viernes, 7 de diciembre de 2018

LA MARAVILLOSA VERDAD QUE ESCONDE EL SALUDO DEL ÁNGEL GABRIEL


La maravillosa verdad que esconde el saludo del Ángel Gabriel
Al conocer el real significado del saludo del Ángel es más sencillo entender el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María


Por: Redacción | Fuente: EnlaCecatolico.info 




Es probable que todos hemos leído el pasaje de la Biblia (Lucas 1, 28) donde el Ángel Gabriel se presenta ante la Virgen María para anunciar que ella concebiría a Jesús.

Pero la primera parte del saludo del Ángel ha sido traducida al español de muchas maneras, aunque las más conocidas son las siguientes:

Alégrate, llena de gracia.
Salve, muy favorecida.
Alégrate, muy favorecida.
Salve, llena de Gracia.

Estas traducciones tienen pequeñas diferencias, todas tienen algo en común, ninguna llega a expresar totalmente la intención de Lucas al escribir ese pasaje del evangelio en griego.

No existe una sola palabra en nuestro idioma que sirva para traducir con exactitud el saludo del Ángel:  (Jaire, Kejaritomene).

 les ha causado muchos dolores de cabeza a los traductores serios.


El complejo significado de  (Kejaritomene)
Kejaritomene significa “Llena de gracia desde siempre y para siempre porque alguien te creó en esa condición”.

Es verdaderamente complejo poder traducir en español algo que signifique lo mismo o algo parecido, por ejemplo San Jerónimo de Estridón vivió esta dificultad, pues fue el primero en traducir la Biblia completa del griego al latín y optó por usar la expresión Gratia Plena (llena de Gracia), la cual no transmite el carácter eterno de Kejaritomene, pero al menos deja clara la plenitud de Gracia en María.

Al conocer el real significado del saludo del Ángel es más sencillo entender el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, los católicos creemos que María fue concebida sin pecado original y eso es compatible con la riqueza de la palabra  (Kejaritomene).

LA INMACULADA, MODELO DEL ADVIENTO


La Inmaculada, modelo del Adviento
La Iglesia mira a María para contemplar en Ella lo que la Iglesia es en su Misterio


Por: Guillermo Juan Morado | Fuente: es.catholic.net 




1. Un tiempo particularmente apto para el culto a la Madre del Señor?

El Calendario Litúrgico Pastoral, citando la Marialis cultus (Exhortación Apostólica Mariológica del Papa Pablo VI), explica brevemente el sentido de la Solemnidad de la Inmaculada, que se conmemora el 8 de Diciembre: "Se celebran conjuntamente la Inmaculada Concepción de María, la preparación esperanzada a la venida del Salvador y el feliz comienzo de la Iglesia, hermosa, sin mancha ni arruga (Marialis cultus, 3)".

La Inmaculada Virgen aparece, de este modo, vinculada a la venida del Salvador y al comienzo de la Iglesia. Al inicio del año litúrgico, en este tiempo de Adviento, María, concebida sin pecado, se nos presenta como modelo de esperanza y como tipo de la Iglesia.

Juan Pablo II, en la encíclica Redemptoris Mater, destacaba el carácter mariano del Adviento, al señalar que, en la liturgia de este tiempo, se refleja cada año el "preceder" de Santa María a la venida de Cristo:

“[Ella] en la ´noche´ de la espera de adviento, comenzó a resplandecer como una verdadera ´estrella de la mañana´ (Stella matutina). En efecto, igual que esta estrella junto con la ´aurora´ precede la salida del sol, así María desde su concepción inmaculada ha precedido la venida del salvador, la salida del ´sol de justicia´ en la historia del género humano" (Redemptoris Mater, 3).

Ella ha precedido la salida del Sol de Justicia. De Ella debemos aprender, por consiguiente, a prepararnos para la Navidad y para la segunda venida del Señor, al fin de los tiempos.

Ya el Papa Pablo VI, en la citada encíclica Marialis cultus, enseñaba que los fieles, al vivir con la liturgia el espíritu de Adviento, y al considerar el "inefable amor" con que la Virgen esperó al Hijo (cf. Prefacio II de Adviento), "se sentirán animados a tomarla como modelo y a prepararse, ´vigilantes en la oración y... jubilosos en la alabanza´ (Prefacio II de Adviento) para salir al encuentro del Salvador que viene" (MC, 4).

