miércoles, 13 de noviembre de 2024

LECTURAS BÍBLICAS, IMÁGENES, MEDITACIONES Y ORACIONES A CRISTO REY - DOMINGO 24 DE NOVIEMBRE DE 2024 -SOLEMNIDAD

 



















 



JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO
Domingo 24 de noviembre - Solemnidad 2024:
Último domingo del Tiempo Ordinario.
Domingo 34 del tiempo ordinario: Jesucristo, Rey del Universo (B)



1ª Lectura (Dan 7,13-14): Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

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Salmo responsorial: 92
R/. El Señor reina, vestido de majestad.
El Señor reina, vestido de majestad, el Señor, vestido y ceñido de poder.

Así está firme el orbe y no vacila. Tu trono está firme desde siempre, y tú eres eterno.

Tus mandatos son fieles y seguros; la santidad es el adorno de tu casa, Señor, por días sin término.

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2ª Lectura (Ap 1,5-8): Hermanos míos: Gracia y paz a ustedes, de parte de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos, el soberano de los reyes de la tierra; aquel que nos amó y nos purificó de nuestros pecados con su sangre y ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes para su Dios y Padre. A Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
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Versículo antes del Evangelio (Mc 11,9.10): Aleluya. ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David! Aleluya.

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Texto del Evangelio (Jn 18,33-37): En aquel tiempo, Pilato dijo a Jesús: «¿Eres tú el Rey de los judíos?». Respondió Jesús: «¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?». Pilato respondió: «¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?». Respondió Jesús: «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí». Entonces Pilato le dijo: «¿Luego tú eres Rey?». Respondió Jesús: «Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz».




«Soy Rey. (...) Todo el que es de la verdad, escucha mi voz»
Rev. D. Frederic RÀFOLS i Vidal
(Barcelona, España)


Hoy, Jesucristo nos es presentado como Rey del Universo. Siempre me ha llamado la atención el énfasis que la Biblia da al nombre de “Rey” cuando lo aplica al Señor. «El Señor reina, vestido de majestad», hemos cantado en el Salmo 92. «Soy rey» (Jn 18,37), hemos oído en boca de Jesús mismo. «Bendito el rey que viene en nombre del Señor» (Lc 19,14), decía la gente cuando Él entraba en Jerusalén.

Ciertamente, la palabra “Rey”, aplicada a Dios y a Jesucristo, no tiene las connotaciones de la monarquía política tal como la conocemos. Pero, en cambio, sí que hay una cierta relación entre el lenguaje popular y el lenguaje bíblico respecto a la palabra “rey”. Por ejemplo, cuando una madre cuida a su bebé de pocos meses y le dice: —Tú eres el rey de la casa. ¿Qué está diciendo? Algo muy sencillo: que para ella este niñito ocupa el primer lugar, que lo es todo para ella. Cuando los jóvenes dicen que fulano es el rey del rock quieren decir que no hay nadie igual, lo mismo cuando hablan del rey del baloncesto. Entrad en el cuarto de un adolescente y veréis en la pared quiénes son sus “reyes”. Creo que estas expresiones populares se parecen más a lo que queremos decir cuando aclamamos a Dios como nuestro Rey y nos ayudan a entender la afirmación de Jesús sobre su realeza: «Mi Reino no es de este mundo» (Jn 18,36).

Para los cristianos nuestro Rey es el Señor, es decir, el centro hacia el que se dirige el sentido más profundo de nuestra vida. Al pedir en el Padrenuestro que venga a nosotros su reino, expresamos nuestro deseo de que crezca el número de personas que encuentren en Dios la fuente de la felicidad y se esfuercen por seguir el camino que Él nos ha enseñado, el camino de las bienaventuranzas. Pidámoslo de todo corazón, pues «dondequiera que esté Jesucristo, allí estará nuestra vida y nuestro reino» (San Ambrosio).





Jesucristo Rey del hogar




Comenzamos con una anécdota de hace ya muchos años, pues se remonta a Septiembre de 1907, cuando un sacerdote peruano, el santo misionero Padre Mateo, se presentaba ante el Papa San Pío X, que estaba ante la mesa de su escritorio, entretenido en cortar las hojas de un libro nuevo que acababa de llegarle.

- ¿Qué te ha pasado, hijo mío? Me han dicho que vienes de Francia...
- Sí, Santo Padre. Vengo de la capilla de las apariciones del Sagrado Corazón a Santa Margarita María. Contraje la tuberculosis, y, desahuciado de los médicos, fui a la Capilla a pedir al Sagrado Corazón la gracia de una santa muerte. Nada más me arrodillé, sentí un estremecimiento en todo mi cuerpo. Me sentí curado de repente. Vi que el Sagrado Corazón quería algo de mí. Y he trazado mi plan.

El Papa San Pío X aparentaba escuchar distraído, sin prestar mucha atención a lo que le decía el joven sacerdote, que parecía un poco soñador.

- Santo Padre, vengo a pedir su autorización y su bendición para la empresa que quiero iniciar.
- ¿De qué se trata, pues?
- Quiero lanzarme por todo el mundo predicando una cruzada de amor. Quiero conquistar hogar por hogar para el Sagrado Corazón de Jesús. Entronizar su imagen en todos los hogares, para que delante de ella se consagren a Él, para que ante ella le recen y le desagravien, para que Jesucristo sea el Rey de la familia. ¿Me lo permite, Santo Padre?

San Pío X era bastante bromista, y seguía cortando las hojas del libro, en aparente distracción. Ahora, sin decir palabra, mueve la cabeza con signo negativo. El Padre Mateo se extraña, y empieza a acongojarse:

- Santo Padre, pero si se trata de... ¿No me lo permite?
- ¡No, hijo mío, no!  -sigue ahora el Papa, dirigiéndole una mirada escrutadora y cariñosa, y pronunciando lentamente cada palabra-  ¡No te lo permito! Te lo mando, ¿entiendes?... Tienes mandato del Papa, no permiso. ¡Vete, con mi bendición!

A partir de este momento, empezaba la campaña de la Entronización del Corazón de Jesús en los hogares. Fue una llamarada que prendió en todo el mundo. Desde entonces, la imagen o el cuadro del Sagrado Corazón de Jesús ha presidido la vida de innumerables hogares cristianos. Jesucristo, el Rey de Amor, desde su imagen bendita ha acogido súplicas innumerables, ha enjugado torrentes de lágrimas y ha estimulado heroísmos sin cuento.

¿Habrá pasado a la historia esta práctica tan bella? Sobre todo, y aunque prescindamos de la imagen del Sagrado Corazón, ¿dejará de ser Jesucristo el Rey de cada familia?

