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domingo, 6 de agosto de 2017

LOS ADVENTISTAS LE ENSEÑARON A ODIAR A LA IGLESIA, PERO ELLA SE ENAMORÓ DEL SANTÍSIMO Y HOY ES MONJA

Los adventistas le enseñaron a odiar a la Iglesia pero ella se enamoró del Santísimo y hoy es monja
Sor María Faustina tuvo que vencer la influencia que los adventistas habían dejado en ella


Por: J. Lozano | Fuente: Religión en Libertad 



Mireily Rodríguez Vargas es una joven puertorriqueña que cambió su nombre por el de sor María Faustina cuando profesó sus votos como dominica en el convento de Nuestra Señora del Rosario de Fátima en Texas (EEUU). Pero su vocación llegó tras una conversión dura, después de haber estado bajo la influencia de las enseñanzas de los adventistas. Cuando descubrió la verdad sobre la Iglesia Católica se le abrió un mundo que le fascinó hasta tal punto que decidió entregar su vida por completo.

Fue criada en una familia católica pero no demasiado practicante y eran sus compañeros de colegio los que le decían que la Virgen María había tenido más hijos, hasta llegarse a convencer de ello. A los 16 años tras un duro acontecimiento familiar aparecieron en su vida los adventistas. “Por insistencia de un familiar, comencé a ir a clase con ellos. Al principio consistía en contestar las preguntas de unos folletos, luego el pastor vino a darnos la clase personalmente, creo que era una vez por semana”, recuerda.

El odio a la Iglesia y al Papa
Después de esto, fue invitada a un taller denominado “Descubriendo la verdad” y que tenía como objetivo realizar en ella un lavado de cerebro. Cuenta la hermana María Faustina que “trataba de cómo la Iglesia Católica era la ‘gran ramera del Apocalipsis’ y el Santo Padre, ‘la bestia del profeta Daniel”.

Una vez que concluyó este taller tocaba ser “bautizada” como adventista. La joven estaba muy confundida pero “no creía eso sobre la Iglesia Católica”. Finalmente, una amiga suya decidió no bautizarse por lo que ella tomó la misma decisión.

La importante labor de su abuela
Fue su abuela la que finalmente tomó cartas en el asunto y alejó a los adventistas de su nieta y acudió a una Iglesia Católica para que pudiera apuntarse a catecismo. Sin embargo, el tiempo que había pasado en contacto con los adventistas había hecho mella en ella. “Ya no amaba a la Virgen María, a la cual tenía devoción de pequeña”, cuenta en su testimonio. Además, añade que en ese momento “pensaba que no necesitaba ir a la iglesia, porque un lugar de cuatro paredes con Biblia y Agua Bendita podía ser mi cuarto”. Incluso, creía que “los cuadros, aun los no religiosos, eran idolatría por lo que había aprendido con los Adventistas sobre los 10 mandamientos.

Todo cambió con la catequesis de adultos
Sin embargo, en 2007 logró iniciar las catequesis de adultos. “Mi vida cambió. A través de las catequesis del sacerdote encargado, de una religiosa y todo el equipo de catequistas que acompañaban al programa, empecé a aprender mucho, a cuestionarme cosas sobre la fe”, relata la propia María Faustina.

Mientras tanto, su abuela seguía perseverando y acompañaba a su nieta a misa todos los domingos, sin excepción. “Empecé a ver a Dios como un padre amoroso” y su vida empezó a cambiar, motivo por el cual “se alejaron muchos amigos y empecé a tener problemas con un novio que en aquel entonces tenía”.

El bello recuerdo de su primera comunión
Así llegó su primera confesión durante un Domingo de Ramos, que según define ella misma, fue “como sacer muchos clavos de mi corazón” por lo que “me sentí otra persona”. Y en la Vigilia Pascual llegó por fin su primera comunión, que “fue un momento tan bello, único de sentir a mi Dios por primera vez en mí. Desde ese día me sentí más unida a Dios, de una forma diferente. Mi forma de ver la vida cambió, para verla un poco más sobrenatural”.