El Adviento - sigue diciendo Pablo VI - "uniendo la espera mesiánica y la espera del glorioso retorno de Cristo al admirable recuerdo de la Madre" presenta un feliz equilibrio, al no separar el culto a la Virgen de su necesario punto de referencia, que es Cristo. De este modo, el Adviento "debe ser considerado como un tiempo particularmente apto para el culto a la Madre del Señor..." (MC, 4).

2. La Inmaculada Concepción de María

El misterio de la Inmaculada está asociado a la "plenitud de los tiempos". En el plan providencial de la Santísima Trinidad, María ocupa una posición de singular relieve. Ella aparece en la aurora de la salvación, "mientras se acercaba definitivamente la «plenitud de los tiempos»" (RM, 3), como una creación de la Trinidad.


La Virgen María, "en su ser y en su función histórica, es toda ella un producto de la iniciativa salvífica del Padre" . Para ofrecer a su Hijo "una digna morada" , el Padre la ha "bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo" (Ef 1,3) y la ha elegido "antes de la creación del mundo para ser santa e inmaculada en su presencia, en el amor" (Ef 1,4; cf CEC, 292).

El Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida, la plasmó como una criatura nueva (cf LG 56), preparándola con su gracia para ser Madre de Aquel en quien "reside corporalmente toda la Plenitud de la divinidad" (Col 2,9).

En atención a los méritos de Cristo, "fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción" (DS 2803), para que en Ella, como verdadera madre del Hijo de Dios, se realizase la unión de la divinidad con la humanidad en la única persona del Salvador y para que, asociada a Jesucristo, cooperase "en forma enteramente impar" (LG 61) a su obra salvadora (CEC, 964).

La Inmaculada es el vértice de la obra redentora y santificadora de las misiones del Hijo y del Espíritu Santo: "María, la Santísima Madre de Dios, la siempre Virgen, es la obra maestra [il capolavoro] de la misión del Hijo y del Espíritu Santo en la plenitud de los tiempos" (CEC, 721).

Según esta relevante aserción del Catecismo, María es el icono más perfecto y más acabado de la obra salvífica y santificadora de Cristo y del Espíritu.

En la Inmaculada se realiza de la manera más perfecta el fin último de toda la economía divina: la entrada de las criaturas en la unidad de la Bienaventurada Trinidad (CEC, 260). Y, por consiguiente, en ella se cumple plenamente la finalidad de la creación: la manifestación y la comunicación de la bondad de Dios (cf CEC, 294) .

El resultado del "admirable intercambio" que celebra con gozo la Liturgia de Navidad se anticipa, en la aurora de la plenitud de los tiempos, en la Virgen Inmaculada. Ella, desde el primer instante de su concepción, "compartió la vida divina de aquel que [hoy, en su Nacimiento] se dignó compartir con el hombre la condición humana" (Colecta del día de Navidad).

Esta profunda verdad de fe se expresa plásticamente en el arte; por ejemplo, en los frescos de la Capilla Sixtina. La Capilla está dedicada a la Virgen - a la Asunción - aunque toda la temática de las pinturas de la Sixtina está relacionada con la disputa teológica sostenida entre los franciscanos - Sixto IV, que manda decorar la capilla, era franciscano - y los dominicos - los "Magistri Sacri Palatii" - sobre la Inmaculada.

El concepto de "Inmaculada" viene del Cantar de los Cantares, que habla de la Esposa Inmaculada: "Toda hermosa eres, amada mía, no hay tacha en ti" (Ct 4, 7). Sólo una figura femenina puede ser imagen para una colectividad: la comunidad es la Esposa y Yahvé el Esposo. María reasume como figura singular todo el Pueblo de Dios: Ella es la Inmaculada Concepción. Es concebida en la mente de Dios que prevé una Esposa pura. Desde el momento de la concepción, María está limpia de pecado para poder ser Madre de Dios. Duns Escoto aplicó, en este sentido, Proverbios 8, 22 a la Inmaculada: "Yahvé me creó, primicia de su camino, antes que sus obras más antiguas".

Francesco della Rovere quiso introducir la fiesta de la Inmaculada Concepción, pero no pudo hacerlo por la oposición de los dominicos. Introdujo, no obstante, la fiesta de la Concepción el 8 de Diciembre. Francesco della Rovere – Papa Sixto IV -, que escribió en 1458 un sermón sobre la Inmaculada, pensaba que María debía ser inmaculada, porque si no Eva tendría una ventaja sobre ella, pues fue creada sin pecado. Y, de hecho, la escena de la creación de Eva está en el centro de la bóveda de la Sixtina.

