sábado, 17 de agosto de 2013

CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA


CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

" Oh, Virgen mía, Oh, Madre mía, 
yo me ofrezco enteramente a tu Inmaculado Corazón
y te consagro mi cuerpo y mi alma,
mis pensamientos y mis acciones.

Quiero ser como tu quieres que sea, 
hacer lo que tu quieres que haga.
No temo, pues siempre estas conmigo.
Ayúdame a amar a tu hijo Jesús, 
con todo mi corazón y sobre todas las cosas.

Pon mi mano en la tuya para que este siempre contigo."

AMÉN.

MI HERMOSA NIÑA DE GALILEA

Autor: Oscar Schmidt | Fuente: www.reinadelcielo.org
Mi hermosa Niña de Galilea
Dame las palabras para que pueda mostrar a mis hermanos lo buena y suave que eres conmigo.
 
Mi hermosa Niña de Galilea


María, así de simple. Es la forma de dirigirme y conversar con mi Madre del Cielo, llamándola simplemente María. Sé que mucha gente no la conoce, o tiene una imagen lejana de Ella, quizás demasiado formal, demasiado protocolar. ¿Cómo puede ser nuestra Mamá protocolar al presentarse a nosotros? No, Ella es sencilla, mi pequeña Niña de Galilea, así es para mí. Pero es también lógico que cada uno la vea del modo que su propio corazón indica, con la mirada del alma que todo lo convierte en la expresión del Espíritu Divino, si es que nosotros nos dejamos iluminar por dentro.

Por un instante, déjenme narrarles cómo es que mi corazón ve a la Madrecita del Verbo Divino. De un modo muy particular, la veo de unos quince o dieciséis años, que es la edad en la que Ella se convirtió en Madre Divina, dándonos a Aquel que todo lo puede por amor. A tan temprana edad, mi María se presenta ante mi corazón como una hermosa Mujer, delicada en su mirar, en su caminar. Destaca su delicado cuello, largo y estilizado para dar cabida al más hermoso rostro que Dios jamás cinceló en criatura alguna. Ella es perfecta, no existe ni existirá mujer más hermosa que María, porque Dios la modeló en un acto sublime de Su Potencia Creadora. Y su belleza sólo es superada por su pureza, su inocencia y su férrea voluntad de no desagradar al Padre que tanto ama.

Cuando veo las imágenes de las distintas presentaciones de María a lo largo de los siglos, me quedo con la convicción de que el hombre no ha podido ni podrá modelar jamás la belleza de María ni siquiera en un modo aproximado. Mi alma se esfuerza en descubrir la visión verdadera con que mi joven Reina se presentó como la Medalla Milagrosa, por ejemplo. Santa Catalina de Labouré sin dudas describió del modo más aproximado posible la celestial visión que se presentó ante ella, pero no pudo hacer que el artista cincele en la Medalla Milagrosa el verdadero rostro de la Reina de los ángeles. Esa sonrisa, esas manos siempre en posición de oración, esos ojos iluminados por la Fuente de todo el Amor.

María, joven y sonriente, fulgurante estrella de la mañana. Se presenta en mi corazón como una Rosa que se abre derramando su fragancia y frescura, haciendo de mi un ovillo de hilo que se recoge sobre sí mismo, se envuelve pliegue sobre pliegue hasta quedar extasiado mirándola sonreír, llamándome, invitándome a acompañarla en este viaje. Ella nunca se presenta en vano en nuestro corazón, como una madre nunca se acerca a sus hijos sin un profundo deseo de cuidarlos y amarlos.

María, hermosa Niña de Galilea, perfecto fruto de la Creación en cuerpo y alma. Sólo Ella pudo tener la Altísima Gracia de ser Madre del mismo Dios. El, ante el que el universo mismo se doblega, se hizo pequeñito y vivió nueve meses oculto dentro de ésta hermosa Joven Palestina. El, instante tras instante, fue tomando de su sangre todo aquello que necesitó para formar Su naturaleza humana, Su humanidad. Así, Ella es nuestra Niña de la Alta Gracia, porque ninguna Gracia puede ser tan elevada como la Maternidad Divina.

Enamorarse de María es enamorarse de su Divina Maternidad, de su Inmaculado Corazón, y de su infinita belleza humana también. La siento tan cercana, tan vivamente presente en mi vida, que no puedo más que dirigirme a Ella como María, mi María. Ella es compasiva y paciente ante mis demoras en acudir a su mirada, Madre de la Misericordia. Juntos conversamos, compartimos mis pequeñas aventuras humanas, mis decepciones y dolores, mis esperanzas y sueños. Y María, con esa hermosa sonrisa que se funde en mis pupilas, me mira y me invita a levantar los ojos al Cielo con las manos unidas sobre mi pecho. Madre de la oración, Bella Dama del clamor y la plegaria, Omnipotencia Suplicante, Ella nos enseña a ver a través de los Ojos de Aquel que todo lo puede.

