domingo, 18 de mayo de 2014

MADRE DE AMOR - POESÍA A LA VIRGEN MARÍA


Madre de amor 
Camilo Valverde Mudarra


Madre tu amor todo lo cubre.
Cura en tu regazo mi melancolía,
al calor de tu inmenso abrazo,
sutura mi incontenible agonía
de tenerte tan alto y tan lejos,
sintiéndote tan dentro en cercanía;
preciso tu voz en mis tristezas,
aquí, en mis noches vacías, 
a mi lado, en los tristes pesares,
en el crepúsculo gris de mis días.
Aunque te sé dentro y muy cerca,
no te veo junto a mí; yo querría
abrazar tu rostro, hundirme en tus ojos
y tener tus blancas manos entre las mías. 

Madre del dulce amor,
ven a mí, no me dejes,
ilumina esta oscura travesía,
tráeme la luz del Señor
en esta larga noche sombría. 

MADRE ADMIRABLE - POESÍA A LA VIRGEN MARÍA



Madre Admirable 
Pedro Sergio Antonio Donoso 


Sin imperfecciones
Colmada de bondades
Sin fin serás por siempre
Donosa plenamente 

Moras en el Reino
Donde viven los ángeles y bienaventurados
Elegida del Padre
Elegida como nuestra Madre 

Perfecta, amorosa y agradable
Todas las cualidades en una sola
Destacas por tu hermosura
No puedo dejar de admirarte.

EL PODER DEL SANTO ROSARIO



¡Oh! ¡Que maravilla de la gracia del Santo Rosario!¡Poder escapar del mundo, del demonio, de la carne y salvarte para el Cielo!. 

San Luis María Grignion de Montfort

PENSAMIENTO MARIANO 40



PENSAMIENTO MARIANO

Oigamos a María para que nos enseñe, como hizo con su Hijo Jesús, a ser mansos y humildes de corazón, y de esta manera poder dar gloria a nuestro Padre que está en los cielos.

 Madre Teresa de Calcuta

sábado, 17 de mayo de 2014

QUINCE MINUTOS CON MARÍA AUXILIADORA



Quince minutos con María Auxiliadora

María Auxiliadora¡María! ¡María! ¡Dulcísima María, Madre querida y poderosa Auxiliadora mía! Aquí me tienes; tu voz maternal ha dado nuevos bríos a mi alma y anhelosa vengo a tu soberana presencia... Estréchame cariñosa entre tus brazos... deja que yo recline mi cansada frente sobre tu pecho y que deposite en él mis tristes gemidos y amargas cuitas, en íntima confidencia contigo, lejos del ruido y bullicio del mundo, de ese mundo que sólo deja desengaños y pesares.

Mírame compasiva... estoy triste, Madre, bien lo sabes, nada me alegra ni me distrae, me hallo enteramente turbada y llena de temor...
Abrumada bajo el peso de la aflicción, sobrecogida de espanto, busco un hueco para ocultarme, como la tímida paloma perseguida por el cazador... y ese hueco, ese asilo bendito, ese lugar de refugio es, ¡oh Madre Augusta! tu corazón.

A ti me acerco llena de confianza... no me deseches ni me niegues tus piedades. Bien comprendo que no las merezco por mis muchas infidelidades; dignas de tus bondades son las almas santas e inocentes que saben imitarte y a las cuales yo tanto envidio sinceramente, mas Tú eres la esperanza y el consuelo, por eso vengo sin temor.

¡Madre mía! Permite que yo no toque, sino que abra de par en par la puerta de tu corazón tan bueno y entre de lleno en él, pues vengo cansada y sé que Tú no sabes negarte al que afligido viene a postrarse a tus pies.

¡Virgen Madre! Tu trono se levanta precisamente donde hay dolores que calmar, miserias que remediar, lágrimas que enjugar y tristezas que consolar... por eso, levantándome del profundo caos de mis miserias en que me encuentro sumergida imitando al Pródigo del Evangelio, digo también: "Me levantaré e iré a mi dulce Madre y le diré: ¡Madre buena, aquí está tu hija que te busca! perdona si en algo te he sido infiel, soy tu pobre hija que llora, aquí me tienes aunque indigna a tus favores... te pertenezco y no me separaré de Ti, hasta no llevar en mi pecho el suave bálsamo del consuelo y del perdón.