La Inmaculada Concepción se refiere a la concepción de María en el seno de Ana. Originariamente ha significado la concepción de María como modelo de la Iglesia, la Esposa pura en la mente de Dios del Cantar de los Cantares.

La Inmaculada Concepción significa que lo que es la creatura no es cambiado por la misma creatura; que no se opone a lo que es de Dios, a lo que viene de Dios (esta oposición a lo que viene de Dios es el aspecto negativo de la contracepción).

En la Inmaculada el proyecto de Dios no es obstaculizado. Esta concepción tiene un nivel biológico y espiritual. Para los dominicos nadie estaba exento del pecado original que, según una escuela, se transmitía por generación. Duns Escoto piensa más en el individuo que en la esencia genérica. Hay un individuo que es, desde la concepción, lo que Dios quiere, sin poner ningún obstáculo a su proyecto: éste ser individual es la Inmaculada Concepción.

3. La preparación esperanzada a la venida del Salvador

En María, la Virgen Inmaculada, se realiza el Misterio de la Navidad, de la Encarnación del Verbo. Por eso, mientras nos disponemos celebrar su venida, debemos aprender de ella a prepararla con esperanza.

La liturgia del Adviento subraya una serie de rasgos de esta "preparación esperanzada". Fijándonos en las oraciones propias de cada día, podríamos destacar - entre otros - los siguientes: el deseo, la alerta o la vigilancia, el ánimo, la alegría, la fe, la humildad de corazón y la actitud de súplica.

a) La primera actitud que caracteriza la preparación esperanzada para la venida del Salvador es el deseo: "Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene", reza la oración del primer domingo de Adviento.

El deseo es un "movimiento enérgico de la voluntad hacia el conocimiento, posesión o disfrute de una cosa" (según el Diccionario de la Real Academia Española). Avivar el deseo de salir al encuentro de Cristo supone anhelar vivamente (viernes III) la venida del Señor; aspirar con vehemencia a conocerlo, y a encontrarnos con Él: "colma en tus siervos los deseos de llegar a conocer en plenitud el misterio admirable de la encarnación de tu Hijo".

San Agustín, en un texto que recoge el Oficio de Lecturas del viernes de la III semana de Adviento, relaciona el deseo y la oración. El deseo, nos dice, es una oración interior y continua:

"Tu deseo es tu oración: si el deseo es continuo, continua es también tu oración." Es una oración interior y continua... "Si no quieres dejar de orar, no interrumpas el deseo". "La frialdad en el amor es el silencio del corazón; el fervor del amor es el clamor del corazón".

b) Junto al deseo, la Liturgia de este tiempo nos exhorta a mantener una actitud de alerta, de vela, de vigilante espera: concédenos, Señor, "permanecer alerta a la venida de tu Hijo, para que cuando llegue y llame a la puerta nos encuentre velando en oración y cantando su alabanza" (Lunes I). El Adviento es tiempo de preparación para la venida del Señor "en la humildad de nuestra carne", pero, igualmente, es tiempo de vigilancia para aguardar su segunda venida "en la majestad de su gloria" (cf Prefacio I de Adviento).

c) El ánimo debe caracterizar la salida al encuentro de Cristo: "cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo" (domingo II). El ánimo es el valor, el esfuerzo y la energía, que se contrapone al acobardamiento. El que tiene ánimo no desfallece en la espera: "no permitas que desfallezcamos en nuestra debilidad los que esperamos..." (miércoles II).

d) La alegría es, igualmente, característica del Adviento. Hemos de "esperar con alegría" (martes II), siguiendo el consejo-mandato de San Pablo a los Filipenses: "Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra comprensión sea patente a todos los hombres. El Señor está cerca" (Flp, 4, 4-5).

