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martes, 27 de junio de 2017

6 MENSAJES EQUIVOCADOS QUE DAS A TUS HIJOS CADA VEZ QUE FALTAS A MISA UN DOMINGO


6 mensajes equivocados que das a tus hijos cada vez que faltas a misa un domingo


Nuestros hijos no solo aprenden de lo que nos ven hacer: también sacan conclusiones de lo que nos ven NO hacer.


Por: Becky Roach | Fuente: Catholic-link.com 




¿Qué le estamos transmitiendo a nuestros hijos cuando llega un domingo, ¡aunque solo sea algunos domingos al año!, y decidimos no ir a misa con la excusa que sea? Es lo que explica Becky Roach, madre de cinco hijos que vive en Ohio (Estados Unidos), en un post de su blog en Catholic Link:

Un padre no necesita mucho tiempo para darse cuenta de que nuestros hijos absorben todo lo que hacemos y decimos. Recuerdo la primera vez que escuché a mi pequeña de dos años soltar un largo suspiro y decir: “¡Oh, Dios mío! ¡No puedo más!”. Su tono y su expresión eran exactamente las mías.

A veces te das de bruces con tus propios pecados a través de las palabras y las acciones de tus hijos.

Recientemente acudí a un bautizo en el que el sacerdote recordó a los presentes que sería a través de sus acciones como los niños que iban a ser bautizados conocerían a Dios y cómo comportarse ante Él. Si el niño nos ve rezando, aprenderá que la oración es importante, pero si el niño no ve nunca en su vida comunicación alguna de la gente con Dios, aprenderá que la oración no es necesaria.

Aunque ninguno de nosotros es perfecto, tenemos la responsabilidad de intentar seguir los modelos de comportamiento que queremos que los niños imiten. Y los niños aprenden tanto de lo que hacemos, como de lo que no hacemos. Si no convertimos ir a la iglesia en una prioridad cada domingo, eso le está diciendo mucho al corazón de nuestros hijos sobre la fe y sobre la vida.

Hay seis cosas que los niños aprenden cuando te saltas la misa dominical.

1. Dios es importante, pero no tan importante.
Si Dios me encaja bien, magnífico, pero solo si me conviene. El fútbol, dormir o ...(pon aquí cualquier actividad)... son más importantes que hacer el esfuerzo de estar con Dios una hora a la semana.

2. Dios no quiere realmente decir lo que dice.
Sí, santificar las fiestas es un mandamiento de la Ley de Dios, pero... Dios no entiende lo atareado que estoy o cuántos hijos tengo o lo cansado que estoy, así que soy yo quien decide, según las circunstancias de mi vida, lo que Él quiere decir con ese mandamiento... y con todos los demás mandamientos. A nosotros nos corresponde seleccionar y elegir qué leyes de Dios queremos seguir.

3. La Iglesia no espera realmente de nosotros que aceptemos sus enseñanzas.
Sí, hay un mandamiento de la Iglesia de ir a misa los domingos, pero la Iglesia no comprende lo atareado que estoy o cuántos hijos tengo o lo cansado que estoy, así que soy yo quien decide, según las circunstancias de mi vida, lo que la Iglesia quiere decir realmente con ese precepto.

4. La misa va solo de mí y de lo que yo saco de ella.
Cuando vamos y venimos de misa según nuestro capricho, parecemos olvidar que ir a misa construye la comunidad eclesial. Tu parroquia puede necesitarte como lector, o para cantar en el coro, o para recoger la colecta. Ver a tu familia en la Iglesia podría ser justo la cosa que una persona anciana necesita para alegrar su solitario domingo. Hay muchas razones por las que somos una comunidad de fe y nos juntamos para rendir culto a Dios.

5. Cuando las cosas son difíciles o aburridas, no tengo que hacerlas.
Si no vamos a misa y le decimos a nuestros hijos que es porque la misa es “aburrida” o que “no sacamos nada de ella”, nuestros hijos aprenden que solo tenemos que hacer las cosas que son divertidas y emocionantes. Esto, sencillamente, no es verdad, ni en lo que concierne a la fe ni en lo que concierne a la vida diaria. La mayor parte de la gente no encuentra divertido ni emocionante pagar sus impuestos, pero aun así tenemos que hacerlo.