Todo lo que guardaba en su interior que aprendió con los adventistas iba desapareciendo.

Y más tarde el descubrimiento de la Adoración
Mientras tanto, ella seguía descubriendo fascinada la belleza de la Iglesia Católica: “En mi vida espiritual, empezaba por aquel entonces a descubrir a Jesús en el Sagrario y en la Exposición. Me llamaba tanto la atención ver a tanta gente arrodillada allí que me propuse ir un día. Cuál fue mi sorpresa que al llegar, sentí algo que me puso de rodillas y comencé a llorar porque sentí una presencia tan grande, tan santa y superior a mí que llenaba todo mi ser. Desde ese día, Jesús Eucaristía fue el amor de mi vida”.

Poco después se produjo otro acontecimiento clave en la vida de esta joven pues fue la que empezó a abrir en ella la vocación. Y es que buscando libros católicos, se topó un día con el diario de Santa Faustina. “Me entró la curiosidad de ver qué escribiría una monja. Cuando comencé a leerla, me enamoró su espiritualidad, su forma de tratar al Esposo de su alma. Me llenó el corazón cuando leí su historia vocacional y me pregunté qué haría si Jesús me llamara a mí también”.

"Jamás seré monja"
Esta fue la primera vez que rondó por su cabeza la idea de la vocación a la vida religiosa. Pero el miedo podía más por lo que intentó enterrar esos sentimientos. Pronto también empezaron a preguntarla por si se había planteado irse a un convento por lo que se cerró en banda y ella una y otra vez respondía que “jamás seré monja”.

Pero la vida que llevaba no le llenaba. Ni su trabajo, ni sus amigos conseguían llenar lo que sólo Dios podía hacer. Y de nuevo pasó por su cabeza la idea de la vocación hasta que por fin aceptó ir a una de las charlas vocacionales a las que antes había rechazado acudir en numerosas ocasiones.

Las palabras del profeta Jeremías
Lo que escuchó en aquella charla hizo mucha mella en esta joven puertorriqueña. La misma cita de Jeremías que dice “antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado…” la perseguía por todos lados y aparecía en todo momento, en su música, en la iglesia, en las lecturas que abría al azar…

Ahí se convenció de que Dios la llamaba para la vida consagrada pese a que seguía resistiéndose. Tenía dos sueños sobre la vocación y con la ayuda de su director espiritual pudo interpretarlos. “Soñaba que pedía entrar en una congregación y me decían que allí no era y me daban un velo negro. El sacerdote me decía que era la Orden Dominica, pero yo me resistía”, cuenta sor María Faustina.

El claro mensaje de la Virgen
Al final se encomendó a Santa Faustina y Santa Teresita para que le ayudaran a discernir su vocación además de realizar la Consagración a la Virgen durante 33 días.“Mamá María no se hizo esperar y una mañana amanecí con la certeza de que Dios me llamaba y que iba a entrar con las Hermanas Dominicas de Nuestra Señora del Rosario de Fátima”.

Dios se lo puso todo muy fácil desde aquel momento y ahora ella, Sor María Faustina, es feliz en este convento texano. “Dios ha hecho maravillas en mi vida, me ha hecho una nueva creatura y a pesar de mis pecados y defectos hace su obra en mí para hacerme una esposa santa para su Gloria”, concluye esta religiosa.

jueves, 27 de julio de 2017

LA HISTORIA DEL CATÓLICO DE EL SALVADOR QUE SALVÓ 40 MIL JUDÍOS DEL HOLOCAUSTO


La historia del católico de El Salvador que salvó 40 mil judíos del holocausto






SAN SALVADOR, 27 Jul. 17 / 04:23 pm (ACI).- José Arturo Castellanos fue un católico de El Salvador que durante la Segunda Guerra Mundial sirvió como diplomático en la ciudad de Ginebra (Suiza) y allí logró salvar a 40 mil judíos del exterminio de los nazis.