Mi María, hermosa y joven Niña de Galilea, que enamoraste mi corazón porque sabías que era el modo de abrir la puerta al soplo del Amor Verdadero. Me siento tan feliz y orgulloso de ser tu hijo, y al mismo tiempo tan indigno de serlo, que no puedo más que pedirte me ayudes a seguirte en tus deseos, que no son otros que los deseos de Tu Hijo. Dame las palabras para que pueda mostrar a mis hermanos lo hermosa y pura que eres, y lo buena y suave que eres conmigo. Dales la luz que les permita enamorarse de ti como lo has hecho conmigo. Que puedan descubrirte como la más hermosa y pura Mujer que jamás existió, Inmaculada en cuerpo y alma, llena del Espíritu Santo, plena de humildad y fortaleza, escudo que protege y consejo que ilumina. Mi hermosa María, luz de mi vida.


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  • Oscar Schmidt 

    viernes, 16 de agosto de 2013

    IMÁGENES DE MARÍA EN ORACIÓN
















































    LA INTERCESIÓN DE MARÍA


    Recurrir a la intercesión de María, la Reina de la paz.


    María, la madre de Jesús, es la criatura que ha encarnado mejor las condiciones de la verdadera orante, por su fe, su confianza en Dios, su amor al prójimo. Ella ha conformado plenamente su vida a la voluntad de Dios. Por ello Dios escucha todas sus peticiones.

    Los cristianos de todos los tiempos han recibido tantos favores de Dios por medio de la intercesión de la Virgen María, que consideran que Dios ha dispuesto que Ella sea la mediadora de todas las gracias de Jesucristo. De ello tenemos los testimonios de muchos santos, que san Alfonso M. de Ligorio recopiló en su libro El gran medio de la oración.

    "Nos exhorta San Bernardo a recurrir siempre a esta divina Madre, ya que sus súplicas son siempre escuchadas por su divino Hijo. Acudamos a María(...). Lo digo sin vacilar... el Hijo oirá a su Madre. (...) Busquemos la gracia, y busquémosla por medio de María, porque halla todo lo que busca y jamás pueden ser frustrados sus deseos. (...) San Idelfonso, vuelto a la misma celestial Señora, le hablaba así La majestad divina ordenó que todos sus bienes pasaran por tus manos benditas. A Ti están confiados todos los tesoros divinos y todas las riquezas de las gracias. San Pedro Damián En tus manos están todos los tesoros de las misericordias de Dios. San Antonio Quien reza sin contar contigo es como quien pretende volar sin alas. San Bernardino de Sena Tú eres la dispensadora de todas las gracias nuestra salvación está en tus manos. (...) Por lo demás, si es cierto que le agrada al Señor que recurramos a los santos, mucho más le ha de agradar que acudamos a la intercesión de María para que supla ella nuestra indignidad con la santidad de sus méritos".

    Acogiendo toda esta tradición, el Concilio Vaticano II afirma de María "Asunta a los cielos, no ha dejado esta misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora" (LG 62).

    ¿Cuántas manifestaciones han tenido lugar en Euskadi y en otras partes de España para mostrar que se quiere la paz, y no se cometan más atentados? ¿Cuántos discursos se han realizado pidiendo la paz? ¿Cuántas veces en los funerales por los que han sido asesinados, los sacerdotes y los obispos han pedido que se dejen las armas?, pero todo ello parece que no surge efecto alguno, porque ETA no deja de matar.

    Han sido muchos los que han experimentado que las palabras no surten efecto en el corazón de los que han optado por la violencia y la muerte. Uno de ellos fue Pío XII. Después de la II Guerra Mundial, los cristianos de los países del Este sufrían todo tipo de vejaciones e injusticias. Viendo que nada conseguía con las palabras, no por ello perdió la esperanza, y dirigió su corazón a la Virgen María para que ella alcanzara de Dios el fin de la violencia y de la injusticia que sufrían los cristianos de los países del Este. En el jubileo mariano de 1953, Pío XII invitó a todo el pueblo cristiano para que le acompañara en su súplica a la Virgen, a fin de que, a través de Ella, Dios concediera la libertad a los cristianos que sufrían persecución en la Iglesia del silencio. En la encíclica sobre la realeza de María, Pío XII escribió "Personas injustamente perseguidas por su profesión cristiana y privadas de los derechos humanos y divinos de la libertad. Para alejar estos males de nada han valido hasta ahora ni justificadas demandas ni repetidas protestas. Que la poderosa Señora de las cosas y de los tiempos, la que sabe aplacar las violencias con su pie virginal, vuelva a estos hijos inocentes y atormentados esos ojos de misericordia".

