 ¡Hoy celebramos la Solemnidad de Todos los Santos!

Cada 1 de noviembre la Iglesia Católica celebra la Solemnidad de Todos los Santos, de todos sin excepción: tanto los reconocidos oficialmente como los anónimos.

 EWTN News - Por Rubén León




Cada 1 de noviembre la Iglesia Católica celebra la Solemnidad de Todos los Santos, de todos sin excepción: tanto los reconocidos oficialmente como los anónimos. Esta es la gran celebración de aquellos que comparten el triunfo y la gloria de Cristo para toda la eternidad, en virtud a haber cooperado con la Gracia del “Espíritu Santo que habita en nosotros” (2 Tim 1, 14), poniendo todo empeño en seguir de cerca al Maestro.


Por eso, la Iglesia se viste de blanco en este día, pues se ve confirmada como madre que convoca a sus hijos a la salvación; mientras que estos se ven fortalecidos por el ejemplo y la intercesión de quienes tomaron la delantera en el camino de la fe, la esperanza y la caridad.


Todos estamos llamados a la santidad

San Juan Pablo II, en la homilía de la misa dedicada a la Solemnidad de Todos los Santos, en noviembre de un ya lejano 1980, decía: “Hoy nosotros estamos inmersos con el espíritu entre esta muchedumbre innumerable de santos, de salvados, los cuales, a partir del justo Abel, hasta el que quizá está muriendo en este momento en alguna parte del mundo, nos rodean, nos animan y cantan todos juntos un poderoso himno de gloria”.

Y es que esta Solemnidad es un día propicio para compartir el júbilo por la obra salvífica de Dios a lo largo de los siglos. Obra que no se detiene jamás y que se renueva, a cada instante, en cada ser humano que responde amorosamente a la gracia de Dios, a su misericordia. Ser santo es vivir el llamado a la plenitud humana en el amor.

“Son demasiados”: orígenes de la celebración

La Solemnidad de Todos los Santos tiene sus orígenes en el siglo IV, cuando el número de mártires de la Iglesia llegó a ser tal que era imposible destinar cada día del año para recordar a cada uno de manera independiente. Entonces, la Iglesia optó por hacer una celebración conjunta para honrar a todos los que habían alcanzado el cielo, en un solo día, una vez al año.

Cuando el 13 de mayo de 610, el Papa Bonifacio IV (p. 608-615) dedicó el Panteón romano (donde antaño se daba culto a los dioses) al culto cristiano, consagró el “nuevo” templo a la Bienaventurada Madre de Dios (Santa María la Rotonda) y a todos los mártires. A partir de entonces, la celebración de Todos los Santos quedó fijada en esa fecha y así permanecería por muchos años, hasta que el Papa Gregorio IV (p. 827-844), en el siglo IX, trasladó la celebración al primer día del mes de noviembre. Es muy probable que la decisión del Papa Gregorio haya respondido al deseo de contrarrestar la fiesta pagana del “Samhain” o año nuevo celta, que se celebraba la noche del 31 de octubre.


Contrarrestando el espíritu comercial y pagano

Hoy, la Solemnidad de Todos los Santos compite, en distintos ámbitos de la cultura, contra la “noche de Brujas” (Halloween) y su espíritu comercial y profano. Por eso, es necesario que no perdamos de vista aquello a lo que estamos llamados como cristianos: a vivir la santidad y realizar todo bien que provenga de Dios.

En el año 2013, el Papa Francisco hizo una hermosa exhortación a la multitud que lo acompañaba en la celebración de esta Solemnidad: “Dios te dice: no tengas miedo de la santidad, no tengas miedo de apuntar alto, de dejarte amar y purificar por Dios, no tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. Dejémonos contagiar por la santidad de Dios”.

No olvidemos nunca que ¡estamos llamados a ser santos! Y que debemos recordar y agradecer la vida de tantos hombres y mujeres que lo dieron todo por amor a Jesús. Sus vidas no estuvieron exentas de dificultades, pero haber amado a Cristo honestamente, les valió la paz en medio de la dificultad o el dolor y la alegría en medio de la comunidad de hermanos que es la Iglesia.

“Todos los fieles, cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre” (Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium).


¡Feliz Solemnidad de Todos los Santos!

EL PAPA LEÓN XIV DESTACA QUE LA SANTIDAD NO ES UN PRIVILEGIO PARA UNOS POCOS, SINO UNA VOCACIÓN UNIVERSAL.-1 NOVIEMBRE 2026

  


El Papa destaca que “la santidad no es un privilegio para unos pocos, sino una vocación universal”

En el Ángelus que presidió durante la solemnidad de Todos los Santos, el Papa León XIV invitó a los fieles a contemplar el ejemplo de quienes han recorrido el camino de la santidad.

Crédito: Vatican Media- Por Victoria Cardiel




En el Ángelus que presidió durante la solemnidad de Todos los Santos, el Papa León XIV invitó a los fieles a contemplar el ejemplo de quienes han recorrido el camino de la santidad y recordó que esta llamada no está reservada a una élite, sino que alcanza a todos los bautizados.

“La santidad no es un privilegio para unos pocos, sino una vocación universal que nos interpela a cada uno de nosotros allí donde vivimos”, aseguró.

También destacó que la fiesta de Todos los Santos transmite un mensaje de esperanza, porque “Dios ve el bien que nosotros no vemos, conoce historias que nosotros no conocemos, llega a corazones a los que nosotros no tenemos acceso”.

En su reflexión, el Pontífice señaló que esta festividad invita a participar de la alegría de la “innumerable familia de hombres y mujeres” que, siguiendo a Jesucristo, hicieron de su existencia “un don a Dios y al prójimo” y que, por distintos caminos de santificación, anhelaron alcanzar “el océano del amor infinito”, evocando así una expresión de Benedicto XVI.

El Papa recordó en este día celebramos a todos los santos, a aquellos que la Iglesia “ha reconocido como tales”, pero también “a tantos que no lo han sido, pero que Dios conoce”.

A la luz del Evangelio de las Bienaventuranzas, describió a estos hombres y mujeres como personas “pobres de espíritu, pero ricas en el amor de Dios”; “mansas frente a la violencia”; “hambrientas de justicia”; dispuestas al perdón y a la misericordia; constructoras de paz y firmes en la fe incluso en medio de la persecución.

El Santo Padre subrayó que resulta imposible “contar” a esta multitud de hermanos y hermanas, no solo por su número, sino porque “la santidad, de hecho, no se puede reducir a ningún cálculo”.

Asimismo, invitó a preguntarse qué hicieron estas personas que con la gracia de Dios alcanzaron la santidad. La respuesta, dijo, se encuentra en “gestos y decisiones de amor” capaces de vencer “los cálculos de la codicia y la prepotencia del mal que a veces parece prevalecer”.

En este sentido, afirmó que “los santos y las santas son el signo más hermoso y más fuerte del Reino de Dios que viene” y recordó que, como enseña Jesús, ese Reino ya está presente entre nosotros.

“Dios ve el bien que nosotros no vemos, conoce historias que nosotros no conocemos, llega a corazones a los que nosotros no tenemos acceso”, concluyó.

FELIZ DÍA DE TODOS LOS SANTOS!!! 1 DE NOVIEMBRE

 





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