Este gesto hizo que en julio del año 2010 se le concediera póstumamente el título de “Justo entre las naciones” otorgado a los no judíos por Yad Vashem, una institución del gobierno de Israel constituida para honrar la memoria de los mártires y héroes del Holocausto. Este título también ha sido otorgado a sacerdotes, religiosas y otros laicos que salvaron a los judíos en esa época.

En julio de 2016, el Papa Francisco tuvo un encuentro en el campo de concentración de Auschwitz (Birkenau), ubicado en Polonia, con los representantes de algunos “justos entre las naciones” que ya habían fallecido.

José Arturo Castellanos nació en 1893 en El Salvador en el seno de una familia católica y de militares. En su juventud decidió ingresar al ejército al igual que su padre y comenzó a desarrollar una brillante carrera. En 1930 viajó a Europa para completar su educación.

Una biografía suya publicada en el sitio web de Yad Vashem indica que a los 44 años el coronel Castellanos fue enviado como diplomático a Inglaterra y en 1938 fue designado a Alemania.

Allí fue testigo de la persecución a los judíos por el régimen nazi. Ante esto preguntó a sus superiores si podía concederles visas para que estos pudieran escapar del país, pero su petición fue negada.


Sin embargo, Castellanos no se rindió y en 1939 envió una carta al Ministro de Relaciones de El Salvador donde describió la situación de los judíos y le pedía ayuda. Este requerimiento también le fue negado.

El sitio web del documental “Castellanos Movie” elaborado por sus nietos Álvaro y Boris Castellanos, señala que el coronel desobedeció las órdenes recibidas del gobierno de su país y comenzó a extender visas y nacionalidades salvadoreñas a los judíos para evitar que fueran enviados por los nazis a los campos de concentración, donde eran obligados a realizar trabajos forzados en condiciones inhumanas o asesinados.

En 1942 Castellanos asumió el cargo de cónsul de El Salvador en Ginebra. Allí nombró a George Mandel-Mantello, un refugiado judío de origen rumano que era amigo suyo, como primer secretario del consulado para llevar a cabo la “acción salvadoreña”.

El coronel autorizó a Mandel-Mantello a entregar de forma clandestina pasaportes y certificados de ciudadanía salvadoreña a los judíos. La institución Yad Vashem explicó que quienes obtuvieran estos beneficios estaban a salvo debido a que El Salvador era considerado un país neutral, al no ser partidario de ninguno de los bandos que combatieron durante la Segunda Guerra Mundial.

Castellanos hizo que la expedición de más de 13 mil documentos salvadoreños no tuviera ningún costo. Estos papeles fueron enviados a través de sus contactos a los judíos que residían en Francia, Hungría, Alemania, Holanda, Eslovaquia y Rumania.

Según indica el sitio web de “Castellanos Movie”, bastaba con la emisión de un solo documento para salvar a una familia completa.

A través de esta labor desarrollada entre los años 1942 y 1945, Castellanos logró salvar a unos 40 mil judíos. La institución Yad Vashem señaló que tras las elecciones de 1944, el nuevo presidente de El Salvador, Salvador Castaneda Castro, hizo que, a diferencia de su predecesor, su país se involucrara en la protección de los judíos en lugares como Hungría y brindó apoyo a Castellanos en su misión de rescate.

Actualmente miles de estos certificados que otorgan la nacionalidad salvadoreña a los judíos en Europa se encuentran exhibidos en el Museo del Holocausto en Washington (Estados Unidos).

Castellanos se casó con María Schürmann, originaria de Suiza, y la pareja tuvo tres hijos. Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial en 1945 fue enviado a Londres y se jubiló en 1972 a los 79 años de edad.

Regresó a El Salvador donde llevó una vida tranquila hasta que falleció en 1977, sin que se le otorgara ningún reconocimiento por su labor de rescate a los judíos.