Hoy la familia constituye la preocupación mayor de la Iglesia y de toda la sociedad en general. Porque vemos cómo el matrimonio se tambalea, muchas veces apenas contraído. El divorcio está a las puertas de muchas parejas todavía jóvenes. Los hijos no encuentran en la casa el ambiente en que desarrollarse sanamente, lo mismo en el orden físico que en el intelectual y el moral.

Partimos siempre del presupuesto de que la familia es la célula primera de la sociedad. Si esa célula se deteriora viene el temido cáncer, del que dicen que no es otra cosa sino una célula del cuerpo mal desarrollada.

Esto que pasa en el orden físico, y de ahí tantas muertes producidas por el cáncer, pasa igual en el orden social. El día en que hayamos encontrado el remedio contra esa célula que ya nace mal o ha empezado a deformarse, ese día habremos acabado con la mayor plaga moral que está asolando al mundo.

Todos queremos poner remedio a las situaciones dolorosas de la familia. Y todos nos empeñamos cada uno con nuestro esfuerzo y con nuestra mucha voluntad en hacer que cada casa llegue a ser un pedacito de cielo.

¿Podemos soñar, desde un principio, en algún medio para evitar los males que se han echado encima de las familias? ¿Podemos soñar en un medio para atraer sobre los hogares todos los bienes?

¡Pues, claro que sí! Nosotros no nos cansaremos de repetirlo en nuestros mensajes sobre la familia. Este medio es Jesucristo.

Empecemos por meter a Jesucristo en el hogar. Que Cristo se sienta invitado a él como en la boda de Caná. Que se meta en la casa con la libertad con que entraba en la de los amigos de Betania. Que viva en ella como en propia casa, igual que en la suya de Nazaret... Pronto en ese hogar se notará la presencia del divino Huésped y Rey de sus moradores. En el seno de esa familia habrá paz, habrá amor, habrá alegría, habrá honestidad, habrá trabajo, habrá ahorro, habrá esperanza, habrá resignación en la prueba, habrá prosperidad de toda clase.

Jesucristo, Rey universal, ¿no es Rey especialmente de la familia?... Acogido amorosamente en el hogar, con Él entrarán en la casa todos los bienes.


Autor: Pedro García, Misionero Claretiano / Fuente: Catholic.net / 




¿Por qué Jesucristo es Rey?
Cristo impera sobre nosotros, no sólo por derecho de naturaleza, sino también por derecho de conquista


Por: ACI Prensa | Fuente: ACI Prensa 




Desde la antigüedad se ha llamado Rey a Jesucristo, en sentido metafórico, en razón al supremo grado de excelencia que posee y que le encumbra entre todas las cosas creadas. Así, se dice que:

Reina en las inteligencias de los hombres porque El es la Verdad y porque los hombres necesitan beber de El y recibir obedientemente la verdad;
Reina en las voluntades de los hombres, no sólo porque en El la voluntad humana está entera y perfectamente sometida a la santa voluntad divina, sino también porque con sus mociones e inspiraciones influye en nuestra libre voluntad y la enciende en nobles propósitos;
Reina en los corazones de los hombres porque, con su supereminente caridad y con su mansedumbre y benignidad, se hace amar por las almas de manera que jamás nadie -entre todos los nacidos- ha sido ni será nunca tan amado como Cristo Jesús.
Sin embargo, profundizando en el tema, es evidente que también en sentido propio y estricto le pertenece a Jesucristo como hombre el título y la potestad de Rey, ya que del Padre recibió la potestad, el honor y el reino; además, siendo Verbo de Dios, cuya sustancia es idéntica a la del Padre, no puede menos de tener común con él lo que es propio de la divinidad y, por tanto, poseer también como el Padre el mismo imperio supremo y absolutísimo sobre todas las criaturas.

Ahora bien, que Cristo es Rey lo confirman muchos pasajes de las Sagradas Escrituras y del Nuevo Testamento. Esta doctrina fue seguida por la Iglesia -reino de Cristo sobre la tierra- con el propósito celebrar y glorificar durante el ciclo anual de la liturgia, a su autor y fundador como a soberano Señor y Rey de los reyes.

En el Antiguo Testamento, por ejemplo, adjudican el título de rey a aquel que deberá nacer de la estirpe de Jacob; el que por el Padre ha sido constituido Rey sobre el monte santo de Sión y recibirá las gentes en herencia y en posesión los confines de la tierra.

Además, se predice que su reino no tendrá límites y estará enriquecido con los dones de la justicia y de la paz: "Florecerá en sus días la justicia y la abundancia de paz... y dominará de un mar a otro, y desde el uno hasta el otro extrema del orbe de la tierra".


Por último, aquellas palabras de Zacarías donde predice al "Rey manso que, subiendo sobre una asna y su pollino", había de entrar en Jerusalén, como Justo y como Salvador, entre las aclamaciones de las turbas, ¿acaso no las vieron realizadas y comprobadas los santos evangelistas?

En el Nuevo Testamento, esta misma doctrina sobre Cristo Rey se halla presente desde el momento de la Anunciación del arcángel Gabriel a la Virgen, por el cual ella fue advertida que daría a luz un niño a quien Dios había de dar el trono de David, y que reinaría eternamente en la casa de Jacob, sin que su reino tuviera jamás fin.

El mismo Cristo, luego, dará testimonio de su realeza, pues ora en su último discurso al pueblo, al hablar del premio y de las penas reservadas perpetuamente a los justos y a los réprobos; ora al responder al gobernador romano que públicamente le preguntaba si era Rey; ora, finalmente, después de su resurrección, al encomendar a los apóstoles el encargo de enseñar y bautizar a todas las gentes, siempre y en toda ocasión oportuna se atribuyó el título de Rey y públicamente confirmó que es Rey, y solemnemente declaró que le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.

Pero, además, ¿qué cosa habrá para nosotros más dulce y suave que el pensamiento de que Cristo impera sobre nosotros, no sólo por derecho de naturaleza, sino también por derecho de conquista, adquirido a costa de la redención? Ojalá que todos los hombres, bastante olvidadizos, recordasen cuánto le hemos costado a nuestro Salvador, ya que con su preciosa sangre, como de Cordero Inmaculado y sin tacha, fuimos redimidos del pecado. No somos, pues, ya nuestros, puesto que Cristo nos ha comprado por precio grande; hasta nuestros mismos cuerpos son miembros de Jesucristo.






Celebrar a Cristo Rey
¡Lo proclamamos nosotros a los cuatro vientos con humildad gozosa! Sobre todo, con la fidelidad diaria a nuestros deberes cristianos.


Por: Pedro García, Misionero Claretiano | Fuente: Catholic.net 




Último Domingo de Calendario Litúrgico, dedicado a celebrar la festividad de Jesucristo Rey.