El motivo de la alegría es la venida del Salvador ("Haznos encontrar la alegría en la venida" - cf Jueves III - ). Así como nos alegramos con el nacimiento de Jesús, pedimos a Dios que podamos alegrarnos con su segunda venida (21 Diciembre).

e) Esta alegría brota de la fe, porque se apoya en la fidelidad de Dios a su palabra. El Pueblo de Dios "espera con fe" el Nacimiento del Mesías (domingo III) y se prepara a "proclamar con fe íntegra" y a celebrar "con piedad sincera" el misterio de la Navidad ("proclamemos con fe íntegra y celebremos con piedad sincera", 19 Diciembre).

f) La actitud de fe exige como condición la humildad de corazón, a ejemplo de María (20 dic).

g) La súplica. El tiempo de Adviento es tiempo de súplica, de petición. Al sabernos pobres y necesitados, imploramos a Dios que "acoja favorablemente nuestras súplicas..." (martes I). Suplicamos para que Dios Padre "prepare nuestros corazones con la fuerza de su Espíritu" (miércoles I); para que los despierte y los mueva "a preparar los caminos de su Hijo" (jueves II); para que nos "socorra con su fuerza" (jueves I) de modo "que su brazo liberador nos salve de los peligros" (viernes I).

Es preciso rogar a Dios que nos conceda la libertad verdadera (sábado I); la renovación de nuestra alma, para que la venida de Cristo "ahuyente las tinieblas del pecado y nos manifieste como hijos de la luz" (sábado II). Sólo Dios puede "iluminar las tinieblas de nuestro espíritu" (lunes III) y "limpiarnos de las huellas de nuestra antigua vida de pecado" (martes III), y así "reconfortarnos en esta vida y obtenernos la recompensa eterna" (miércoles III).

Pedimos a Dios que el "admirable intercambio" de la Navidad sea una realidad en nosotros: "que lleguemos a la gloria de la resurrección" (domingo IV); "que se digne hacernos partícipe de su condición divina" (17 D); que nos conceda "ser liberados" (18 D) y "participar de los bienes de la redención" (22 D); que "nos haga partícipes de la abundancia de su misericordia"( 23 D); que "consuele y fortalezca a los que esperan todo de su amor" (24 D).

4. El feliz comienzo de la Iglesia

La Virgen Inmaculada, modelo de la espera del Salvador, es el "feliz exordio de la Iglesia". Ella es, verdaderamente, la Esposa Santa e Inmaculada, la imagen y primicia de la Iglesia - Esposa del Cordero - que responde con el don del amor al don del esposo (Mulieris Dignitatem, 27).

María es el comienzo de la Iglesia, porque en Ella se realiza el "misterio" de la Iglesia: la unión de los hombres con Dios. La Virgen Inmaculada "nos precede a todos en la santidad que es el Misterio de la Iglesia como la «Esposa sin tacha ni arruga» (Ef 5, 27)".

Por eso, "la dimensión mariana de la Iglesia - afirma el Catecismo de la Iglesia Católica en la estela Juan Pablo II y, últimamente, de von Balthasar - precede a su dimensión petrina" (Cf CEC, 773). Es decir, el ministerio apostólico - de Pedro y de los otros apóstoles - , la estructura de la Iglesia, se orienta y se finaliza en la formación de la Iglesia "en aquel ideal de santidad, que ya está presente y prefigurado en María" (cf MD, 27). En Ella, en María, la Iglesia es ya la toda santa (cf CEC, 829).

La Iglesia mira a María para contemplar en Ella lo que la Iglesia es en su Misterio, en su peregrinación de la fe, y lo que será en la patria definitiva al término de su camino, donde la aguarda, en la gloria de la Santísima e indivisible Trinidad, en la comunión de todos los santos, aquella a quien la Iglesia venera como Madre de su Señor y como su propia Madre (cf CEC, 972).

A Ella, a la Santa Madre del Redentor, a la Virgen Inmaculada, dirigimos, con toda la Iglesia, nuestros ojos en esta espera gozosa del Adviento:

"Alma, Redemptóris Mater, quae pérvia caeli
porta manes, et stella maris, succúrre cadénti,
súrgere qui curat, pópulo: tu quae genuísti,
natúra miránte, tuum sanctum Genitórem,
Virgo prius ac postérius, Gabriélis ab ore
sumens illud Ave, peccatórum miserére."

LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS, 7 DE DICIEMBRE


LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS
7 de Diciembre




Has oído las palabras de Jesús, que te llamaba en tus oídos; en los oídos de tu alma has escuchado aquel "sígueme", que escucharon los apóstoles, el mismo "sígueme" que movió a Pedro y a Santiago y a Juan a dejar las redes y a su padre y seguir a Jesús; el mismo "sígueme" que de los hombres seguidores de Jesucristo sacó apóstoles de su Reino.