¿Me abandonarás dulce María? ¿No herirán tus oídos mis clamores? ¡Oh, no! tu apacible rostro ensancha mi confianza, tus castos ojos me miran compasivamente disipando las densas nubes de mi espíritu y de mi abatimiento y zozobra desaparecen con tu materna sonrisa.
Si majestuosa empuñas tu cetro en señal de poder, como eres mi Madre, es tan sólo para manifestarme que eres la dispensadora de las gracias y mercedes del cielo para derramarlas con abundancia sobre esta tu pobre hija que sólo desea amarte y agradecerte.

¡Oh sí! Tú eres el Océano, Madre, y yo el imperceptible grano de arena arrojado en él... Tú eres el rocío y yo la pobre flor mustia y marchita que necesita de Ti para volver a la vida. Que nada me distraiga, que nadie me busque... Yo estoy perdida en el mar inmenso de tu bondad, estoy escondida en el seno misterioso de mi bendita Madre.

Reina mía, confiando en tu Auxilio bondadoso y tierno quiero hablarte con la confianza del niño... quiero acariciarte, quiero llorar contigo... traer a mi memoria dulces recuerdos... derramar mi alma en tu presencia para pedirte gracias, arráncame, en una palabra el
corazón para regalártelo en prenda de mi amor.

Escucha pues, tierna María, mi dulce Auxiliadora, una a una todas mis palabras y deja que cual bordo de fuego penetre en tu corazón, porque quiero conmoverte... quiero rendirlo y quiero en fin que tu Jesús, que tan amable abre sus bracitos sonriendo con dulzura, repita en mi favor nuevamente aquella consoladora palabra que alienta al desvalido y hace temblar al demonio: "He aquí a tu Madre, he aquí a tu hija".

Sí, aquí estoy... aquí está tu pobre hija a quien has amado y amas aún con predilección y que te pertenece por todos títulos... la que descansó en tus brazos antes de reposar en el regazo maternal... la que probó tus caricias mucho antes que los maternos besos... ¿lo recuerdas? Yo dormí en tu seno el dulce sueño de la inocencia, viví tranquila bajo tu manto sin conocer ni sospechar siquiera los escollos de la vida, amándote con ardor y gozando de tus caricias con las que preparaste mi alma y corazón para los rudos ataques de mis enemigos y sinsabores de la vida. Tu mano salvadora no sólo me apartó del abismo en que tantas almas han perecido, sino que me regaló con gracias particularísimas y especiales, dones que reservas tan sólo para tus amados.

Todo... todo lo confieso para mayor gloria tuya y quisiera tener mil lenguas para cantar tus alabanzas, digna y elocuentemente, en fervorosos y tiernos himnos de santa gratitud.

¡Ah cuando me hallo cercada de tinieblas y sombras de muerte, sobrecogida de angustioso quebranto... cuando mi corazón tiembla ante la presencia del dolor, este pensamiento dulcísimo de tus tiernas muestras de predilección viene a ser el rayo luminoso que hace surgir mi frente, dándome alas para remontarme hasta lo infinito... ¡Oh recuerdo consolador! ¡Bendito seas! Eres la escala por la cual subo hasta el trono de la clemencia y del amor santo y verdadero.

Mas ¡ay!... pronto pasaron de aquella alma los días de encanto... con la velocidad del relámpago se disiparon mis goces infantiles y llegó para mí la hora del desamparo... Madre, no puedo soportar su peso... siento quebrantar al mismo tiempo todas mis fuerzas interiores y necesito que tu mano me sostenga para no sucumbir en la lucha... Ansiosa te busco como el pobre náufrago busca su tabla salvadora...

Levanto a Ti mis ojos y mi pesada frente como el marino en busca de la estrella que debe señalarle el puerto. Me siento como abandonada, semejante a una nave sin piloto a merced del oleaje tempestuoso e incesante... ¡Tengo miedo! mucho miedo de perecer, entre las turbias ondas del agitado mar del pecado... Tengo miedo de la justicia divina a quien soy deudora de tantas y tan especialísimas gracias... pero sobre todo tengo miedo... ¡Oh no quisiera ni decirlo... tengo miedo de serte ingrata, abandonándote algún día y olvidando tus ternuras, pagarlas con ingratitud!

¡Jamás lo permitas, Reina mía! Haz que viva siempre unida a Ti, como la débil yedra vive asida fuertemente a la robusta encina defendiéndose del furioso huracán... ¿Qué sería de ésta tu hija, ¡oh Madre!, sin Ti? Mil enemigos me acechan redoblando a cada paso sus infernales astucias... acosada me siento por todas partes y si Tú no me amparas, ¿quién se dolerá de mí? No me alejes, por piedad, sálvame... muestra que eres mi Madre Auxiliadora; olvida por piedad las veces que te he contristado, reduce a polvo mis pecados, lávame con tus lágrimas y límpiame más y más.