Una solemnidad moderna que nos gusta mucho a los creyentes.

Instituida por la Iglesia precisamente en los tiempos de la democracia, para demostrar que la soberanía de Jesucristo no tiene condicionamientos humanos, ni es Jesucristo un Jefe elegido por votación popular, ni va a ser un día echado de su trono o suplantado por otro rival que le venga a privar de sus derechos.

Empezamos por escuchar al mismo Jesús, que reivindica su condición real ante una autoridad civil, la cual le puede hacer pagar caro su atrevimiento de proclamarse Rey.

Condenado ya como blasfemo por la Asamblea del pueblo judío, Jesús es llevado al tribunal de Roma, que no se va a meter en cuestiones religiosas sino en asuntos civiles.

Y empieza Pilato por la pregunta clave:
- ¿Tú eres el rey de los judíos?
Jesús sabe muy bien que esto no lo puede decir Pilato por cuenta suya, sino por otros que se los han ido a contar para prevenirlo en contra del acusado. Así que Jesús le pregunta a su vez:
- ¿Lo dices esto por ti mismo, o porque otros te lo han dicho de mí?
Pilato se molesta un poco, aunque le muestra a Jesús respeto y temor:
- ¿Acaso yo soy judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?
Jesús le contesta, porque la pregunta es sincera, y, además, se la hace la autoridad:
- Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuese de este mundo, mis vasallos hubiesen luchado por mí, para no ser entregado a los judíos. Pero mi reino no es de aquí abajo.
Hay mucha dignidad en estas palabras de Jesús, de modo que Pilato, pagano y que nada sabe de la religión judía, sospecha algo misterioso. Por eso vuelve a la primera pregunta, haciéndosela más concreta:
- Entonces, ¿tú eres rey?
Jesús sigue el diálogo con Pilato en un plano de mucha seriedad y sinceridad:
- Sí; yo soy rey. Para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Quien es de la verdad, escucha mi palabra.
Pilato no entiende. Pero se da cuenta de que tiene delante de sí a una persona muy especial. De ahí sus esfuerzos por salvarlo de las iras y del griterío que le viene de la calle, azuzada como está la gente por los jefes del pueblo. Su pecado, como le insinuará después el mismo Jesús, es estar haciendo caso a los enemigos personales de este reo en vez de atender los gritos de su conciencia. Jesús le deja como palabra última a Pilato esta confesión:
- Yo soy rey. Aunque mi reino no es de este mundo.
Y Pilato, que quede tranquilo... Jesús no causará ningún problema a los romanos, desde el momento que le asegura que su reino no es político sino espiritual, no de este mundo sino del otro...

Juan escribe su Evangelio para los cristianos, y más que narrar con taquigrafía el dialogo de Jesús con Pilato, quiere hacer ver que aquella calumnia lanzada contra Jesús --de que había sido condenado por revoltoso contra Roma--, carecía de todo fundamento.

La Iglesia de nuestros días ha reflexionado mucho sobre este hecho de la realeza de Jesucristo. Y ha mantenido y mantiene una fiesta que para muchos es inoportuna.

El mundo -que se aleja de Dios con un laicismo y una secularización tan peligrosos, ha de saber que por encima de los acontecimientos humanos y sobre los gustos de la sociedad hay un Rey que reivindica los derechos de Dios.

Ese mundo debe rendirse a Dios, y Jesucristo se proclama Rey para ser el primer testigo de la verdad.

A su Iglesia la constituye signo visible de esta autoridad que Él mantiene sobre el Reino de Dios en el mundo, y le encarga transformar las estructuras sociales de un modo conforme con el querer de Dios.
Jesucristo es Rey, y por eso hace de nosotros los cristianos un pueblo real, libre de toda esclavitud.

En particular nosotros los seglares --instruidos por el Concilio--, sabemos que participamos de la realeza de Jesucristo; somos reconocidos como encargados de promocionar a la persona humana; y se nos encarga meter el Evangelio en la sociedad como el fermento en la masa, llenando del espíritu de Jesucristo todas las realidades sociales, ya que estamos metidos dentro de todas las vicisitudes del pueblo.

Esta nuestra vocación dentro del Pueblo de Dios es un testimonio de la realeza de Cristo.

Porque, si Jesucristo no fuera Rey y no tuviera el dominio y la soberanía sobre todos los hombres y sobre todas las cosas, ¿con qué derecho y autoridad, o con qué título legítimo, nos presentaríamos nosotros ante los demás para hacerles cambiar de opinión, para mudar sus estructuras y modos de ser, para transformar el mundo conforme a nuestro parecer y nuestros gustos?... Aunque este parecer y estos gustos no son nuestros --afortunadamente--, sino del mismo Jesucristo y de su Iglesia.
¡Jesucristo es Rey!

Lo proclamamos nosotros a los cuatro vientos con humildad gozosa.
Lo proclamaron con valentía ante las balas muchos mártires modernos.

Y esta fe que profesan nuestros labios, la queremos proclamar, sobre todo, con la fidelidad diaria a nuestros deberes cristianos..



ORACIÓN A CRISTO REY

¡Oh Cristo Jesús! Os reconozco por Rey universal. Todo lo que ha sido hecho, ha sido creado para Vos. Ejerced sobre mí todos vuestros derechos.

Renuevo mis promesas del Bautismo, renunciando a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y prometo vivir como buen cristiano. Y muy en particular me comprometo a hacer triunfar, según mis medios, los derechos de Dios y de vuestra Iglesia. 

¡Divino Corazón de Jesús! Os ofrezco mis pobres acciones para que todos los corazones reconozcan vuestra Sagrada Realeza, y que así el reinado de vuestra paz se establezca en el Universo entero. Amén.




Consagración de la humanidad para
el día de Cristo Rey por el Papa Pío XI


¡Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano! Miradnos humildemente postrados; vuestros somos y vuestros queremos ser, y a fin de vivir más estrechamente unidos con vos, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día a vuestro Sacratísimo Corazón.

Muchos, por desgracia, jamás, os han conocido; muchos, despreciando vuestros mandamientos, os han desechado. ¡Oh Jesús benignísimo!, compadeceos de los unos y de los otros, y atraedlos a todos a vuestro Corazón Santísimo.

¡Oh Señor! Sed Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Vos, sino también de los pródigos que os han abandonado; haced que vuelvan pronto a la casa paterna, que no perezcan de hambre y miseria.

Sed Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Vos; devolvedlos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe para que en breve se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor.

Sed Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría; dignaos atraerlos a todos a la luz de vuestro reino. 

Conceded, ¡oh Señor!, incolumidad y libertad segura a vuestra Iglesia; otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haced que del uno al otro confín de la tierra no resuene sino ésta voz: ¡Alabado sea el Corazón divino, causa de nuestra salud! A Él se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos. Amén.