6. Dudamos de la Presencia Real de Jesucristo en la Eucaristía y de las gracias que recibimos comulgando.
Si crees realmente que Jesucristo está presente en la Eucaristía y que viene a nosotros cada domingo en misa, ¿qué te aparta de Él? ¿Por qué no querrías recibir las gracias que Él ha prometido por medio de este increíble regalo? Nuestro Catecismo nos enseña que “la Eucaristía es el corazón y la cumbre de la vida de la Iglesia, pues en ella Cristo asocia su Iglesia y todos sus miembros a su sacrificio de alabanza y acción de gracias ofrecido una vez por todas en la cruz a su Padre; por medio de este sacrificio derrama las gracias de la salvación sobre su Cuerpo, que es la Iglesia” (1407).

Queridos padres, sé y comprendo perfectamente lo difícil que es llevar a los niños a la iglesia. A menudo, cuando acaba la misa, me siento como si acabase de participar en un torneo de lucha. Por mucho que lo planifique y prepare, muchísimos días los niños son algo menos que angelicales.

Es una batalla. Pero es una batalla que vale la pena librar. No hay mejor lugar para llevar a nuestros hijos que a los pies de Jesús. No hay mejor lección que enseñarles que poner a Dios siempre en primer lugar, sea lo que sea lo que esté pasando en nuestra vida y lo difícil que resulte ir a misa.

Adivina: ¿qué pasará si esperas a llevar los niños a misa a que se comporten mejor o a que tu vida no esté tan ajetreada? Que eso no pasará.

Satanás siempre nos ofrecerá una excusa para que nos saltemos la celebración de la más elevada forma de oración que tenemos en la tierra, pero Dios siempre nos dará las gracias para responder con un “sí” cuando le pidamos que nos ayude.

Convierte la misa dominical en algo que tu familia haga invariablemente unida. Créeme, la bendiciones y gracias que recibirás por esta disciplina transformarán tu vida familiar de forma poderosa.

Artículo originalmente publicado, en inglés, en Catholic-Link.com
Traducido y adaptado por Religion en Libertad

jueves, 16 de febrero de 2017

EL VALOR DE LA SANTA MISA



El valor de la Santa Misa




A la hora de tu muerte, tu mayor consolación será las Misas que durante tu vida oíste.

Cada Misa que a la que asististe te acompañará al Tribunal Divino y abogará para que alcances el perdón.

Con cada Misa puedes disminuir el castigo temporal que debas por tus pecados, en proporción con el fervor con el que participes.

Con la asistencia devota a la Santa Misa rindes el mayor homenaje a la Humanidad Santísima de Nuestro Señor. La Santa Misa bien vivida suple tus mayores negligencias y omisiones.

Por la Santa Misa bien vivida se te perdonan todos los pecados veniales que estás resuelto a evitar, y muchos otros de que ni siquiera te acuerdas. Por ella pierde también el demonio el dominio sobre ti.

Además, ofreces el mayor consuelo a las almas benditas del Purgatorio.

Una Misa en la que has estado presente mientras vives te aprovechará mucho más que muchas que ofrezcan por ti después de tu muerte.

Te libras de muchos peligros y desgracias, en los cuales quizás caerías si no fuera por la Santa Misa.

Acuérdate también de que con ella acortas tu purgatorio.

Con cada Misa aumentas tus grados de gloria en el Cielo. En ella recibes la bendición del Sacerdote, que Dios ratifica en el cielo.

Durante la Misa te arrodillas en medio de una multitud de ángeles que asisten invisiblemente al Santo Sacrificio con suma reverencia.

Consigues bendiciones en tus negocios y asuntos temporales.

Cuando vamos a Misa en honor de algún Santo Particular, dando gracias a Dios por los favores pedidos a este Santo no podemos menos de ganarnos su protección y especial amor, por el primer gozo y felicidad que de nuestra buena obra se le sigue.

Todos los días que vamos a Misa estaría bien que, además de las otras intenciones, tuviéramos la de honrar al Santo del día.

jueves, 12 de enero de 2017

7 PRENDAS DE VESTIR QUE DEBES EVITAR PARA ASISTIR A MISA

7 prendas de vestir que debes evitar para asistir a Misa
¿Está bien si voy a misa usando esto?