Después de su muerte, diversas instituciones comenzaron a realizar homenajes en memoria del coronel Castellanos.

En el año 2010, cuando se anunció que se le otorgaría el título de “Justo entre las naciones”, el Ministro de Relaciones Exteriores de El Salvador, Hugo Martínez, dijo que el diplomático salvadoreño se “destacó por su humanismo y por su trabajo en beneficio de una población que en su momento era perseguida y que estaba amenazada existencialmente".

Por su parte, el embajador de Israel en el país centroamericano, Mattanya Cohen, indicó que Castellanos es el cuarto latinoamericano en recibir este homenaje.

A fines de junio de 2017 las embajadas de Israel y El Salvador ante la Santa Sede realizaron un evento en Roma (Italia) para honrar la memoria y el trabajo de  José Arturo Castellanos. Allí también se transmitió un video del testimonio de un judío que consiguió la ciudadanía salvadoreña y pudo escapar con su familia.

Un comunicado de prensa donde se anuncia este evento, publicado en el sitio web de las Misiones Diplomáticas de Israel en el Mundo, describió que Castellanos “en una época donde muchos permanecieron indiferentes antes los sufrimientos del ser humano, él fue uno de los pocos héroes que enfrentaron un mal absoluto para salvar la vida de miles de judíos”.

viernes, 21 de julio de 2017

EL CAMINO DE UNA FAMILIA ENTERA AL CATOLICISMO

El camino de una familia entera al catolicismo
La autenticidad de la Iglesia, respuesta a una vida alejada y de enfado hacia Dios


Por: J.L. | Fuente: Religion en Libertad 



Durante muchos años se cerró a la vida premeditadamente debido a la vasectomía que se hizo su marido. Esta cerrazón también se lo dio a Dios, al que achacaba sus sufrimientos de la infancia y los males que azotaban el mundo. Pero poco a poco su corazón se fue abriendo y toda la familia entró a la vez a formar parte de la Iglesia Católica. Ellos mismos hablan de una nueva creación.

Vijaya Bodach, madre de dos hijos, nació en India y era la pequeña de cuatro hermanos. Y de niña iba a una iglesia metodista donde ya desde pequeña se enamoró de Cristo. “No tengo memoria de no estar en conversación con Él. Siempre estaba presente en mi mente y recuerdo haberme caído de sillas y mesas porque le estaba haciendo un hueco”, cuenta.

Esta relación con Dios tan pura se alimentaba con las historias bíblicas que su madre le contaba. Siempre tenía presente a su ángel de la guarda. “Vivía sin ningún tipo de miedo”.

La ruptura familiar le arrebató la fe de su infancia
Pero una serie de acontecimientos hicieron tambalear su infancia y su amor a Jesús.Los relata en su blog. Primero su padre se fue a Alemania a estudiar y después se fue a Estados Unidos. Un año después, toda la familia se reunió en aquel país. Pero no duró demasiado su estancia allí puesto que el matrimonio de sus padres se rompió y la familia se dividió. Ella volvió con su madre y dos hermanos a India mientras que su padre se quedó en Estados Unidos con uno de ellos.

“Sólo sabía que después de regresar a la India, no sólo había perdido a la mitad de mi familia sino que también había perdido a mi mejor amigo, Jesús”, cuenta.

A los 10 años leyó el Diario de Ana Frank y siguió sin entender por qué tanto sufrimiento. “¡No podía creer que Dios permitiera semejante carnicería, y encima a su pueblo elegido! Este problema de sufrimiento era algo que mi madre no podía responder. Ella me dijo que tuviera fe, pero yo la estaba perdiendo”.

Lujuria y lejanía hacia Dios
Ya en la adolescencia se dijo que quería aliviar el sufrimiento de la gente cuando fuera mayor ya que Dios no lo hacía y dejó de orar porque era “inútil”. Ese día lloró por su amigo perdido pero poco dejó de pensar en Dios hasta olvidarse completamente de Él.