Oraciones a Cristo Rey



Oración

¡Oh Jesús! Te reconozco por Rey Universal
Todo cuanto ha sido hecho Tú lo has creado
Ejerce sobre mí todos tus derechos
Renuevo las promesas de mi bautismo, 
renunciado a Satanás, a sus seducciones y a sus obras; 
y prometo vivir como buen cristiano
Muy especialmente me comprometo a procurar, según mis medios, 
el triunfo de los derechos de Dios y de tu Iglesia
Divino Corazón de Jesús, te ofrezco mis pobres obras 
para conseguir que todos los corazones reconozcan tu sagrada realeza y para que así se establezca en todo el mundo el Reino de tu Paz.



Oración: Que viva mi Cristo

Que viva mi Cristo, que viva mi Rey
que impere doquiera triunfante su ley,
que impere doquiera triunfante su ley.

¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey!
Mexicanos un Padre tenemos
que nos dio de la patria la unión
a ese Padre gozosos cantemos,
empuñando con fe su pendón.

Él formó con voz hacedora
cuanto existe debajo del sol;
de la inercia y la nada incolora
formó luz en candente arrebol.

Nuestra Patria, la Patria querida,
que arrulló nuestra cuna al nacer
a Él le debe cuanto es en la vida
sobretodo el que sepa creer.

Del Anáhuac inculto y sangriento,
en arranque sublime de amor,
formó un pueblo, al calor de su aliento
que lo aclama con fe y con valor.

Su realeza proclame doquiera
este pueblo que en el Tepeyac,
tiene enhiesta su blanca bandera,
a sus padres la rica heredad.

Es vano que cruel enemigo
Nuestro Cristo pretenda humillar.

De este Rey llevarán el castigo
Los que intenten su nombre ultrajar.





















 





EL EVANGELIO DE HOY MIÉRCOLES 13 DE NOVIEMBRE DE 2024

 



Miércoles 32 del tiempo ordinario

Miércoles 13 de noviembre de 2024



1ª Lectura (Tit 3,1-7): Recuérdales que se sometan al gobierno y a las autoridades, que los obedezcan, que estén dispuestos a toda forma de obra buena, sin insultar ni buscar riñas; sean condescendientes y amables con todo el mundo. Porque antes también nosotros, con nuestra insensatez y obstinación, íbamos fuera de camino; éramos esclavos de pasiones y placeres de todo género, nos pasábamos la vida fastidiando y comidos de envidia, éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros. Mas cuando ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre, no por las obras de justicia que hayamos hecho nosotros, sino que según su propia misericordia nos ha salvado, con el baño del segundo nacimiento y con la renovación por el Espíritu Santo; Dios lo derramó copiosamente sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador. Así, justificados por su gracia, somos, en esperanza, herederos de la vida eterna.



Salmo responsorial: 22

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.


Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.


Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.


Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.

Versículo antes del Evangelio (1Tes 5,18): Aleluya. Dad gracias siempre, unidos a Cristo Jesús, pues esto es lo que Dios quiere que vosotros hagáis. Aleluya.

Texto del Evangelio (Lc 17,11-19): Un día, de camino a Jerusalén, Jesús pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!». Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes».

Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?». Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado».




«Postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias»

P. Conrad J. MARTÍ i Martí OFM

(Valldoreix, Barcelona, España)


Hoy, Jesús pasa cerca de nosotros para hacernos vivir la escena mencionada más arriba, con un aire realista, en la persona de tantos marginados como hay en nuestra sociedad, los cuales se fijan en los cristianos para encontrar en ellos la bondad y el amor de Jesús. En tiempos del Señor, los leprosos formaban parte del estamento de los marginados. De hecho, aquellos diez leprosos fueron al encuentro de Jesús en la entrada de un pueblo (cf. Lc 17,12), pues ellos no podían entrar en las poblaciones, ni les estaba permitido acercarse a la gente («se pararon a distancia»).


Con un poco de imaginación, cada uno de nosotros puede reproducir la imagen de los marginados de la sociedad, que tienen nombre como nosotros: inmigrantes, drogadictos, delincuentes, enfermos de sida, gente en el paro, pobres... Jesús quiere restablecerlos, remediar sus sufrimientos, resolver sus problemas; y nos pide colaboración de forma desinteresada, gratuita, eficaz... por amor.


Además, hacemos más presente en cada uno de nosotros la lección que da Jesús. Somos pecadores y necesitados de perdón, somos pobres que todo lo esperan de Él. ¿Seríamos capaces de decir como el leproso «Jesús, maestro, ten compasión de mi» (cf. Lc 17,13)? ¿Sabemos recurrir a Jesús con plegaria profunda y confiada?


¿Imitamos al leproso curado, que vuelve a Jesús para darle gracias? De hecho, sólo «uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios» (Lc 17,15). Jesús echa de menos a los otros nueve: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?» (Lc 17,17). San Agustín dejó la siguiente sentencia: «‘Gracias a Dios’: no hay nada que uno puede decir con mayor brevedad (...) ni hacer con mayor utilidad que estas palabras». Por tanto, nosotros, ¿cómo agradecemos a Jesús el gran don de la vida, propia y de la familia; la gracia de la fe, la santa Eucaristía, el perdón de los pecados...? ¿No nos pasa alguna vez que no le damos gracias por la Eucaristía, aun a pesar de participar frecuentemente en ella? La Eucaristía es —no lo dudemos— nuestra mejor vivencia de cada día. 

FELIZ MIÉRCOLES!!!!

 





 

domingo, 10 de noviembre de 2024

PAPA FRANCISCO: QUE MARÍA NOS AYUDE A COMBATIR LA GRAN TENTACIÓN DE LA HIPOCRESÍA

 



 Papa Francisco: Que María nos ayude a combatir la “gran tentación” de la hipocresía

Crédito: Vatican News - Por Walter Sánchez Silva

10 de noviembre de 2024



El Papa Francisco pidió a la Virgen María que nos ayude a combatir la “gran tentación” de la hipocresía, antes del rezo del ángelus este domingo en la Plaza de San Pedro en el Vaticano.

“Que la Virgen María nos ayude a combatir en nosotros la tentación de la hipocresía –Jesús les dice hipócritas, es una gran tentación la hipocresía– y nos ayude a hacer el bien sin apariencias y con sencillez”, señaló el Santo Padre en su reflexión sobre el Evangelio de hoy (Mc 12, 38-44), en el que Jesús denuncia “la actitud hipócrita de algunos escribas”.

Estos personajes, encargados de transcribir e interpretar las Escrituras, eran tenidos en gran consideración por el pueblo, pero “más allá de las apariencias, su comportamiento a menudo no se correspondía con lo que enseñaban. No eran coherentes”, precisó el Papa Francisco.