Deja todo y deja a todos por Dios, por seguir el llamado de Dios, por seguir tu vocación; mira que el amor no reconoce dilaciones ni tardanzas, y el seguimiento de Jesucristo es cuestión de amor y el amor salta todas las barreras y echa por tierra todos los impedimentos.


P. Alfonso Milagro

ORACIONES PARA EL PRIMER VIERNES DE DICIEMBRE, SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


PRIMER VIERNES DEL MES DE DICIEMBRE
DEDICADO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS




Breve Consideración.- Jesús a su Apóstol Santa Margarita María de Alacoque: 

"Es preciso que me sirva de dócil instrumento para atraer las almas al amor de mi Divino Corazón.

Este ama en tanto grado a los hombres, que no pudiendo contener por más tiempo  los incendios de su caridad, ha querido comunicarlo por tu medio.... Te he elegido como un abismo de indignidad y de flaqueza, pero, si eres fiel, serás el poder de mi Corazón y de todos sus tesoros en el tiempo y en la eternidad, otorgándote su libre uso, según tus deseos, y asegurándote que sólo entonces te faltará mi asistencia cuando falte poder a mi Sagrado Corazón".



ORACIÓN A NUESTRO SEÑOR, 
EN CALIDAD DE REY, EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO

Yo te adoro, ¡Oh Jesús, Rey poderoso!, en este trono de amor y de misericordia. Recíbeme por vasallo tuyo y perdona mis rebeldías en contra del soberano dominio que tienes sobre mi alma. ¡Ah Rey benigno!..., acuérdate de que no podrías ser misericordioso si carecieses de súbditos indigentes. Alarga, te lo ruego, tu mano liberal y remedia mi extrema necesidad con el precioso tesoro de tu amor, que al fino no es otra cosa sino Tú mismo; despójame  de mi amor propio y de todos estos vanos respetos humanos que me tienen como asido y condenado. Ven. ¡Rey Mío!, a romper mis ataduras y a librarme de esta mala servidumbre y a establecer tu imperio en mi corazón. Quiero reinar en el tuyo por una ardiente caridad con mi prójimo, por una humildad sincera, por un celo y un fervor a toda prueba. Así no habrá cosa que me turbe, para que mi Rey halle en mi un imperio de paz, en una perfecta conversión. Abomino el pecado con tanto horror, que escogería mil muertes antes que volver a pecar. ¡Ah!, y si quiere condenarme a las llamas, sean las de tu amor las que me consuman eternamente. Arrójame en esa ardiente hoguera, en castigo de mis culpas de malicia o de flaqueza. ¡Viva yo para siempre en tu Sagrado Corazón!

(De Santa Margarita María de Alacoque)


PROMESA QUE SE CUMPLE  
EN EL MES DE DICIEMBRE:

Duodécima Promesa:
Te prometo, en el exceso de misericordia de mi Corazón, que su amor omnipotente concederá la gracia de la penitencia final a los que comulgaren nueve primeros viernes seguidos; que no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Sacramentos, y en su última hora encontrarán asilo seguro en mi Divino Corazón.


Agradezcamos al Sagrado Corazón esta Gran Promesa y roguémosle la cumpla en nosotros todos, recitando las Letanías del Sagrado Corazón de Jesús.


LETANÍAS AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS:

V: Señor, ten piedad de nosotros.
R: Señor, ten piedad de nosotros.
V: Cristo, ten piedad de nosotros.
R: Cristo, ten piedad de nosotros.
V: Señor, ten piedad de nosotros.
R: Señor, ten piedad de nosotros.
V: Cristo, óyenos.
R: Cristo, óyenos.
V: Cristo, escúchanos.
R: Cristo, escúchanos.
V: Dios, Padre celestial,
R: ten piedad de nosotros.
V: Dios Hijo, Redentor del mundo,
R: ten piedad de nosotros.
V: Dios Espíritu Santo,
R: ten piedad de nosotros.
V: Trinidad Santa, un solo Dios,
R: ten piedad de nosotros.

