domingo, 19 de julio de 2026

LA PACIENCIA DE DIOS-MEDITACIÓN DEL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 19 DE JULIO DE 2026

 



 La paciencia de Dios


La página evangélica de hoy propone tres parábolas con las cuales Jesús habla a las masas del Reino de Dios. Me detengo en la primera: la del grano bueno y la cizaña , que ilustra el problema del mal en el mundo y pone de relieve la paciencia de Dios (cf. Mateo 13, 24-30. 3643). ¡Cuánta paciencia tiene Dios! También cada uno de nosotros puede decir esto: «¡Cuánta paciencia tiene Dios conmigo!».

 

La narración se desarrolla en un campo con dos protagonistas opuestos. Por una parte el dueño del campo que representa a Dios y esparce la semilla buena; por otra el enemigo que representa a Satanás y esparce la hierba mala. Con el pasar del tiempo, en medio del grano crece también la cizaña y ante este hecho el dueño y sus siervos tienen actitudes distintas. Los siervos querrían intervenir arrancando la cizaña; pero el dueño, que está preocupado sobre todo por salvar el grano, se opone diciendo: «no, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo» (v. 29). 

 

Con esta imagen, Jesús nos dice que en este mundo el bien y el mal están tan entrelazados, que es imposible separarlos y extirpar todo el mal. Solo Dios puede hacer esto, y lo hará en el juicio final. Con sus ambigüedades y su carácter complejo, la situación presente es el campo de la libertad, el campo de la libertad de los cristianos, en el cual se cumple el difícil ejercicio del discernimiento entre el bien y el mal. Y en este campo se trata entonces de combinar, con gran confianza en Dios y en su providencia, dos actitudes aparentemente contradictorias: la decisión y la paciencia . La decisión es la de querer ser buen grano —todos lo queremos con todas nuestras fuerzas, y entonces alejarse del maligno y de sus seducciones. La paciencia significa preferir una Iglesia que es levadura en la pasta, que no teme ensuciarse las manos lavando las ropas de sus hijos, antes que una Iglesia de «puros», que pretende juzgar antes del tiempo quién está en el Reino y quién no.

 

El Señor, que es la Sabiduría encarnada, hoy nos ayuda a comprender que el bien y el mal no se pueden identificar con territorios definidos o determinados grupos humanos: «Estos son los buenos, estos son los malos». Él nos dice que la línea de frontera entre el bien y el mal pasa por el corazón de cada persona, pasa por el corazón de cada uno de nosotros, es decir : todos somos pecadores. Jesucristo, con su muerte en la cruz y su resurrección, nos ha liberado de la esclavitud del pecado y nos da la gracia de caminar en una vida nueva; pero con el Bautismo nos ha dado también la Confesión, porque siempre necesitamos ser perdonados por nuestros pecados. Mirar siempre y solamente el mal que está fuera de nosotros, significa no querer reconocer el pecado que está también en nosotros.

 

Y luego Jesús nos enseña un modo diverso de mirar el campo del mundo, de observar la realidad. Estamos llamados a aprender los tiempos de Dios —que no son nuestros tiempos— y también la «mirada» de Dios: gracias al influjo benéfico de una trepidante espera, lo que era cizaña o parecía cizaña, puede convertirse en un producto bueno. Es la realidad de la conversión. ¡Es la perspectiva de la esperanza!

 

La Virgen María nos ayude a percibir en la realidad que nos rodea no solo la suciedad y el mal, sino también el bien y lo bonito; a desenmascarar la obra de Satanás, pero sobre todo a confiar en la acción de Dios que fecunda la historia.

(Papa Francisco – Ángelus 23 Jul 2017)

DIOS EN LAS CANCHAS DE FÚTBOL

 



 Dios en las canchas de fútbol

Impresiones de Daniel Pighín: 14 años como jugador de primera división, en Argentina y México.

Fuente: OpusDei.org



El deporte es un ámbito en el que Dios también juega un papel importante. Así lo deja caer Daniel Pighín, al mirar su experiencia de 14 años como jugador profesional de fútbol. Jugó en primera división en Colón de Santa Fe; Gimnasia y Esgrima de La Plata; Atlas, de México; Rosario Central y Estudiantes de La Plata. SantoralDiario


Está casado con Marisa desde hace 22 años y tiene tres hijos: Sebastián, Santiago y Ana Clara. Desde hace años, cuando metía goles en primera división, Daniel es supernumerario del Opus Dei.  