“Algunos, en efecto, con el prestigio y el poder de que gozaban, menospreciaban a los demás –es muy feo esto de mirar a las otras personas de arriba abajo– se daban aires de superioridad y, ocultándose tras una fachada de pretendida respetabilidad y legalismo, se arrogaban privilegios e incluso llegaban a cometer auténticos robos contra los más débiles, como las viudas”, como la del Evangelio que da todo lo que tiene para la ofrenda.

El Papa Francisco destacó que, en los escribas, “incluso la oración corría el riesgo de dejar de ser para ellos un momento de encuentro con el Señor y convertirse en una ocasión de ostentación de respetabilidad y piedad fingida, útil para atraer la atención de la gente y obtener su aprobación”.

“Se comportaban como personas corruptas, no todos, alimentando un sistema social y religioso en el que era normal aprovecharse a espaldas de los demás, especialmente de los más indefensos, cometiendo injusticias y garantizando la impunidad. De esas personas Jesús recomienda alejarse, ‘tener cuidado’, no imitarlas”, dijo el Pontífice.

Al contrario, precisó el Papa, con su palabra y su ejemplo, Jesús “enseña cosas muy distintas sobre la autoridad. Habla de ella en términos de sacrificio de uno mismo, de servicio humilde (Mc 10,42-45), de ternura maternal y paternal hacia las personas (Lc 11,11-13), especialmente hacia los necesitados (Lc 10,25-37)”.

“Jesús invita a quienes están investidos de ella a mirar a los demás, desde su posición de poder, no para humillarlos, sino para levantarlos, dándoles esperanza y ayuda”.

El Santo Padre preguntó entonces a todos: “¿Cómo me comporto en mis ámbitos de responsabilidad? ¿Actúo con humildad, o me enorgullezco de mi posición? ¿Soy generoso y respetuoso con las personas, o las trato de modo rudo y autoritario? Y con mis hermanos y hermanas más frágiles, ¿estoy cerca de ellos, puedo agacharme para ayudarles a levantarse?”.

ADVIENTO 2024: CALENDARIO, LECTURAS Y ORACIONES PARA CADA DOMINGO



Adviento 2024: calendario, lecturas y oraciones para cada domingo

Roberto Alcántara Flores


El tiempo de Adviento 2024 va del domingo 1 de diciembre al martes 24 de diciembre. Te ofrecemos la guía de lecturas bíblicas y las respectivas oraciones para cada uno de los cuatro domingos de este tiempo litúrgico.

Primer Domingo de Adviento: 1 de diciembre de 2024

Segundo Domingo de Adviento: 8 de diciembre de 2024

Tercer Domingo de Adviento: 15 de diciembre de 2024

Cuarto Domingo de Adviento: 22 de diciembre de 2024


¿Qué es el Adviento?

La Iglesia Católica propone, antes del 25 de diciembre, fiesta de la Natividad del Señor, un tiempo de preparación espiritual que abarca cuatro domingos. Este tiempo se llama Adviento, que quiere decir “venida”. Durante este tiempo litúrgico nos unimos a la Virgen María en su espera de su Hijo Jesús, que ya lleva en su seno.




Corona de Adviento 2024, ¿en qué orden se encienden las velas?

La Corona de Adviento nos acompaña durante este tiempo, pues cada domingo encendemos una de sus cuatro velas, conforme al siguiente calendario:

Primer vela de la Corona de Adviento (Morada) se enciende el 1º Domingo de Adviento, que este año es el 1 de diciembre.

Segunda vela de la Corona de Adviento (Morada) se enciende el 2º Domingo de Adviento, que este año es el 8 de diciembre.

Tercera vela de la Corona de Adviento (Rosa) se enciende el 3º Domingo de Adviento, que este año es el 15 de diciembre.

Cuarta vela de la Corona de Adviento (Morada) se enciende el 4º Domingo de Adviento, que este año es el 22 de diciembre.

Quinta vela de la Corona de Adviento (Blanca) se enciende la tarde-noche del 24 de diciembre.





Las lecturas bíblicas del Adviento 2024

En la Misa de cada uno de los domingos de Adviento, el contenido de las lecturas nos ayuda a prepararnos para la gran solemnidad de la Navidad. Estas son las lecturas del Evangelio correspondientes a cada uno de los domingos de Adviento 2024.




Primer Domingo de Adviento 2024: 1 de diciembre 

(Lc 21, 25-28. 34-36)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra, las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar; la gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad. Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación. Estén alerta, para que los vicios, con el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos; porque caerá de repente como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra. Velen, pues, y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre”. Palabra de Dios.


Segundo Domingo de Adviento 2024: 8 de diciembre (Lc 3, 1-6)

En el año décimo quinto del reinado del César Tiberio, siendo Poncio Pilato procurador de Judea; Herodes, tetrarca de Galilea; su hermano Filipo, tetrarca de las regiones de Iturea y Traconítide; y Lisanias, tetrarca de Abilene; bajo el pontificado de los sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino la palabra de Dios en el desierto sobre Juan, hijo de Zacarías. Entonces comenzó a recorrer toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de penitencia para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro de las predicciones del profeta Isaías:


Ha resonado una voz en el desierto:

Preparen el camino del Señor,

hagan rectos sus senderos.

Todo valle será rellenado,

toda montaña y colina, rebajada;

lo tortuoso se hará derecho,

los caminos ásperos serán allanados

y todos los hombres verán la salvación de Dios. Palabra del Señor.



Tercer Domingo de Adviento 2024: 15 de diciembre (Lc 3, 10-18)

En aquel tiempo, la gente le preguntaba a Juan el Bautista: “¿Qué debemos hacer?” Él contestó: “Quien tenga dos túnicas, que dé una al que no tiene ninguna, y quien tenga comida, que haga lo mismo”.

También acudían a él los publicanos para que los bautizara, y le preguntaban: “Maestro, ¿qué tenemos que hacer nosotros?” Él les decía: “No cobren más de lo establecido”. Unos soldados le preguntaron: “Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer?” Él les dijo: “No extorsionen a nadie, ni denuncien a nadie falsamente, sino conténtense con su salario”.

Como el pueblo estaba en expectación y todos pensaban que quizá Juan era el Mesías, Juan los sacó de dudas, diciéndoles: “Es cierto que yo bautizo con agua, pero ya viene otro más poderoso que yo, a quien no merezco desatarle las correas de sus sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Él tiene el bieldo en la mano para separar el trigo de la paja; guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue”.

Con éstas y otras muchas exhortaciones anunciaba al pueblo la buena nueva. Palabra del Señor.