    En 1983-84, Juan Pablo II convocó un nuevo jubileo mariano, uno de los objetivos era pedir de forma especial por Rusia, que celebraba el milenario de su adhesión a Cristo. El sistema opresor del comunismo, que ha dejado un reguero de sangre de más de 100 millones de muertos, parecía que iba a señorear el mundo. A los pocos meses de finalizar el jubileo mariano, cayó el sistema comunista como si fuera un castillo de naipes. Juan Pablo II, mirando "no sólo la historia del hombre, sino también la intervención divina en las vicisitudes humanas" (TMA 17), constató "Es difícil no advertir cómo el año mariano precedió de cerca los acontecimientos de 1989. Son sucesos que sorprenden por su envergadura y especialmente por su rápido desarrollo. Los años ochenta se habían sucedido arrastrando un peligro creciente, en la estela de la guerra fría; el año 1989 trajo consigo una solución pacífica que ha tenido casi la forma de un desarrollo orgánico. Además se podía percibir cómo, en la trama de lo sucedido, operaba con premura materna la mano invisible de la Providencia ¿Acaso olvida una mujer a su hijo de pecho? (Is 49,15)" (TMA 27).

    La caída del bloque comunista es un ejemplo contemporáneo de la poderosa intercesión de María en favor de la paz. La historia nos muestra como por medio de María se ha alcanzado la paz en guerras crueles y prolongadas. Esta es la experiencia del pueblo cristiano que invoca a María como Reina de la paz. ¡Cuánto más la Virgen María puede conseguir de Dios la paz para Euskadi, dado que el pueblo vasco durante siglos la ha honrado con tanto amor!

    La persuasión de que Dios escuchará la oración por la paz en Euskadi se basa en que Dios se complace en quienes aman y honran a María, y el Pueblo Vasco la ha amado y honrado con entrañable ternura a lo largo de los siglos. María, pues, no abandonará ni dejará de escuchar a sus hijos e hijas, que con tanto amor la aman y la veneran, si con fe le piden que interceda ante Dios para que le sea concedido a este pueblo el don de la paz.

    Como ya indicaba el bto. Francisco Palau en el siglo XIX, la razón por la cual no experimentemos la protección de María, puede deberse a nuestra falta de oración confiada en su amor y en su poderoso valimiento. Los que piden en esto mi intercesión son muchos; pero, viendo que la cosa es ardua -¡cómo si yo no pudiera cosas mayores!- piden con tales desconfianzas de si haré o no lo que me piden que por sus dudas me atan las manos y se hacen indignos de que lo haga"(LAD 4,24).

    Para alcanzar la protección de María debemos recurrir a ella con una oración realizada con fe y confianza. El P. Palau afirma por boca de María "Basta que necesites una cosa y me la pidas para que te la conceda. (...) Saben (los hombres) que, cuando me piden alguna cosa necesaria para su salud, soy una madre buena que, si su demanda va acompañada con la confianza de hijos, me obligan y me fuerzan a darles lo que quieren, haciendo yo misma su voluntad. Y sin embargo prefieren morirse de hambre a pedirme pan o, si me lo piden, están allá en su corazón desconfiando y dudando de mi bondad. Animada, pues, tu de esta confianza, mira lo que de mí quieres y pídemelo"(LAD 4,24).

    Dios escucha las oraciones que le presentamos por medio de la intercesión de María, pues, así "como en la tierra un buen hijo no niega a su madre ninguna gracia que sea justa y necesaria, mucho menos en el cielo negará Jesucristo a su Madre lo que le pida" (LAD 5,35).

    La Iglesia a través de toda su historia ha experimentado la poderosa intercesión de María ante su Hijo. Por ello san Benardo dirá "¡Oh bienaventurada Virgen!, yo consiento en que no se hable más de vuestra misericordia si se halla uno solo que, habiéndoos invocado en sus necesidades, le hayáis faltado Vos". Porque nadie en vano ha recurrido a la Madre de misericordia sin ser escuchado.

    Dado que es Dios el que destruye las guerras (cf. Jdt 16,2), los fieles han acudido a María para que interceda ante su Hijo para alcanzar del Padre el don de la paz; por ello la Iglesia en las letanías invoca a María como Reina de la paz. No dejemos de poner a María como medianera ante Dios por la paz en Euskadi. Esta oración realizada con fe, confianza y perseverancia hará posible que la paz sea una realidad.