Por: H. Edgar Henríquez Carrasco, LC. | Fuente: Catholic-link.com 



«La moda no incomoda» dicen por ahí, pero hay “modas”que son ciertamente inoportunas dependiendo del lugar, del ambiente y de las personas. ¡Cuánto más cuidado pondremos en un ambiente cristiano!
Quisiera a través de este artículo darles a conocer las 7 prendas más inadecuadas para asistir a la Santa Misa. Se podrían enumerar más, pero quisiera que estas siete quedaran en nuestra memoria para evitarlas en un futuro. Algunos se sorprenderán (no es mi intención causar revuelo), pero sí quisiera dar algunas pautas para vestirse mejor durante la celebración Eucarística. Se trata principalmente de formar un criterio general para ayudar, sobretodo a quienes deben catequizar a otros sobre el respeto y el amor que tenemos los católicos a la Eucaristía.
¡Ojo! Antes de mencionarlos, es importante resaltar que estos son algunos criterios básicos, corresponde a cada uno hacer un discernimiento maduro de lo que es más adecuado dependiendo de las circunstancias que cada uno viva

¿Qué debemos evitar vestir cuando vamos a Misa?

1. Camisas deportivas (equipos de fútbol)

camiseta
Si quiero ir al estadio a ver fútbol, permitido. Si quiero pasear por el parque, permitido. Pero, ¿para ir a encontrarme con el Señor? Imagínense una exhibición de camisetas deportivas en la Iglesia, colores y equipos por doquier, viendo a “Messi” o “Vidal” decenas de veces cuando miro hacia el altar porque están en las espaldas de mis hermanos. Esto puede crear rivalidad, disgusto, distracción o molestias en la asamblea. Además es bien sabido que una prenda deportiva se usa en un ambiente deportivo, por ende debemos evitar llevarlo a Misa.


2. Short muy corto o minifalda

mini
Para la playa está bien. El sol cuando calienta puede ser insoportable, pero ¿en la iglesia? El calor no es excusa para vestir como queramos, es más, si tenemos calor, podremos ofrecerlo al Señor como muestra de amor por Él. Un short o una minifalda (en el caso de una dama) es una prenda que llama bastante la atención en un grupo humano, ¡cuánto más dentro de la iglesia! Ya me podrán decir ustedes sobre diseños, tamaños o colores, eso no importa tanto. Vestir una falda esta bien, pero una mini-falda, no.

 3. Chanclas de playa

chanclas
Aunque muchos no lo crean, sucede. Sobre todo en ambientes veraniegos donde ir a Misa está de paso entre mi casa y la playa. ¡Siempre dignos! No lo olvidemos. Aunque me lleve más tiempo cambiarme de ropa y calzado, lo haré por amor al Señor. Las chanclas de verano son para la playa, no para la iglesia. Te pones un calzado más discreto para ir a Misa y luego te los quitas para ir a la playa, ¿cuál es el problema?Que la pereza o la comodidad no intervengan en la dignidad y sobriedad que predomina en un templo católico.

 4. Sombreros o gorras

sombrero
Mi madre decía: «dentro de la casa no se usa gorra», y ahí va de nuevo, ¡cuánto más en la casa de Dios! Además de evitar tapar la vista a los demás hermanos es un gran signo de respeto. Cuando se está con alguien importante nos sacamos el sombrero o la gorra y saludamos, por lo menos así era antes y es algo que no podemos perder.Los sombreros son para protegerse del sol, pero dentro de una iglesia, ¿de qué querríamos protegernos? Es mejor evitarlo. Te lo puedes quitar y dejarlo a un lado de tu asiento o bajo el reclinatorio. Llevarlos a la iglesia está bien, usarlos dentro es inapropiado.

 5. Escotes o camisas abiertas

destapado
Esto es parte de la moda de este siglo. Al parecer la premisa es que «mientras más muestres tu cuerpo, mejor»No es así entre cristianos. Sabemos que el cuerpo es un don de Dios, es el templo del Espíritu Santo, por lo tanto lo protegemos con cautela. No andamos mostrándonos a todo el mundo, esto podría incitar distracción y provocación en los demás. Sinceramente disgusta un poco ver por la calle desfiles de jóvenes vestidos así, ¡cuanto más en la iglesia!. Vamos bien arreglados, pero dignos. Ropa abierta, medio transparente, es mejor dejarla en casa. Nuestra premisa es «mientras más dignos, mejor».