Iba a la iglesia para no entristecer aún más a su madre y en ese tiempo conoció al que hoy es su marido, pero entonces era una relación basada, tal y como ella define, en la “lujuria”.

“Cuando mi madre murió ya no había razón para ir a la iglesia después del funeral”, recuerda Vijaya. En ese momento, empezó una década de “decadencia” centrada en vivir única y exclusivamente para sí misma. “Agradezco a mi ángel de la guarda por protegerme porque seguramente si hubiera muerto a los 20 años estaría en el infierno. Habría rechazado la misericordia de Dios porque francamente, no creía que la necesitara. Había perdido todo sentido del pecado”.

Cerrados a la vida
Tras diez años de noviazgo con Michael, en el que cada uno se ponía por delante del otro, finalmente decidieron casarse aunque sólo después de cinco años decidieron ampliar la familia. Nacieron Max y Dagny y rápidamente se cerraron a la vida tras realizarse su marido la vasectomía.

En un curso de lectura y escritura, Vijaya conoció a personas creyentes de las que se hizo amiga. “Molly y yo nos quedábamos hasta tarde hablando de libros y fe y ella fue quien me dijo que yo era la peor atea del mundo. Podía ver la pequeña llama de Dios dentro de mí aunque yo no fuera consciente”, recuerda en su testimonio.


El 11-S sacudió la conciencia de su marido
Pero al igual que una serie de acontecimientos le alejaron de Dios, otros sucesos de la vida les fueron llevando de nuevo hacia Él. Esta mujer confiesa que “mi camino de fe está ligado a Michael. Había crecido sin fe y a veces pienso que mi pérdida de la fe era necesaria para que estuviéramos juntos. La tragedia sacudió suelo americano el 11-S y a Michal le llegó hasta el tuétano”.

En ese momento él también empezó a replantearse su vida y sus principios. A la vez los niños comenzaban la escuela y ambos sufrían por la respuesta que debían dar ante la cultura permisiva y contra la ley natural que enseñaban a sus hijos. Por primera vez en muchos años ella empezó a pensar Jesús y en su infancia feliz junto a Él.

El sorprendente regalo de una Biblia
Por su cuenta, Michael compró una biblia para toda la familia y como si volviera a su niñez, Vijaya vio como en familia leían las historias que aparecían en el libro sagrado. Así fue como se convencieron de que debían acudir a la iglesia pero no sabían a cuál.

De hecho, se percataron de que muchas de estas iglesias habían hecho propia la ideología de la que ellos huían hasta que un día vieron una iglesia en la que se anunciaba: “ninguna doctrina extraña”. Era la Iglesia Católica.

Lloraba por estara de vuelta en casa
El domingo fueron a misa todos juntos y ella se derrumbó. “Lloré y lloré porque estaba en casa. Mis hijos nunca me habían visto llorar así, así que tuve que insistirles en que era porque estaba feliz. Michael me dijo que para él todo aquello era muy extraño porque lo único que sabía de la misa católica era de películas como El Padrino”.

Se encontró con una Iglesia abierta pero firme, lo cual le gustó a este matrimonio. Y pronto les invitaron a un catecumenado de adultos antes de ser todos bautizados. Aunque antes Vijaya tuvo que ir derribando, a veces con dolor, prejuicios y muros que le alejaban de Dios desde la infancia.

"No somos los mismos"
“Oigo que es muy raro que familias enteras entren en la Iglesia Católica pero Dios no ha concedido todas las gracias. Nuestros domingos se reservaron automáticamente para ir a la Iglesia”, afirma ella.

Y es que su vida es otra: “No somos los mismos. Somos nuevas creaciones de Cristo. Podríamos tener el mismo aspecto, mantener el mismo trabajo, tener las mismas aficiones, pero ya no somos las mismas personas y ya no podemos seguir viviendo de la forma en que solíamos hacerlo. Michael y yo abrimos de nuevo nuestro matrimonio a la vida”.
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