En esta entrevista, Daniel nos cuenta anécdotas e impresiones de cómo Dios está en la cancha, en los entrenamientos, dando motivación y sentido al esfuerzo y haciéndose presente en la amistad.


¿Cómo es el ambiente del fútbol? 

En el ambiente del fútbol hay de todo, como en todos los ambientes. Recuerdo a un compañero, que hoy en día trabaja como director técnico de un equipo de fútbol, al que invité a una meditación que daba un sacerdote del Opus Dei y que luego terminó confesándose con el sacerdote. Me agradeció mucho que lo hubiera invitado. “Me saqué como un camión”, fue lo que me dijo luego. 


¿De tu época de jugador recuerdas alguna anécdota apostólica, de acercar a Dios a tus colegas?

Sí, como es lógico todo empieza con la amistad. En las concentraciones que hacemos antes de un partido uno comparte la habitación con alguno de los compañeros de equipo. Se da la perfecta oportunidad para hablar de Dios o recomendar algún libro. En cierta ocasión recuerdo que le di a un compañero “Camino” o “Amigos de Dios”, de San Josemaría. Más tarde, en una  entrevista que le hicieron le preguntaron  por un libro de su preferencia y él mencionó, justamente, el que le había dado.

En otra ocasión, cuando jugaba en Estudiantes de la Plata, estábamos por irnos al descenso. Les propuse a mis compañeros de equipo que un sacerdote amigo podía celebrar una misa pidiendo por que no descendiéramos. No faltó ni uno. A pesar de que no logramos eludir el descenso, pienso que fue de gran provecho para todos.

Recuerdo también que antes de un partido Estudiantes contra River, un partido importante que iba a ser televisado, el equipo entró en concentración. Compartía la habitación con un compañero más joven, de unos 22 años. Aproveché la situación para hablarle de acercarse más a Dios. Luego de un tiempo, cuando mi compañero regresaba de unos días de haber estado con su familia, el auto en el que viajaba dio un vuelco y murió. Cuando fui a su velorio me encontré con su esposa y cuando me vio me agradeció mucho que le hubiera hablado de Dios; me dijo que él se lo había contado. Si no le hubiera hablado en aquella concentración, nunca más habría tenido la oportunidad. Eso me hizo ver que hay muchas cosas que Dios pone en nuestras manos y depende de nosotros el que las pongamos en marcha.

En otro momento, cuando estaba jugando en  México, solía hacer romerías (ir caminando a rezar el Rosario a un santuario de la Virgen) con mis compañeros de equipo y asistíamos a charlas de formación espiritual. Entre ellos estaba el arquero del plantel, que terminó siendo el mejor de la temporada y fue posteriormente  convocado a la selección uruguaya.


¿Cómo buscar la santidad en el deporte?

Daniel (izquierda) durante el día del deporte de la universidad donde trabaja

Se trata de ser muy buen profesional, romperse por hacer las cosas bien y contar con Dios. Ser profesional en el entrenamiento, ser buen compañero, pelear por los derechos que uno tiene como jugador, transpirar hasta la última gota y alentar a los otros, jugar un partido a morir, a ganar. Ese es mi trabajo: dar todo.

En fin, hacer muy bien tus cosas sabiendo que, en definitiva, el éxito está en dar lo mejor de uno aunque el resultado pueda ser adverso. Por ejemplo, cuando jugaba, mi puesto era el de volante central; iba fuerte porque esa era mi función, y lo hacía con tranquilidad y paz. No regalaba nada al rival, pero siempre con buena intención.


¿En qué se advierte el espíritu deportivo?

La deportividad está en intentar una y otra vez, seguir adelante, no desalentarse, dar vuelta el partido. Hay que hacer todo lo que se puede, y lo demás dejarlo en manos de Dios. Para esto es necesario tener más visión sobrenatural, más presencia de Dios, sentirnos sus hijos y apostar por la esperanza. Necesitamos una fe gorda que pese hasta en los bolsillos y que golpee cuando uno habla. 


¿Qué virtudes requiere el deporte?