    La Virgen María no es sólo nuestra intercesora, nuestra abogada ante su Hijo, sino también la gran forjadora de almas orantes. Ella es el modelo y el camino para alcanzar la unión más perfecta y la intimidad más profunda con Dios. María es el modelo más perfecto de todas las almas que buscan la unión con Dios, porque a todos precede, y con solicitud materna colabora a que se realice esta unión.

    Fuente: e-cristians.net

    BAJO TU AMPARO


    BAJO TU AMPARO

    Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas nuestras súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todos los peligros, Virgen gloriosa y bendita. Amén

    jueves, 15 de agosto de 2013

    MARÍA ESTÁ CERCA DE CADA UNO DE NOSOTROS

    Autor: SS Benedicto XVI | Fuente: Catholic.net
    María está cerca de cada uno de nosotros
    Cuando estaba en la tierra, sólo podía estar cerca de algunas personas. Al estar en Dios, está "dentro" de todos nosotros.
     
    María está cerca de cada uno de nosotros
    Esta poesía de María –el «Magníficat»– es totalmente original; sin embargo, al mismo tiempo, es un "tejido" hecho completamente con "hilos" del Antiguo Testamento, hecho de palabra de Dios.

    Se puede ver que María, por decirlo así, "se sentía como en su casa" en la palabra de Dios, vivía de la palabra de Dios, estaba penetrada de la palabra de Dios. En efecto, hablaba con palabras de Dios, pensaba con palabras de Dios; sus pensamientos eran los pensamientos de Dios; sus palabras eran las palabras de Dios. Estaba penetrada de la luz divina; por eso era tan espléndida, tan buena; por eso irradiaba amor y bondad.

    María vivía de la palabra de Dios; estaba impregnada de la palabra de Dios. Al estar inmersa en la palabra de Dios, al tener tanta familiaridad con la palabra de Dios, recibía también la luz interior de la sabiduría. Quien piensa con Dios, piensa bien; y quien habla con Dios, habla bien, tiene criterios de juicio válidos para todas las cosas del mundo, se hace sabio, prudente y, al mismo tiempo, bueno; también se hace fuerte y valiente, con la fuerza de Dios, que resiste al mal y promueve el bien en el mundo.

    Así, María habla con nosotros, nos habla a nosotros, nos invita a conocer la palabra de Dios, a amar la palabra de Dios, a vivir con la palabra de Dios, a pensar con la palabra de Dios. Y podemos hacerlo de muy diversas maneras: leyendo la sagrada Escritura, sobre todo participando en la liturgia, en la que a lo largo del año la santa Iglesia nos abre todo el libro de la sagrada Escritura. Lo abre a nuestra vida y lo hace presente en nuestra vida.

    Pero pienso también en el «Compendio del Catecismo de la Iglesia católica», que hemos publicado recientemente, en el que la palabra de Dios se aplica a nuestra vida, interpreta la realidad de nuestra vida, nos ayuda a entrar en el gran "templo" de la palabra de Dios, a aprender a amarla y a impregnarnos, como María, de esta palabra. Así la vida resulta luminosa y tenemos el criterio para juzgar, recibimos bondad y fuerza al mismo tiempo.

    María fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, y con Dios es reina del cielo y de la tierra. ¿Acaso así está alejada de nosotros? Al contrario. Precisamente al estar con Dios y en Dios, está muy cerca de cada uno de nosotros.

    Cuando estaba en la tierra, sólo podía estar cerca de algunas personas. Al estar en Dios, que está cerca de nosotros, más aún, que está "dentro" de todos nosotros, María participa de esta cercanía de Dios.

    Al estar en Dios y con Dios, María está cerca de cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón, puede escuchar nuestras oraciones, puede ayudarnos con su bondad materna. Nos ha sido dada como "madre" –así lo dijo el Señor–, a la que podemos dirigirnos en cada momento. Ella nos escucha siempre, siempre está cerca de nosotros; y, siendo Madre del Hijo, participa del poder del Hijo, de su bondad. Podemos poner siempre toda nuestra vida en manos de esta Madre, que siempre está cerca de cada uno de nosotros. 

    EL MAGNIFICAT


    EL MAGNIFICAT

    Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava.

    Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Su nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

    Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón. Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos.

    Auxilia a Israel su siervo, acordándose de su santa alianza según lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

    Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en principio ahora y siempre por los siglos de los siglos.

    Amen.
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