Cuarto Domingo de Adviento 2024: 22 de diciembre (Lc 1, 39-45)

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea y, entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”. Palabra del Señor



Oraciones para cada domingo de Adviento 2024


Oración para el Primer Domingo de Adviento 2024:

 1 de diciembre

Señor Jesús, en este Primer Domingo de Adviento, venimos ante Ti con un corazón contrito y humillado, pues somos conscientes de nuestra pequeñez. En medio de la angustia y el miedo que nos rodea, confiamos en Tu promesa de liberación. Ayúdanos, pues, a mantenernos vigilantes y firmes en nuestra fe, alejados de los vicios y preocupaciones que nos desvían de Ti. Fortalece nuestra oración continua para que, cuando llegue el día, podamos encontrarnos dignos ante Tu gloriosa presencia. Amén.


Oración para el Segundo Domingo de Adviento 2024:

 8 de diciembre

Señor Jesús, en este Segundo Domingo de Adviento, queremos seguir preparándonos para recibirte. Con humildad, te pedimos que nos ayudes a preparar el camino para Tu llegada, haciendo rectos “nuestros senderos” y llenando “nuestros valles” de amor. Que “nuestras montañas” de orgullo sean rebajadas y “nuestras colinas” de egoísmo sean transformadas en humildad. Permítenos allanar los caminos ásperos con tu gracia y hacer que lo tortuoso se enderece con tu verdad. Que, al hacerlo, podamos experimentar y mostrar a todos la salvación que Tú nos ofreces. Amén.

Oración para el Tercer Domingo de Adviento 2024:

 15 de diciembre

Señor Jesús, en este Tercer Domingo de Adviento, venimos ante Ti con el corazón dispuesto a vivir según Tu voluntad, para recibirte. Ayúdanos a compartir generosamente con aquellos que tienen necesidad, a actuar con justicia y honestidad en nuestras responsabilidades diarias, y a no ser codiciosos ni injustos. Que podamos prepararnos para Tu venida con un corazón humilde, reconociendo que sólo Tú, Señor Jesús, eres el Camino, la Verdad y la Vida. Amén.


Oración para el Cuarto Domingo de Adviento 2024:

 22 de diciembre

Señor Jesús, en este Cuarto Domingo de Adviento, te alabamos por el encuentro lleno de gozo entre tu mamita María y tu tía Isabel. Te pedimos que nos llenes del Espíritu Santo y nos concedas la misma alegría y gratitud por Tu presencia en nuestras vidas. Que podamos vivir en plena confianza en Tus promesas y ser testigos de Tu amor y Tu gracia. Prepáranos, en esta última semana de Adviento, para recibirte con un corazón puro, para que podamos experimentar la alegría de Tu salvación. Amén.




 

DONALD TRUMP PUEDE AGRADECER A LOS CATÓLICOS POR SU VICTORIA EN EE.UU.


 

Donald Trump puede agradecer a los católicos por su victoria en EE.UU.

Por Paul Kengor


En las semanas previas a las elecciones presidenciales del 5 de noviembre, algo curioso estaba sucediendo entre los votantes cristianos evangélicos que preocupó profundamente al movimiento pro vida y a los defensores de la libertad religiosa.

En elecciones pasadas, el voto evangélico había sido el más confiable para los candidatos republicanos conservadores. Ese voto salía en masa a las urnas. Los evangélicos blancos apoyaban al candidato pro vida con dos tercios, tres cuartos o más votos. También eran activistas confiables, hacían campaña para conseguir votos, repartían folletos y se ofrecían como voluntarios en las urnas.

Sin embargo, en el año 2024, esos evangélicos parecían descontentos con Donald Trump, o al menos, menos entusiastas. Su menor apoyo tenía en vilo a los católicos conservadores, preocupados por lo que percibían una amenaza profunda, real y sin precedentes a los avances pro vida y a la libertad religiosa por parte de Kamala Harris. ¿Qué harían esos católicos sin esos evangélicos?

Pues bien, a juzgar por las encuestas a boca de urna, esos católicos responderían votando con entusiasmo y de manera abrumadora por la fórmula presidencial republicana.

Se manifestaron tan decididamente a favor de la fórmula de Donald Trump y del católico JD Vance que compensaron cualquier disminución en el número de evangélicos.

En las próximas semanas veremos distintos resultados de las encuestas sobre el voto católico. Diferirán, al igual que las distintas organizaciones de sondeos tenían diferentes estimaciones para predecir la presidencia y otras contiendas. Pero, por el momento, los números de católicos a favor de Trump son extraordinarios.

Una encuesta a boca de urna de NBC News muestra que los católicos preferían la opción Trump-Vance a la opción Harris-Walz por un enorme 58% frente al 40% (los católicos representan el 22% de todos los votantes). Entre los católicos blancos, el margen fue del 61% frente al 35%. La encuesta de boca de urna de The Washington Post muestra un margen del 56% a 41%.


Los márgenes entre estados en los estados claves también son extraordinarios.

Según los datos recopilados y publicados por la organización Catholic Vote, los católicos de Michigan votaron por Trump-Vance frente a Harris-Walz por un asombroso margen de 20%. En Pensilvania, los católicos también se mostraron decisivos por Trump, con un 14%. En Wisconsin, fue el 16%. En Carolina del Norte, el 17%. En Florida, el margen fue más asombroso: 29%.

En los estados donde el margen de victoria de Trump fue de apenas el 1% o 2%, los votos católicos marcaron la diferencia. Brian Burch, de Catholic Vote, lo expresó de esta manera: “Los votantes católicos desempeñaron un papel decisivo en la histórica victoria de Donald Trump y JD Vance… Estas cifras son impactantes y podrían resultar el mayor margen entre los católicos en una carrera presidencial en décadas”.


Eso bien podría ser cierto.

La yuxtaposición con las elecciones anteriores es bastante sorprendente. En la mayoría de las elecciones presidenciales, el voto católico tiende a reflejar el voto general. La palabra “católico” significa “universal”, y la Iglesia en Estados Unidos también es universal en la forma en que tiende a representar al público votante en general. 

Como los católicos han comprendido el 20%-30% de la población estadounidense durante mucho tiempo, con republicanos, demócratas e independientes dispersos entre ellos, constituyen una muestra natural del tamaño del país en su conjunto. Ese voto “católico” incluirá tanto a quien comulga a diario como a la persona que entra por la puerta de la parroquia solo una o dos veces al año, en Navidad o Pascua.

Un predictor más elocuente del voto es la seriedad religiosa (a falta de una mejor descripción). El autoidentificado católico que nunca falta a Misa el domingo o va a Misa todos los días, y tiende a ser devotamente pro vida en lo que respecta al aborto, es más probable que vote por los republicanos. 