El deporte es un  generador de virtudes. Virtudes como la amistad, el espíritu de sacrificio, la sinceridad, la alegría, la generosidad, la honestidad, la fe… Si uno quiere ejercitar la fe, podemos encontrarla en cada minuto. Hay cosas en el fútbol que salen porque uno sabe cómo hacerlas. Hay otras que salen porque Dios quiere que salgan. Por ejemplo, sucede cuando das un pase que de pronto le llega a un jugador distinto del que habías pensado al principio y finalmente la jugada termina en un gol. A veces uno se da cuenta que hubo mucha ayuda de arriba.

EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 19 DE JULIO DE 2026

 



 Domingo 16 (A) del tiempo ordinario

Domingo 19 de julio de 2026



1ª Lectura (Sab 12,13.16-19): Fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todo, ante quien tengas que justificar tu sentencia. Tu poder es el principio de la justicia, y tu soberanía universal te hace perdonar a todos. Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total, y reprimes la audacia de los que no lo conocen. Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres. Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.



Salmo responsorial: 85

R/. Tú, Señor, eres bueno y clemente.

Tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia, con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende la voz de mi súplica.


Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor; bendecirán tu nombre: «Grande eres tú, y haces maravillas; tú eres el único Dios».


Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal, mírame, ten compasión de mí.

2ª Lectura (Rom 8,26-27): El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

Versículo antes del Evangelio (Cf. Mt 11,25): Aleluya. Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. Aleluya.

Texto del Evangelio (Mt 13,24-43): En aquel tiempo, Jesús propuso a las gentes otra parábola, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña.


»Los siervos del amo se acercaron a decirle: ‘Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?’. Él les contestó: ‘Algún enemigo ha hecho esto’. Dícenle los siervos: ‘¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?’. Díceles: ‘No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero’».


Otra parábola les propuso: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas».


Les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo».


Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas, para que se cumpliese el oráculo del profeta: «Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo».


Entonces despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo». Él respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».



«Algún enemigo ha hecho esto»

P. Ramón LOYOLA Paternina LC

(Barcelona, España)



Hoy, Cristo. Siempre, Cristo. De Él venimos; de Él vienen todas las buenas semillas sembradas en nuestra vida. Dios nos visita —como dice el Kempis— con la consolación y con la desolación, con el sabor dulce y el amargo, con la flor y la espina, con el frío y el calor, con la belleza y el sufrimiento, con la alegría y la tristeza, con el valor y con el miedo... porque todo ha quedado redimido en Cristo (Él también tuvo miedo y lo venció). Como nos dice san Pablo, «en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman» (Rom 8,28).


Todo esto está bien, pero... existe un misterio de iniquidad que no procede de Dios y que nos sobrepasa y que devasta el jardín de Dios que es la Iglesia. Y quisiéramos que Dios fuese “como” más poderoso, que estuviese más presente, que mandase más y no dejase actuar esas fuerzas desoladoras: «¿Quieres, pues, que vayamos a recoger [la cizaña]?» (Mt 13,28). Esto lo decía el Papa San Juan Pablo II en su último libro Memoria e identidad: «Sufrimos con paciencia la misericordia de Dios», que espera hasta el último momento para ofrecer la salvación a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de su misericordia: «Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega» Mt 13,30. Y como es el Señor de la vida de cada persona y de la historia de la humanidad, mueve los hilos de nuestras existencias, respetando nuestra libertad, de modo que —junto con la prueba— nos da la gracia sobreabundante para resistir, para santificarnos, para ir hacia Él, para ser ofrenda permanente, para hacer crecer el Reino.


Cristo, divino pedagogo, nos introduce en su escuela de vida a través de cada encuentro, cada acontecimiento. Sale a nuestro paso; nos dice —No temáis. Ánimo. Yo he vencido al mundo. Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin (cf. Jn 16,33; Mt 28,20). Nos dice también: —No juzguéis; más bien —como yo— esperad, confiad, rezad por los que yerran, santificadlos como miembros que os interesan mucho por ser de vuestro propio cuerpo.

FELIZ DOMINGO!!!!

 




 

domingo, 5 de julio de 2026

EL PARTIDO MÁS IMPORTANTE DE TU VIDA

 



 El partido más importante de tu vida


Te presento el partido más importante de tu vida. No es un encuentro de fútbol cualquiera. Al finalizar este partido no se levantará una copa ni se celebrará un campeonato. El premio es mucho mayor: la vida eterna que Dios, por su infinito amor, ofrece a quienes desean caminar junto a Él.