Tus brazos son el trono de la misericordia, en ellos descansa tu Jesús... sujétame entre ellos para que no haga uso de la justicia contra mí... dile que acepto el dolor que redime si Tú me lo envías, que venga, si es preciso, el sufrimiento aun cuando mi pobre carne
tiemble ante él, con tal que mi alma se torne blanca como la nieve.

Sí, dile a tu amado hijo que yo quiero desagraviar para alcanzar su clemencia, dile que eche un velo sobre mis faltas y miserias y que olvide para siempre lo mala que he sido... ¡María de mi vida! No resta más que la última etapa... mis ensangrentadas huellas van marcando mis pasos en la senda escabrosa de la vida que está por cortarse... mi cansado corazón late aún, sí, porque Tú les das vida y aliento, pero
derrama las últimas lágrimas que manan de él cual candente lava.

Terminará mi existencia y ¿qué será de mí, si mi Auxiliadora no viene en ese momento terrible? ¿A quién volveré mis ojos si te alejas en ese instante? La gracia que te he pedido y tanto deseo para mi agonía, es grandísima y no la merezco, pero la espero con plena confianza y tu sonrisa me alentará. Estoy segura de que aun cuando el demonio ruja a mi derredor, preparando su último asalto, tu mano maternal me acariciará y con sin par solicitud me prodigará los últimos consuelos en mi despedida de este triste valle de lágrimas.

Esto lo sé cierto, lo siento en mí y no fallará mi esperanza... ni un momento lo dudo. Los ángeles santos, al ver las ternuras de que seré objeto en el terrible trance exclamarán también enternecidos: "Mirad cómo la ama nuestra Reina". Esta es la gracia de las gracias, mi último anhelo, mi petición suprema. Haz ¡oh Madre mía! que tu dulcísimo nombre, que fue la primera palabra que supieron balbucir mis infantiles labios entre las caricias de mi buena madre, sea también la última expresión que suavice y endulce mi sedienta boca al entregar mi alma. ¡Madre!... que mi tránsito sea el postrer tributo de mi amor hacia Ti... que sea la última nota de mis cantos que tantas veces se elevaron en tu loor y el ósculo moribundo que te envíe sea el preludio de mi eterna e íntima unión con la Majestad divina y contigo, ¡oh mi dulce, mi santa y tierna Madre Auxiliadora...!

NOVENA A MARÍA AUXILIADORA, RECOMENDADA POR SAN JUAN BOSCO




LA VIRGEN MARÍA PROVOCA LA PRIMERA SEÑAL



Autor: P. Fintan Kelly | Fuente: Catholic.net
María provoca la primera "señal"
Además de la gran confianza que María mostró en su Hijo, ella fue el medio que Dios usó para dar comienzo a la manifestación de Jesús.

María provoca la primera 

Ojalá puedas leer en el Evangelio Jn 2, 1-12, cuando María le pide a su Hijo que les falta el vino en una boda donde fueron invitado en Caná. 

A mí me llama poderosamente la atención ese detalle de María de acercarse a visitar a su prima santa Isabel tras tener conocimiento de su estado de gestación, también su fina observación en las bodas de Caná, en una situación de tanto embarazo para aquellos jóvenes esposos. Todo ello habla de un corazón amable, sencillo, bondadoso, atento, comprensivo, servicial en nuestra madre del cielo". 

Una contemplación superficial del episodio de la boda de Caná nos dice que lo más milagroso fue el hecho de que Jesús mostró su dominio absoluto sobre la materia, convirtiendo agua en vino. Sin embargo, el Evangelista nos da a entender que no fue así al decir "Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzó a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos" (Jn 2, 11). 

Según el Evangelista la finalidad intrínseca de este milagro fue el convencer a sus discípulos que Él era lo que decía que era: el Hijo de Dios. Así manifestó su "gloria" que era su divinidad, pues María le obligó a "hacer llegar su hora" de mostrar su gloria o divinidad. 