 6. Joyas, lujos y anillos exuberantes

Joyas
Esto casi no habría que explicarlo. Sabemos todos que a la iglesia no vamos a exhibir nuestros bienes o a aparentar un cierto status social. ¡Nosotros vamos a encontrarnos con Jesús! por ende todas las joyas y ornamentos exuberantes sobran en la Misa. Mientras más sobrios mejor. Algunos me dirán: «para Dios lo mejor», claro que sí ¡pero para Dios!, no para que tú hagas alarde de tus posesiones. Es admirable ver cómo grandes empresarios van a Misa, a veces, incluso pasando desapercibidos por su forma de vestir o de tratar a los demás. Tener o no tener dinero no te va llevar al cielo. La caridad con los hermanos y el amor a Dios ¡eso sí!. Así que ya sabes, las joyas en la casa bien guardadas. Así, además de evitar posibles robos, nos hacemos uno más en la asamblea de Dios, donde nadie tiene preferencias, todos somos hijos de Dios. Santiago, en su carta, nos da más luz acerca de este punto: «Supongamos que entra en vuestra asamblea un hombre con un anillo de oro y un vestido espléndido; y entra también un pobre con un vestido sucio; y que dirigís vuestra mirada al que lleva el vestido espléndido y le decís: “Tú, siéntate aquí, en un buen lugar”; y en cambio al pobre le decís: “Tú, quédate ahí de pie”, o “Siéntate a mis pies”. ¿No sería esto hacer distinciones entre vosotros y ser jueces con criterios malos?» (Santiago 2,2-4).

7. Zapatos de fútbol 

zapatos
Todos sabemos el concepto de calzado deportivo. Aquí vamos de nuevo, es deportivo. Como ya sabemos lo deportivo se usa en un contexto de deporte, pero ¿en la iglesia?, ¿para qué? Cuando organicemos un partido de fútbol parroquial, permitido. Pero para la santa misa es inadecuado. Mejor usar calzado formal y discreto. Porque ir con zapatos de montaña a jugar fútbol es inútil, lo mismo en la iglesia, asistir a Misa con zapatos deportivos es inútil.
Estas medidas no son para “encajar en un ambiente social”, como muchos podrán creer, sino para hacer de la Santa Misa un verdadero encuentro con el Señor, un lugar digno de recibirle, un lugar santo. Como cristianos y católicos estamos llamados a buscar la perfección, por ende el vestido no debería constituir ocasión para retroceder en la virtud y en la identificación con Cristo. La limpieza, el decoro, los modales y la distinción son hábitos básicos que debemos ir inculcando a las futuras generaciones, más aún en un mundo muchas veces permisivo.
«Cada Santa Misa tiene un valor infinito, inmenso, que nosotros no podemos comprender del todo: alegra a toda la corte celestial, alivia a las pobres almas del purgatorio, atrae sobre la tierra toda suerte de bendiciones y da más gloria a Dios que todos los sufrimientos de los mártires juntos, que las penitencias de todos los santos, que todas las lágrimas por ellos derramadas desde el principio del mundo y todo lo que hagan hasta el fin de los siglos» (Santo Cura de Ars).
¡Vayamos dignos al Encuentro del Señor!
Artículo originalmente publicado en Catholic-link

jueves, 9 de junio de 2016

POR QUÉ IR A MISA?


Ir a Misa


La Iglesia Católica manda cumplir con el precepto de asistir a Misa los domingos y fiestas de guardar.

A veces no cumplimos con este precepto y entonces cometemos un pecado grave o mortal.

¿Por qué es tan importante la Misa dominical? Porque la Misa es la renovación del Sacrificio de Jesús en el Monte Calvario, es decir que Jesús en cada Misa se vuelve a ofrecer y vuelve a morir por nosotros.

La Misa es el mismo Sacrificio de la Cruz, solo que incruento, o sea que no hay derramamiento de sangre. Pero es el mismo Sacrificio.

Entonces el que no pudo estar presente en la Crucifixión del Señor porque no vivió en su época, puede ahora estar verdaderamente presente si asiste a la Misa. Por eso faltar a Misa el domingo es un pecado, y como todo pecado es siempre una falta de amor a Dios y al prójimo.