 

Este partido no dura noventa minutos, sino toda nuestra existencia. El terreno de juego son nuestros hogares, el trabajo, la escuela, la calle y cada lugar donde vivimos. Cada palabra, cada decisión, cada gesto de amor o de egoísmo es una jugada que acerca o aleja nuestro corazón de Dios.

 

No jugamos solos. Nuestro entrenador es Jesucristo, el mejor Maestro. Él nos enseña la estrategia perfecta a través del Evangelio, de la oración y del ejemplo de su propia vida. Cuanto más escuchamos su Palabra, más aprendemos a amar, a perdonar y a servir.

 

El árbitro es Dios Padre. Solo Él conoce el momento en que concluirá nuestro partido. Por eso cada día es una oportunidad irrepetible para amar más y hacer el bien.

 

Además, contamos con un ayudante imprescindible: el Espíritu Santo. Invócalo con frecuencia. Él ilumina la inteligencia, fortalece el corazón, inspira las decisiones difíciles y nos da la fuerza necesaria para levantarnos después de cada caída.

 

¿Cómo marcar los goles que realmente cuentan?

 

· Ama a Dios por encima de todas las cosas y no dejes que el egoísmo, la soberbia o el afán de poseer ocupen el lugar que solo le corresponde a Él.

 

· Trata a todas las personas con respeto, paciencia y misericordia. Cada ser humano es un hijo amado de Dios y merece ser acogido con cariño.

 

· Comparte con generosidad tu tiempo, tus capacidades y tus bienes con quienes más lo necesitan. El amor siempre encuentra una forma de ayudar.

 

· Aprende a perdonar, como Cristo nos perdona cada día. El rencor divide; el perdón devuelve la paz al corazón.

 

· Vive conforme al Evangelio. Los mandamientos no son un peso, sino el camino que conduce a la verdadera felicidad. Los sacramentos son el alimento que fortalece nuestra vida cristiana.

 

· Mantén viva tu amistad con Dios mediante la oración diaria, la lectura de la Sagrada Escritura y la participación frecuente en la Santa Misa. Allí recibimos la fuerza necesaria para continuar el partido con alegría y esperanza.

 

· Si alguna vez fallas una jugada, no te desanimes. Cristo siempre está dispuesto a levantarte mediante el sacramento de la Reconciliación y a darte una nueva oportunidad para seguir jugando.

 

Recuerda: al final del partido, Dios no nos preguntará cuántos éxitos, riquezas o reconocimientos conseguimos, sino cuánto hemos amado.

 

Cada acto de bondad, cada palabra de consuelo, cada gesto de servicio y cada sacrificio ofrecido por amor son auténticos goles que permanecen para siempre.

 

¡Sal al campo con ilusión! Jesucristo juega a tu lado y toda la Iglesia anima desde la grada. Con María, nuestra Madre, y la ayuda del Espíritu Santo, procura que cada día termine con el marcador del amor un poco más alto.

 

Autor: Javier López

DESCANSAR EN JESÚS-MEDITACIÓN DEL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 5 DE JULIO DE 2026

 



 Descansar en Jesús


En el Evangelio de este domingo encontramos la invitación de Jesús. Dice así: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» ( Mt 11, 28). Cuando Jesús dice esto, tiene ante sus ojos a las personas que encuentra todos los días por los caminos de Galilea: mucha gente sencilla, pobres, enfermos, pecadores, marginados...

 

Esta gente lo ha seguido siempre para escuchar su palabra...¡Una palabra que daba esperanza! Las palabras de Jesús dan siempre esperanza y también para tocar incluso sólo un borde de su manto. Jesús mismo buscaba a estas multitudes cansadas y agobiadas como ovejas sin pastor (cf. Mt 9, 35-36) y las buscaba para anunciarles el Reino de Dios y para curar a muchos en el cuerpo y en el espíritu. Ahora los llama a todos a su lado: «Venid a mí», y les promete alivio y consuelo.

 

Esta invitación de Jesús se extiende hasta nuestros días, para llegar a muchos hermanos y hermanas oprimidos por precarias condiciones de vida, por situaciones existenciales difíciles y a veces privados de válidos puntos de referencia. En los países más pobres, pero también en las periferias de los países más ricos, se encuentran muchas personas cansadas y agobiadas bajo el peso insoportable del abandono y la indiferencia. La indiferencia: ¡Cuánto mal hace a los necesitados la indiferencia humana! Y peor, la indiferencia de los cristianos. 