Independientemente de la gran confianza que María mostró en su Hijo, como hemos comentado antes, está el hecho de que ella fue el medio que Dios usó para dar comienzo a la manifestación de Jesús de Nazaret como su Hijo. Aquí María aparece como aquella que hace conocer a Cristo. Uno podría pensar que tal vez su misión fuese solamente traer al Hijo al mundo y después dejarlo manifestarse como le pareciera mejor. Dios en su providencia quería hacer las cosas de otra manera: quería dar a conocer a su Hijo al mundo por medio de su Madre. Nosotros podemos no estar de acuerdo con esta metodología, pero no se puede negar que Él quiso adoptarla para manifestar a su Hijo. 

Parece ser que el Padre sigue usando esta metodología para dar a conocer a su Hijo. Son elocuentes las múltiples apariciones de la Virgen en estos dos últimos siglos. Pensemos en Lourdes, Fátima...

ORACIÓN DE ACCIÓN DE GRACIAS Y OFRECIMIENTO A LA VIRGEN DEL CARMEN



ORACIÓN DE ACCIÓN DE GRACIAS 
Y OFRECIMIENTO A LA VIRGEN DEL CARMEN

¡Oh Virgen Santa del Carmen! Jamás podremos corresponder dignamente a los favores y gracias que nos has hecho al darnos tu santo Escapulario. Acepta nuestro sencillo, pero hondamente sentido, agradecimiento y, ya que nada te podemos dar que sea digno de Ti y de tus mercedes, ofrecemos nuestro corazón, con todo su amor, y toda nuestra vida, que queremos emplear en el amor y servicio de tu Hijo Señor nuestro, y en propagar tu dulce devoción, procurando que todos nuestros hermanos en la fe, con los cuales la divina Providencia nos hace convivir y relacionar, estimen y agradezcan tu gran don, vistiendo el santo Escapulario, y que todos podamos vivir y morir en tu amor y devoción. Amen.

viernes, 16 de mayo de 2014

CÚBREME CON TU MANTO, VIRGEN MARÍA


EL ESPÍRITU SANTO ES VIDA

Espíritu Santo es vida
Autor: Padre José Luis Hernando



Paz y bien para todos.

Dice el Libro de los Hechos de los Apóstoles en el Capítulo 2, versos del 1 al 11, que el día de Pentecostés estaban todos los discípulos juntos reunidos y de repente un ruido del cielo, como de un viento recio resonó en la casa. Y vieron aparecer sobre sus cabezas unas lenguas en forma de llama y todos se llenaron del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extranjeras.

Yo quisiera hablarles por un ratico, pues lleno del Espíritu Santo. Y quisiera sentirme lleno de este Espíritu para transmitirles todo lo que supone saber y sentir que el Espíritu de Dios nos acompaña, nos anima, nos ilumina, nos reanima, enciende en nosotros el ánimo y la ilusión con el fuego de su amor. Les quisiera hablar de tal manera que todos nos enamorásemos de este ilustre huésped que por tanto tiempo ha sido un huésped desconocido.

Sabemos mucho de Dios Creador, de Dios Padre. Conocemos cantidad de cosas Cristo Redentor, del hijo, de Jesús. Pero ¿qué sabemos del Espíritu Santo? Somos tan ignorantes o tan ingratos, que desconocemos al Maestro que ha hecho posible que hoy tengamos fe, o que nos ha ayudado a descubrir la presencia de Dios en nuestra vida y en nuestro mundo.

Invocarle diciendo que venga sobre mí, sobre los oyentes de este espacio radial, que venga sobre todos nosotros, sobre sus familias. Ven, Espíritu Santo, sé tú nuestro mejor perfume, nuestra alegría secreta, nuestra fuente inagotable, nuestro sol y nuestra hoguera, nuestro aliento y nuestro viento, nuestro huésped y consejero, que venga sobre nosotros, que se quede a nuestro lado. Que le aceptemos y le tratemos como nuestro amigo, nuestro fiel compañero, defensor y abogado.

Podemos trasladarnos por unos momentos al mismo día en que el Espíritu de Dios irrumpe históricamente, visiblemente sobre su iglesia. Dice el Libro de los Hechos de los Apóstoles que aquellos discípulos estaban juntos y en medio de ellos estaba la Madre de Jesús. Tal vez el miedo les hace unirse, apretujarse, buscando el calor de la presencia. Lo importante es que están unidos. Se han quedado solos, se sienten medio huérfanos. Jesús ha muerto. Es de noche, no hay luna y el viento parece que se llevó las palabras de vida y de esperanza. Parece que han perdido la ilusión por el reino del que tanto les habló Jesús. Y así con miedo, pero juntos, aguardan la mañana que les alumbre el camino de vuelta al pueblo, a la familia, a la rutina, a la tarea.