Por el contrario, si el autoidentificado católico que rara vez va a Misa, tiene una perspectiva en gran medida secular y apoya la posición pro-choice (n.d.r. pro aborto) y la agenda LGBTQIA+, es más probable que vote por los demócratas.

En resumen, esto significa que, en la mayoría de las elecciones, el “voto católico” general tiende a reflejar el voto estadounidense en general. Si el miércoles por la mañana el voto católico final fue de 53% contra 47% para el candidato X, entonces el candidato X, ya sea republicano o demócrata, probablemente ganó la elección general (aunque ciertamente no siempre). 

También significaría que, en 2024, si el margen de victoria final de Trump sobre Harris termina siendo de 51% contra 48%, esperaríamos que el voto católico fuera similar en porcentaje..

Sin embargo, esta vez fue profundamente diferente. El voto católico se inclinó por el ganador, el presidente electo Trump, en números mucho más claros. ¿Por qué? Veo varias razones clave:

En primer lugar, una gran parte del voto católico en Estados Unidos es latino. En estas elecciones, Trump obtuvo un resultado excelente entre los latinos: al menos 40% de ellos, tal vez incluso el 45% según algunas estimaciones, en comparación con el rango de entre el 30% y el 35% en 2020 y 2016. Eso, por sí solo, aumentó el voto católico a favor de Trump en 2024.

En segundo lugar, los católicos que se han preocupado por las cuestiones provida, la libertad religiosa y las cuestiones morales, culturales y sexuales, como la agenda LGBTQIA+, el “matrimonio” entre personas del mismo sexo y, especialmente la locura “trans” (la “transición” de género, los hombres biológicos en los deportes femeninos, los vestuarios, los baños, etc.), vieron la candidatura Trump-Vance como su mejor opción, si no la única. 

Claro, como muchos evangélicos en los últimos tiempos, los católicos provida podrían haber estado preocupados por el hecho de que Donald Trump restara importancia a la cuestión del aborto en 2024, ya que Trump y Vance enfatizaron que el tema ha sido en gran medida transferido a los estados después de la decisión Dobbs de junio de 2022. 

Pero esos católicos también saben que Trump en su mandato anterior les dio a los tres jueces cruciales de la Corte Suprema (Neil Gorsuch, Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett) que les dieron Dobbs, fallo que revocó Roe v. Wade y Planned Parenthood v. Casey.

Inesperadamente Trump resultó ser un presidente provida excepcional. Además, durante su mandato, la Casa Blanca no se iluminó con los colores de la bandera del arco iris ni promovió el Mes del Orgullo y toda la locura de la agenda de los derechos de los homosexuales y la ideología de género radical.

Por el contrario, bajo la administración Biden, esa agenda extremista se aceleró al máximo. ¿Por qué el presidente Joe Biden, un demócrata de la vieja escuela (y católico) que antes era más moderado en estas cuestiones, las abrazó con todo?

A medida que el deterioro cognitivo de Biden se hizo más evidente, los católicos se preguntaron si tal vez alguien más en la administración había estado impulsando esa agenda tóxica. ¿Podría haber sido la vicepresidenta de Biden? Tal vez sí. En realidad esa era una apuesta clara.

Eso me lleva al tercer factor que influyó en los votos católicos para Trump en 2024, a saber: fue un voto católico contra la vicepresidenta Harris y Tim Walz.

En toda la historia de Estados Unidos, el país nunca había visto una candidatura presidencial tan extremista como Harris y Walz en cuestiones morales y culturales.

En el caso de Harris, esto se hizo evidente en sus declaraciones y acciones durante los últimos cuatro años como vicepresidenta, muchas de las cuales la campaña de Trump convirtió en anuncios de televisión. Pero lo que más la atormentó fueron sus acciones anticatólicas antes de convertirse en vicepresidenta, tanto en California como fiscal general como en Washington como senadora. 

En California, persiguió enérgicamente a los centros provida de embarazo y acosó a David Daleiden por su noble y valiente labor de denunciar el insidioso negocio de las “partes fetales” de la industria del aborto. La mayoría de los católicos se horrorizaron con lo que descubrió Daleiden. 

Harris, sin embargo, se horrorizó con Daleiden. En su cálculo moral, Daleiden era el malo, no Planned Parenthood. Por lo tanto, no apuntó a los vendedores de partes de bebés, sino al hombre que los expuso. En California, Planned Parenthood no tuvo mejor aliado ni luchador más feroz que Kamala Harris.

En Washington, en el Comité Judicial del Senado, una Harris hostil sorprendió a todos con su trato a los candidatos judiciales católicos como el juez Brian Buescher, simplemente por ser miembro de los Caballeros de Colón. La senadora Harris dudaba de que Buescher fuera apto para servir en el Tribunal de Distrito de Estados Unidos en Nebraska, dado que pertenecía a lo que ella consideraba una organización enigmática y dogmática “anti-choice”, a la que describió despectivamente como “una sociedad exclusivamente masculina compuesta principalmente por hombres católicos”.

A lo largo de la campaña de 2024, la candidata Harris dejó en claro que nada la apasiona tanto como el aborto. El aborto parecía estar en toda su publicidad. Los chicos que veían partidos de fútbol los domingos por la tarde eran atacados con anuncios abortistas de Harris-Walz, que se les lanzaban repetidamente. Estaba obsesionada con el tema. 

Fue revelador que en su discurso de concesión, por lo demás amable, en la Universidad Howard el 6 de noviembre, Harris hiciera una pausa una vez más para subrayar sus "sueños, ambiciones y aspiraciones" de que "las mujeres de Estados Unidos tengan la libertad de tomar decisiones sobre su propio cuerpo".

No sé qué rumbo tomará la carrera de Harris a partir de ahora, pero no me sorprendería verla terminar como presidenta no de los Estados Unidos de América, sino de Planned Parenthood. Ahí es donde está su corazón. Y muchos católicos lo encontraron desconcertante, por no decir horrendo.

Los católicos también se sintieron ofendidos por la falta de un acercamiento significativo de Harris hacia ellos. En una decisión increíblemente tonta, se negó a asistir a la cena anual de Al Smith en la ciudad de Nueva York. Incluso Hillary Clinton en 2016 sabía que no debía hacerlo. Clinton asistió y se la vio partiendo el pan y riendo y sonriendo con su archirrival Trump. 

La mayor risa de Trump en la cena de 2024 se produjo cuando bromeó diciendo que Harris no podía asistir porque estaba en Michigan recibiendo la comunión de la gobernadora católica Gretchen Whitmer (otro desaire a los católicos fieles durante la temporada de campaña de 2024).