Sí, faltar a Misa el domingo es una falta de amor a Dios, de amor a Jesús. Porque si sabemos que un familiar nuestro está sufriendo en su lecho de dolor y nos espera ansiosamente para que le consolemos, pero nosotros no lo visitamos, cometemos una falta de amor. Y lo mismo sucede con Jesús, que en cada Misa muere por nosotros, muere por mí, y yo ni siquiera voy a estar con Él en la Misa, consolándole y dándole gracias por todo el amor que me da y por haberme salvado. ¡Tremenda ingratitud!

Pero además la Misa nos obtiene una lluvia de gracias sobre nosotros y sobre nuestras empresas temporales y espirituales, porque de la Misa fluye un río de gracias y consuelos, de bienes sin medida.

Tengamos más fe y sepamos que cuando vamos a Misa el domingo, vamos a la Crucifixión, Muerte y Resurrección del Señor, que se renovará misteriosamente ante nuestros ojos.

Hace falta tener más fe y no dejar de ir a Misa por ningún motivo, salvo por causa justificada, porque en la Misa, Jesús, desde la Cruz, mientras muere, busca con su mirada a quienes le consuelen, nos busca a nosotros, a cada uno de nosotros, y si no estamos presentes el Señor se pone muy triste y muere abandonado.

Si abandonamos a Jesús en la Misa, el Señor se ve obligado a abandonarnos a nosotros.

Vayamos a Misa por amor a Jesús, y no por simpatía o antipatía con el sacerdote o los fieles. La Misa es algo muy serio, así que guardemos también la compostura, el silencio y la piedad. Amemos al Señor que se entrega otra vez por nosotros.


* Sitio Santísima Virgen

lunes, 18 de agosto de 2014

CONSEJOS PRÁCTICOS PARA ASISTIR CON FRUTO A LA SANTA MISA


Consejos prácticos para asistir con fruto a la Santa Misa
"A la hora de tu muerte, tu mayor consuelo serán las misas que durante tu vida oíste". 
(Atribuido a San Jerónimo)

1.- Como preparación remota, considera el día anterior en algún momento, que la Santa Misa es la renovación del Sacrificio del Calvario; y piensa en cómo querrías haber estado interiormente si hubieras estado allí.

2.- Si en la misa has de comulgar, ya desde el día anterior renueva varias veces el deseo de recibir a Jesús en la comunión y así le prepararás un corazón expectante que lo quiera recibir, por tantos que lo hacen por costumbre, como si fuera un trámite.

3.- Al entrar en el templo, al que has de procurar asistir 15 minutos antes por lo menos y con vestidos que no permitan exponer en demasía las partes del cuerpo, lo primero que debes hacer es la genuflexión (genu: rodilla, flexión: doblar) mirando al sagrario, así reconoces la soberanía de Dios ante quien estás; luego mojarás la punta de los dedos índice, mayor y anular de la mano derecha en agua bendita y te harás la señal de la cruz de forma serena. El uso del agua bendita aleja las influencias del demonio y borra los pecados veniales cometidos.

4.- Dirígete a uno de los bancos y arrodíllate, si no estás imposibilitado de hacerlo, y permanece allí en oración vocal o mental hasta la hora de la misa. Si eres una persona que se distrae fácilmente es mejor que uses algún libro con oraciones propias para prepararse a la misa; si puedes concentrarte sin dificultad no es necesario. En todo caso es importante que ofrezcas el Santo Sacrificio al Eterno Padre por los cuatro fines de la misa, a saber: adoración, acción de gracias, propiciación y petición.

5.- Al salir el sacerdote de la sacristía comienza propiamente la Santa Misa. Él, revestido con los ornamentos sagrados, representa místicamente (misteriosamente) a Jesucristo que va a sacrificarse a Sí mismo por nuestra salvación. Es importante considerar esto para disponernos con seriedad y devoción, frutos del amor, para participar fructuosamente del Santo Sacrificio que está por comenzar.

6.- Durante la primera parte de la Santa Misa, llamada también "ritos iniciales", el sacerdote pide perdón a Dios por los pecados del pueblo que representa y nosotros debemos hacerlo con él. En este momento es importante hacer memoria de los pecados que hemos cometido, detestarlos de corazón y pedir perdón por ellos. La absolución que inmediatamente da el sacerdote, perdona los pecados veniales cometidos.