 

En los márgenes de la sociedad son muchos los hombres y mujeres probados por la indigencia, pero también por la insatisfacción de la vida y la frustración. Muchos se ven obligados a emigrar de su patria, poniendo en riesgo su propia vida. Muchos más cargan cada día el peso de un sistema económico que explota al hombre, le impone un «yugo» insoportable, que los pocos privilegiados no quieren llevar. A cada uno de estos hijos del Padre que está en los cielos, Jesús repite: «Venid a mí, todos vosotros». Lo dice también a quienes poseen todo, pero su corazón está vacío y sin Dios. También a ellos Jesús dirige esta invitación: «Venid a mí». La invitación de Jesús es para todos. Pero de manera especial para los que sufren más.

 

Jesús promete dar alivio a todos, pero nos hace también una invitación, que es como un mandamiento: «Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» ( Mt 11, 29). El «yugo» del Señor consiste en cargar con el peso de los demás con amor fraternal. Una vez recibido el alivio y el consuelo de Cristo, estamos llamados a su vez a convertirnos en descanso y consuelo para los hermanos, con actitud mansa y humilde, a imitación del Maestro.

 

La mansedumbre y la humildad del corazón nos ayudan no sólo a cargar con el peso de los demás, sino también a no cargar sobre ellos nuestros puntos de vista personales, y nuestros juicios, nuestras críticas o nuestra indiferencia.

 

Invoquemos a María santísima, que acoge bajo su manto a todas las personas cansadas y agobiadas, para que a través de una fe iluminada, testimoniada en la vida, podamos ser alivio para cuantos tienen necesidad de ayuda, de ternura, de esperanza.


(PAPA FRANCISCO)

Ángelus  6 Julio 2014

ORACIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN-SÚPLICASA PARA TIEMPOS DIFÍCILES

 



 VIRGEN SANTÍSIMA DEL CARMEN

SÚPLICAS PARA TIEMPOS DIFÍCILES


Tengo mil dificultades:ayúdame.

De los enemigos del alma:sálvame.

En los desaciertos:ilumíname.

En mis dudas y penas:confórtame.

En mis soledades:acompáñame.

En mis enfermedades:fortaléceme.

Cuando me desprecien:anímame.

En las tentaciones:defiéndeme.

En las horas difíciles:consuélame.

Con tu corazón Maternal:ámame.

Con tu inmenso poder:protégeme.

Y en tus brazos al expirar:recíbeme.

Amén.


Rezar tres veces el Ave María.

EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 5 DE JULIO DE 2026

 


 

Domingo 14 (A) del tiempo ordinario

Domingo 5 de julio de 2026



1ª Lectura (Zac 9,9-10): Así dice el Señor: «Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra».



Salmo responsorial: 144

R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás.


El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.


Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.


El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan.

2ª Lectura (Rom 8,9.11-13): Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

Versículo antes del Evangelio (Cf. Mt 11,25): Aleluya. Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. Aleluya.

Texto del Evangelio (Mt 11,25-30): En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

»Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

«Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso»

P. Antoni POU OSB Monje de Montserrat

(Montserrat, Barcelona, España)


Hoy, Jesús nos muestra dos realidades que le definen: que Él es quien conoce al Padre con toda la profundidad y que Él es «manso y humilde de corazón» (Mt 11,29). También podemos descubrir ahí dos actitudes necesarias para poder entender y vivir lo que Jesús nos ofrece: la sencillez y el deseo de acercarnos a Él.


A los sabios y entendidos frecuentemente les es difícil entrar en el misterio del Reino, porque no están abiertos a la novedad de la revelación divina; Dios no deja de manifestarse, pero ellos creen que ya lo saben todo y, por tanto, Dios ya no les puede sorprender. Los sencillos, en cambio, como los niños en sus mejores momentos, son receptivos, son como una esponja que absorbe el agua, tienen capacidad de sorpresa y de admiración. También hay excepciones, e incluso, hay expertos en ciencias humanas que pueden ser humildes por lo que al conocimiento de Dios se refiere.