Esa acción y otras fueron denunciadas por algunos católicos como un “desaire” y un ejemplo de la hostilidad de Harris hacia ellos. Bill Donohue, de la Liga Católica, dijo que Harris, a lo largo de la campaña, demostró una “clara animadversión contra los católicos”.

En cuanto al compañero de fórmula de Harris, Walz es un ex católico que no ayudó mucho a Harris con los católicos fieles. Podría decirse que está a la izquierda de Harris en cuestiones morales y culturales. De hecho, esa fue la razón por la que Harris eligió a Walz y le gustó. Ciertamente no fue porque sintiera que lo necesitaba para ganar en Minnesota. 

Si hubiera querido un compañero de fórmula más moderado que la ayudara a ganar en un estado clave, habría elegido al gobernador de Pensilvania, Josh Shapiro. Todo el mundo se quedó atónito cuando Harris, ese día de agosto en Filadelfia, pasó por alto a Shapiro en favor del desconocido Walz. Electoralmente no tenía sentido. Sólo tenía sentido ideológico. Ella eligió a un alma gemela en cuanto a la ideología radical.

Por esas y otras razones, millones de católicos apoyaron a Trump y se opusieron a Harris. Por supuesto, hubo otras razones políticas más convencionales, incluido el factor principal que citan los estadounidenses en general para preferir a Trump: la economía. También hubo cuestiones de política exterior. 

En mi estado natal, Pensilvania, los católicos de clase trabajadora se sintieron atraídos por Trump y se alejaron de Harris por cuestiones como el fracking.

Por último, debo resaltar un factor particularmente positivo a favor de Trump que se destacó cada vez más para muchos católicos fieles, después del 13 de julio de 2024. Sí, desde el tiroteo de Trump que ocurrió ese día en Butler, mi ciudad natal, Pensilvania. Ese día, y aparentemente todos los días y en diversas manifestaciones desde entonces, Donald Trump públicamente, repetidamente, atribuyó a Dios el haberle salvado la vida. Está convencido de que la Providencia lo salvó. 

Es claro que el hombre se sintió profundamente afectado y humillado. No, nunca ha sido un hombre humilde. Sin embargo, estar cerca de la muerte puede cambiarlo a uno.

Trump y su familia dieron, abiertamente, crédito a Dios e incluso a ángeles de la guarda por haber sobrevivido. Sorprendió a todos al emitir un comunicado en sus plataformas de redes sociales el día de los Santos Ángeles, invocando la protección de San Miguel Arcángel. Apenas unos días antes de las elecciones, emitió un bonito comunicado con motivo del Día de Todos los Santos.

Los cínicos desestimarán estas propuestas como si fueran meramente políticas, como un vulgar llamado a los votantes católicos. Creo que eso es injustificado, incluso poco caritativo. 

El hombre recibió una bala a escasos centímetros de su cráneo. Ese momento sin duda lo cambió. Así como sorprendentemente se volvió más provida con el paso de los años, el presidente electo podría estar volviéndose más religioso a nivel personal. Los católicos se han dado cuenta.

Hay mucho más que se podría decir en este análisis sobre por qué los católicos apoyaron con tanta fuerza a Trump el día de las elecciones. Pero, en general, de todos los temas que animan a los católicos que vemos en las bancas de la iglesia todos los domingos, o todos los días, ellos vieron a Trump-Vance como una mejor apuesta para proteger su libertad religiosa y en cuestiones morales como la santidad y dignidad de la vida humana, el matrimonio entre hombres y mujeres y la cordura sexual y de género, que Harris-Walz. Y emitieron su veredicto de manera decisiva el 5 de noviembre.

Donald Trump, puedes agradecerles por tu gran victoria.


Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa. Publicado originalmente en el National Catholic Register. 

EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 10 DE NOVIEMBRE DE 2024

 

Domingo 32 (B) del tiempo ordinario

Domingo 10 de noviembre de 2024



1ª Lectura (1Re 17,10-16): En aquellos días, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba». Mientras iba a buscarla, le gritó: «Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan». Respondió ella: «Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos».


Respondió Elías: «No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: ‘La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra’». Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.



Salmo responsorial: 145

R/. Alaba, alma mía, al Señor.

Que mantiene su fidelidad perpetuamente, que hace justicia a los oprimidos, que da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos.


El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos.


Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad.

2ª Lectura (Heb 9,24-28): Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres imagen del auténtico, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros. Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena; si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde el principio del mundo. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo. Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio. De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, a los que lo esperan, para salvarlos.

Versículo antes del Evangelio (Mt 5,3): Aleluya. Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Aleluya.

Texto del Evangelio (Mc 12,38-44): En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»

Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero; muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales.

Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»





«Todos han echado de lo que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba»

Pbro. José MARTÍNEZ Colín

(Culiacán, México)


Hoy, el Evangelio nos presenta a Cristo como Maestro, y nos habla del desprendimiento que hemos de vivir. Un desprendimiento, en primer lugar, del honor o reconocimiento propios, que a veces vamos buscando: «Guardaos de (…) ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes» (cf. Mc 12,38-39). En este sentido, Jesús nos previene del mal ejemplo de los escribas.

Desprendimiento, en segundo lugar, de las cosas materiales. Jesucristo alaba a la viuda pobre, a la vez que lamenta la falsedad de otros: «Todos han echado de lo que les sobraba, ésta [la viuda], en cambio, ha echado de lo que necesitaba» (Mc 12,44).

Quien no vive el desprendimiento de los bienes temporales vive lleno del propio yo, y no puede amar. En tal estado del alma no hay “espacio” para los demás: ni compasión, ni misericordia, ni atención para con el prójimo.

Los santos nos dan ejemplo. He aquí un hecho de la vida de san Pío X, cuando todavía era obispo de Mantua. Un comerciante escribió calumnias contra el obispo. Muchos amigos suyos le aconsejaron denunciar judicialmente al calumniador, pero el futuro Papa les respondió: «Ese pobre hombre necesita más la oración que el castigo». No lo acusó, sino que rezó por él.

Pero no todo terminó ahí, sino que —después de un tiempo— al dicho comerciante le fue mal en los negocios, y se declaró en bancarrota. Todos los acreedores se le echaron encima, y se quedó sin nada. Sólo una persona vino en su ayuda: fue el mismo obispo de Mantua quien, anónimamente, hizo enviar un sobre con dinero al comerciante, haciéndole saber que aquel dinero venía de la Señora más Misericordiosa, es decir, de la Virgen del Perpetuo Socorro.

¿Vivo realmente el desprendimiento de las realidades terrenales? ¿Está mi corazón vacío de cosas? ¿Puede mi corazón ver las necesidades de los demás? «El programa del cristiano —el programa de Jesús— es un “corazón que ve”» (Benedicto XVI). 

BUENOS DÍAS!!!

 





 
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