7.- Concluida la parte penitencial el sacerdote dice "oremos" y hace un momento de silencio. En este momento hemos de colocar mentalmente las peticiones que queremos hacer en la misa.

8.- Durante las lecturas de la Sagrada Escritura y la homilía del sacerdote debemos meditar en lo que escuchamos y formar un propósito concreto para llevar a la práctica. En este momento el Señor nos habla interiormente a través de las palabras que escuchamos exteriormente. Toda esta parte termina con el Credo que es la profesión pública que hacemos de nuestra fe.

9.- En el ofertorio, junto con el pan y el vino que ofrece el sacerdote en nombre del pueblo de Dios, hemos de ofrecernos a nosotros mismos y nuestras obras, en especial nuestras cruces, y rogar al Padre Celestial que nos acepte por Jesucristo.

10.- Durante el Canon, la parte principal y más sagrada de la misa, tenemos que recogernos lo más posible y tratar de contemplar, es decir formarnos en la imaginación una imagen y mirarla con todo el amor de que seamos capaces, los pasos de la Pasión del Señor y adorarlo con todo nuestro espíritu, ya con jaculatorias rezadas interiormente o en secreto, ya con silencio interior, el exterior se da por supuesto.

11.- En el momento de rezar el Padre Nuestro pensemos en cada una de las siete peticiones que contiene y evitemos lo más que podamos el rezo maquinal que de nada sirve y engaña mucho. Así estaremos ciertos de que toda la eficacia de esta oración por excelencia se nos pondrá de manifiesto.

12.- Cercanos ya a la comunión hemos de prepararnos realizando los siguientes actos: de contrición, pidiendo nuevamente perdón para estar lo más purificados posibles para recibir más dignamente al Señor; de deseo, para que manifestemos a Jesús que en verdad lo queremos recibir a Él y así evitemos el terrible desprecio de recibir la Sagrada Comunión como una cosa y por costumbre; y acto de amor, diciéndole las palabras que quisiéramos decirle a una persona que amamos mucho y que nos viene a visitar.

13.- Al darnos la bendición final el sacerdote hace descender místicamente sobre nosotros la abundancia de los frutos espirituales que nos consiguió el sacrificio de Jesús, la Santa Misa; por ello hemos de recibirla con el mayor respeto y agradecimiento y de ser posible de rodillas o por lo menos inclinados.

14.- La misa concluye cuando el sacerdote entra en la sacristía, pero aún falta agradecer el don inmenso que nos ha hecho Dios de introducirnos por unos instantes en su eternidad bienaventurada; para ello tratemos de permanecer en el templo por lo menos unos quince minutos después de terminada la misa y utilicemos el mismo método que para prepararnos a ella. Ser fiel a esta práctica nos dará grandes satisfacciones espirituales. Recordemos el dicho popular: "es de bien nacidos ser agradecidos".

15.- Notas: 

1. Participación activa en la Santa Misa no significa hacer muchas cosas sino hacer lo que me toca de la mejor manera posible, es decir con atención y amor a Dios.

 2. Las respuestas que damos al sacerdote deben ser con voz fuerte y clara porque la liturgia es una acción pública de toda la Iglesia. 

3. Por último recordemos la frase de San Agustín: "Qui bene cantat bis orat", el que canta bien reza dos veces, ya que la misa cantada es la forma más noble de celebrarla (Gradual Romano).

domingo, 2 de marzo de 2014

¿POR QUÉ IR A MISA EL DOMINGO?


¿POR QUÉ IR A MISA EL DOMINGO?

El Concilio Vaticano II nos enseña que la Santa Misa debe ser el centro y la raíz de la vida cristiana. 

Hace años el papa Pío XII comentaba: “Debe ser el domingo el día para descansar en Dios, para adorar, suplicar, dar gracias, invocar del Señor el perdón de las culpas cometidas en la semana pasada, y pedirle gracias de luz y de fuerza espiritual para los días de la semana que comienza” (Pío XII, Discurso, 13-III-1943).

Y Juan Pablo II escribe: “Grande es ciertamente la riqueza espiritual y pastoral del domingo, tal como la tradición nos lo ha transmitido. El domingo, considerando globalmente sus significados y sus implicaciones, es como una síntesis de la vida cristiana y una condición para vivirlo bien."
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