Y ya ven la esperanza ha quedado enterrada. Y es entonces cuando llega Dios, cuando irrumpe su espíritu. Pues estar todos juntos, bien apretados, se sienten generosos y pobres, para dejar espacio para Dios. Y siente el ruido que golpea la casa y notan que hay un viento huracanado que quiere entrar por puertas y ventanas. Y ven que hay lenguas de fuego en sus cabezas, son tres signos de la presencia de Dios en el Antiguo Testamento. El viento huracanado, el ruido como de un terremoto y el fuego.

Así lo experimenta el Profeta Elías en el Monte Orep, pero Dios esta vez no está ni en el viento, ni en el temblor de la tierra, ni en el fuego. Dios está en el misterio del silencio que les hace sentirse llenos de su presencia, de su fuego, de su espíritu, de su fuerza. Les hace proclamar las maravillas que Jesús les había dicho anteriormente y que ahora las están haciendo vida en sus personas. Se sienten llenos de la presencia divina y se lanzan a las calles. Abren las puertas y ventanas, abren sus corazones y abren sus bocas y se lanzan al mundo decididos a anunciar las buenas noticias, convencidos de que lo que predican es la verdad. Y lo hacen con tal amor, con tal pasión, con tal respeto, que la gente les presta atención y les entienden, cada cual en su lengua y en su cultura.

Conviene leer despacio los diez primeros versículos del Capítulo 2 de Los Hechos, para ver la variedad de pueblos, de culturas, de lenguas, que participan en la Pascua de Pentecostés. Hoy la iglesia tiene que sentirse llena del espíritu de Pentecostés, para anunciar su futura catolicidad, abriéndose a todo el mundo.

Juan XXIII, el Papa bueno, convocó un día en el año 1962 el Segundo Concilio Vaticano con un sólo propósito, el de provocar en el mundo un nuevo Pentecostés, una nueva primavera de cristiandad. Sólo esto será posible si nos dejamos guiar por el espíritu que vivifica. Si somos capaces de superar la letra que muchas veces mata y nos angilosa. Hay muchos encerrados en ritos y tradiciones y en rutinas de las que no quieren salir por miedo a perder su falsa seguridad. Y sin darse cuenta están cerrados al espíritu de Dios, que en cada momento nos va a recordando, nos va ayudando a refrescar y a ser actual la presencia viva de Jesús, de acuerdo al momento histórico en que estamos viviendo y a la coyuntura social, política, económica por la que estamos pasando.

No entenderemos el espíritu de Pentecostés, mientras no creamos en la verdad y condenemos a los demás, creyéndonos superiores a ellos en las cosas de religión. En la iglesia no hay un grupo que lo sabe todo y otro que no sabe nada. Y que lo único que tiene que hacer es oír y callar. En la iglesia todos tenemos algo que enseñar y que aportar. Todos podemos ayudarnos y servirnos, pero si es verdad que viven todos el Espíritu de Dios, hagámoslo cierto. Así nos lo asegura Cristo cuando dice: "les enviaré un defensor que estará siempre con ustedes y él les recordará todas mis palabras".

Luego el que no está abierto y atento a todas las manifestaciones del Espíritu de Dios, difícilmente puede aprender más o mejor. Es imposible que haga real y presente la salvación de Dios entre nosotros.

La conclusión de todo esto, yo creo que es sencilla y es trascendental. Desde Pentecostés, todas las lenguas, todas las culturas, todos los ritos, todos los pueblos, todas las épocas, cada persona, tiene que ser desde entonces, tiene que ser signo de la presencia y de la acción de Dios. No pensemos que esta acción de Dios es exclusiva de una cultura, de una lengua o de un rito. Dios es gratis y da su espíritu abundante y generosamente para que todos nos sintamos quemados, transformados, animados y motivados por ese espíritu.

Tengan todos mucha paz y mucho bien.

UN SECRETO


UN SECRETO...

 secreto indispensable para enriquecer nuestra existencia y mejorar nuestra calidad de vida, es el de desarrollar, cultivar y fortalecer nuestra vida interior.

Dedique cada día unos valiosos e importantes minutos para meditar relajadamente sobre lo que está haciendo con su vida, hágase preguntas y busque calmadamente las respuestas en su interior, hágalo en silencio y en paz. Poco a poco empezarán a surgir las respuestas.