En el Padre, Jesús encuentra su reposo, y su paz puede ser refugio para todos aquellos que han sido maleados por la vida: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso» (Mt 11,28). Jesús es humilde, y la humildad es hermana de la sencillez. Cuando aprendemos a ser felices a través de la sencillez, entonces muchas complicaciones se deshacen, muchas necesidades desaparecen, y al fin podemos reposar. Jesús nos invita a seguirlo; no nos engaña: estar con Él es llevar su yugo, asumir la exigencia del amor. No se nos ahorrará el sufrimient

FELIZ DOMINGO!!!!





  

NOVENA EN HONOR A LA VIRGEN DEL CARMEN, DEL 7 AL 15 DE JULIO DE 2026

 


 

Novena a la Virgen del Carmen

Oraciones para cada día de la novena, la puedes hacer tantas veces desees, de manera especial los días previos a la festividad (7 al 15 de julio)

 Fuente: Catholic.net



Por la señal, etc.


ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Dios mío y Señor mío, postrado delante de vuestra Majestad Soberana, con todo mi ser, con toda mi alma y todo mi corazón te adoro, confieso, bendigo, alabo y glorifico. A ti te reconozco por mi Dios y mi Señor; en Ti creo, en Ti espero y en Ti confío. Me has de perdonar mis culpas y dar tu gracia y perseverancia en ella, y la gloria que tienes ofrecida a los que perseveran en tu amor. A Ti te amo sobre todas las cosas. A Ti confieso mi suma ingratitud y todas mis culpas y pecados, de todo lo cual me arrepiento y te pido me concedas benignamente el perdón. Pésame, Dios mío, de haberos ofendido, por ser Vos quien sois. Propongo firmemente, ayudado con vuestra divina gracia, nunca más pecar, apartarme de las ocasiones de ofenderos, confesarme, satisfacer por mis culpas y procurar en todo serviros y agradaros. Perdóname, Señor, para que con alma limpia y pura alabe a la santísima Virgen, Madre vuestra y Señora mía, y alcance por su poderosa intercesión la gracia especial que en este Novena pido, si ha de ser para mayor honra y gloria vuestra, y provecho de mi alma. Amén.




ORACIÓN INICIAL PARA TODOS LOS DÍAS

Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en esta Novena, si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo: (rezar tres avemarías)


ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Virgen santísima del Carmen; yo deseo que todos sin excepción se cobijen bajo la sombra protectora de tu santo Escapulario, que todos estén unidos a Ti, Madre mía, por los estrechos y amorosos lazos de esta tu querida Insignia. ¡Oh hermosura del Carmelo! Míranos postrados reverentes ante tu sagrada imagen, y concédenos benigna tu amorosa protección. Te recomiendo las necesidades de nuestro Santísimo Padre, el Papa, y las de la Iglesia Católica, nuestra Madre, así como las de mi nación y las de todo el mundo, las mías propias y las de mis parientes y amigos. Mira con ojos de compasión a tantos pobres pecadores, herejes y cismáticos, cómo ofenden a tu divino Hijo y a tantos infieles como gimen en las tinieblas del paganismo. Que todos se conviertan y te amen, Madre mía, como yo deseo amarte ahora y por toda la eternidad. Así sea.


DÍA PRIMERO

Comenzar con el acto de contrición y la oración.

ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que fuiste figurada en aquella nubecilla que el gran Profeta de Dios, Elías, vio levantarse del Mar, y con su lluvia fecundó copiosamente la tierra, significando la purísima fecundidad con que diste al mundo a tu querido Hijo Jesús, para remedio universal de nuestras almas: te ruego, Señora, me alcances de su majestad copiosas lluvias de auxilios, para que mi alma lleve abundantes frutos de virtudes y buenas obras, a fin de que sirviéndole con perfección en esta, vida, merezca gozarle en la eterna. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.

Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.


DÍA SEGUNDO

Comenzar con el acto de contrición y la oración.

ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que por tu singular amor a los Carmelitas los favoreciste con tu familiar trato y dulces coloquios, alumbrándolos con las luces de tu enseñanza y ejemplo de que dichosamente gozaron. Te ruego, Señora, me asistas con especial protección, alcanzándome de tu bendito Hijo Jesús luz para conocer su infinita bondad y amarle con toda mi alma; para conocer mis culpas y llorarlas para saber como debo comportarme a fin de servirle con toda perfección; y para que mi trato y conversación sean siempre para su mayor honra y gloria y edificación de mis prójimos. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.

Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.


DÍA TERCERO

Comenzar con el acto de contrición y la oración.

ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que te dignaste admitir con singular amor el obsequio filial de los Carmelitas, que entre todos los mortales fueron los primeros que en tu honor edificaron un templo en el Monte Carmelo, donde concurrían fervorosos a darte culto y alabanza. Te ruego, Señora, me alcances sea mi alma templo vivo de la Majestad de Dios, adornado de todas las virtudes, donde El habite siempre amado, adorado y alabado por mi, sin que jamás le ocupen los afectos desordenados de lo temporal y terreno. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.

Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.


DÍA CUARTO

Comenzar con el acto de contrición y la oración.

ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que para mostrar tu especialísimo amor a los Carmelitas les honraste con el dulce nombre de hijos y hermanos tuyos, alentando con tan singular favor su confianza, para buscar en ti, como en amorosa Madre, el remedio, el consuelo y el amparo en todas sus necesidades y aflicciones, moviéndoles a la imitación de tus excelsas virtudes. Te ruego, Señora, me mires, como amorosa Madre y me alcances la gracia de imitarte, de modo que dignamente pueda yo ser llamado también hijo tuyo, y que mi nombre sea inscrito en el  libro de la predestinación de los hijos de Dios y hermanos de mi Señor Jesucristo. Así Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.

Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.


DÍA QUINTO

Comenzar con el acto de contrición y la oración.

ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que para defender a los Carmelitas, tus hijos, cuando se intentaba extinguir la sagrada Religión del Carmen, mostrando siempre el amor y singular predilección con que los amparas, mandaste al Sumo Pontífice, Honorio III, los recibiese benignamente y confirmase su instituto, dándole por señal de que esta era tu voluntad y la de tu divino Hijo, la repentina muerte de dos que especialmente la contradecían. Te ruego, Señora, me defiendas de todos mis enemigos de alma y cuerpo, para que con quietud y paz viva siempre en el santo servicio de Dios y tuyo. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.

Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.


SEXTO DÍA

Comenzar con el acto de contrición y la oración.

ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que para señalar a los Carmelitas por especiales hijos tuyos, los enriqueciste con la singular prenda del santo escapulario, vinculando en él tantas gracias y favores para con los que devotamente lo visten y cumpliendo con sus obligaciones, procuran vivir de manera que imitando tus virtudes, muestran que son tus hijos. Te ruego, Señora, me alcances la gracia de vivir siempre como verdadero cristiano y cofrade amante del santo escapulario, a fin de que merezca lograr los frutos de esta hermosa devoción. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.

Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.


DÍA SÉPTIMO

Comenzar con el acto de contrición y la oración.

ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que en tu santo Escapulario diste a los que devotamente lo visten, un firmísimo escudo para defenderse de todos los peligros de este mundo y de las asechanzas del demonio, acreditando esta verdad con tantos y tan singulares milagros. Te ruego, Señora, que seas mi defensa poderosa en esta vida mortal, para que en todas las tribulaciones y peligros encuentre la seguridad, y en las tentaciones salga con victoria, logrando siempre tu especial asistencia para conseguirlo. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.

Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.


DÍA OCTAVO

Comenzar con el acto de contrición y la oración.

ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que ejerces tu especial protección en la hora de la muerte para con los que devotamente visten tu santo escapulario, a fin de que logren por medio de la verdadera penitencia salir de esta vida en gracia de Dios y librarse de las penas del infierno. Te ruego, Señora, me asistas, ampares y consueles en la hora de mi muerte, y me alcances verdadera penitencia, perfecta contrición de todos mis pecados, encendido amor de Dios y ardiente deseo de verle y gozarle, para que mi alma no se pierda ni condene, sino que vaya segura a la felicidad eterna de la gloria. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.

Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.


DÍA NOVENO

Comenzar con el acto de contrición y la oración.

ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que extendiendo tu amor hacia los Carmelitas, aún después de la muerte, como piadosísima Madre de los que visten tu santo escapulario consuelas sus almas, cuando están en el Purgatorio, y con tus ruegos consigues salgan cuanto antes de aquellas penas, para ir a gozar de Dios, nuestro Señor, en la gloria. Te ruego, Señora, me alcances de su divina Majestad cumpla yo con las obligaciones de cristiano y la devoción del santo escapulario, de modo que logre este singularísimo favor. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.

Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final. 





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