V: Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre.
R: Ten piedad de nosotros.
V: Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el
seno de la Virgen María, R/.
Corazón de Jesús, unido substancialmente al
Verbo de Dios, R/.
Corazón de Jesús, de majestad infinita, R/.
Corazón de Jesús, templo santo de Dios, R/.
Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, R/.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo, R/.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y amor, R/.
Corazón de Jesús, hoguera ardiente de caridad, R/.
Corazón de Jesús, asilo de justicia y de amor, R/.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, R/.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, R/.
Corazón de Jesús, digno de toda alabanza, R/.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, R/.
Corazón de Jesús, en quien están todos los tesoros
de la sabiduría y la ciencia, R/.
Corazón de Jesús, en quien habita toda la plenitud
de la divinidad, R/.
Corazón de Jesús, en quién el Padre halló sus
complacencias, R/.
Corazón de Jesús, en cuya plenitud todos hemos recibido, R/.
Corazón de Jesús, deseo de los eternos collados, R/.
Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia, R/.
Corazón de Jesús, rico para todos los que te invocan, R/.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, R/.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, R/.
Corazón de Jesús, despedazado por nuestros delitos, R/.
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, R/.
Corazón de Jesús, traspasado por una lanza, R/.
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra, R/.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, R/.
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores, R/.
Corazón de Jesús, salvación de los que en Ti esperan, R/.
Corazón de Jesús, esperanza de los que en Ti mueren
y esperan, R/.
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, R/.

V: Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R: perdónanos, Señor.
V: Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R: óyenos, Señor.
V: Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R: ten piedad y misericordia de nosotros.
V: Jesús, manso y humilde de corazón,
R: haz nuestro corazón semejante al Tuyo.
V: Sagrado Corazón de Jesús,
R: en Vos confío.
V: Sagrado Corazón de María,
R: salvad el alma mía.
V: Jesús y María os quiero con toda mi alma,
R: salvad almas y salvad el alma mía.


UNA PALABRA SE SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE A SUS HERMANOS ASOCIADOS:


"¿Con que pagaremos al Señor los beneficios incalculables de su inagotable largueza? Nos ha hecho comer en el lugar de honor de su mesa y nos ha servido las viandas que reserva a sus Santos... ¡Ah!, secundemos, pues, en espíritu de reparación y en  reconocimiento de tantas mercedes recibidas, los designios de Jesús en la devoción a su Sagrado Corazón, y conforme a nuestra vocación santifiquémonos en ese amor y démosle por él infinita gloria.


Un Padrenuestro y Avemaría por los agonizantes y pecadores.


ACTO DE CONSAGRACIÓN 
DE SOR MARÍA DEL DIVINO CORAZÓN


Amabilísimo Jesús, yo me consagro de nuevo y sin reserva a tu Divino Corazón. Te consagro mi cuerpo con todos sus sentidos, mi alma con todas sus potencias y mi ser todo entero. Te consagro mis pensamientos, palabras, obras, todos mis sufrimientos y trabajos, todas mis esperanzas, consuelos y alegrías. Especialmente te consagro mi pobre corazón para que no ame sino a Ti y se consuma como víctima en las llamas de tu amor. Acepta, !oh Corazón divino!, el deseo que tengo de consolarte y de pertenecerte para simpre. Toma de tal manera posesión de mí, que yo no tenga otra libertad que la de amarte, ni otra vida que sufrir y morir por Ti. Pongo en Ti toda mi confianza, una confianza sin límites, y espero de tu misericordia infinita perdón de todos mis pecados. Deposito en tus manos todos mis intereses, principalmente el de mi salvación eterna.

Prometo amarte y honrarte hasta el último momento de mi vida, y ayudado de tu divina gracia, prometo propagar con celo ardiente el culto de tu Sacratísimo Corazón. !Oh divino Corazón de Jesús!, dispón de mí como te agrade, no quiero más recompensa que tu mayor gloria y tu santo amor. Concédeme la gracia de hacer mi morada en tu Sacratísimo Corazón; allí es donde quiero pasar los días de mi vida y exhalar mi último suspiro.

Haz también de mi  corazón tu morada y el lugar de tu reposo, para quedarnos así íntimamente unidos, hasta que un día pueda yo alabarte, amarte y poseerte por toda la eternidad y cantar para siempre las misericordias de tu dulcísimo Corazón. Amén


Corazón Divino de Jesús, ten misericordia de nosotros 

(Tres veces)

Corazón Inmaculado de María, ruega por nosotros.
San José, Ruega por nosotros.
Santa Margarita María de Alacoque, ruega por nosotros.

FELIZ VIERNES




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