Cultive hoy, de manera especial, su energía amorosa, sea amable, cordial, gentil, cariñoso, paciente y tolerante con las personas que le rodean; hoy, de manera especial, sea comprensivo con los demás, y ante todo hoy procure perdonar aquel detalle, aquella actitud, aquel evento que aún afecta su alma y perturba su paz interior. Perdone ya, de una vez, perdone y olvide.

Valore a todas las personas que conviven con usted como un preciado regalo del Cielo. Acepte sus desavenencias, pues cada uno tenemos nuestros sentimientos, nuestros particulares puntos de vista, y "métase en la piel del otro"; le será fácil si hay amor verdadero.

Esta actitud servirá además para crear un ambiente más positivo que, lógicamente, rebotará en usted.
"El que siembra, recoge..."; sea paciente en recoger sus frutos.


Autor desconocido

IMÁGENES ANIMADAS DE LA VIRGEN MARÍA CON MENSAJES

















PIROPOS A LA VIRGEN MARÍA



 Piropos a María
Padre Juan Pablo Ledesma


Rezar el Rosario. ¿Qué es el Rosario? ¿En qué consiste esa oración que tanto agrada a la bella Señora vestida de luz? Es la combinación de las oraciones más bellas, las oraciones predilectas, las más hermosas: el Padrenuestro, el Avemaría, el Gloria.

Cuando los Apóstoles le rogaron al Maestro: “Enséñanos a orar”, Jesús les enseñó el Padrenuestro. ¡Qué decir del Avemaría! Es un piropo. Oración simple, breve, pero grande como el universo. En un Avemaría se fusionan palabras del arcángel Gabriel, de Santa Isabel y de la Iglesia. Es la primera oración que aprende el niño y la última que suspira el moribundo; el grito del pecador, la súplica del enfermo...

Y en el Rosario se dice diez, veinte..., cincuenta veces el Avemaría. ¿Por qué repetir tantas veces la misma oración? El rosario es..., como un ramo de flores. Cuando se quiere a la persona amada, no bastan tres o cuatros rosas. ¡Cuántas más, mejor! Cuando uno está enamorado, no se cansa de decirle a su amor: “te quiero”, “me encanta estar contigo”. Ciertamente se lo repetirá cien y mil veces. Eso es el rosario. Una lluvia de alabanzas y versos de amor a la Madre de Dios. Es también una meditación cordial de la vida de Jesús y una súplica por nosotros, para que nos asista en el presente y en el momento del encuentro final y definitivo. Es el Evangelio resumido, concentrado, en miniatura.

El rosario ha conservado la fe por siglos. Fue el arma que venció en Lepanto y que viajó con Cristóbal Colón hasta anclar en el continente americano. ¿Fue quizás casualidad que la carabela de los descubridores se llamara “Santa María”?...

Son muchas las familias que lo rezan hacia el final de su jornada. El Papa Juan Pablo II nos enseña en su mensaje, que el rosario “reúne a la familia contemplando a Jesucristo y recupera la capacidad de volverse a mirar a los ojos, para comunicarse, solidarizarse, perdonarse, comenzar de nuevo, con amor renovado”.

JESÚS TOCA TU PUERTA...


¿SEGUIREMOS DANDO CULTO A LA VIRGEN MARÍA?


¿Seguiremos dando culto a María?
Walter Turnbull



No sé desde cuándo, pero de determinado momento para acá -por lo menos desde el siglo XVI- el culto a María ha despertado recelo y controversia.

Católicos centrados ven en este culto un peligro de idolatría: de ignorar a Dios y adorar a María, o de poner a María por encima de Dios; y tienen razón. Los protestantes más aguerridos creen que en el culto a María -y algunos que hasta en María- está presente el demonio (comparado con eso los misterios de la doctrina católica resultan entendibles y fáciles de creer). Algunos católicos modernistas que han leído demasiado temen que la devoción a María podría comprometer una ortodoxa posición cristocéntrica.

¿Es el culto a María un error comprensible pero destinado a desaparecer? ¿El reconocimiento de la importancia de María en la historia de la salvación tiende a disminuir? ¿Debemos relegar a María para concentrarnos exclusivamente en Jesucristo?

En este caso la respuesta de Dios viene rápido. Apenas empezado el Evangelio según san Juan (segundo capítulo) y apenas comenzado el tiempo ordinario (segundo domingo) la Palabra de Dios nos trae a contemplación el pasaje de las bodas de Caná. De cada renglón, de cada palabra de este pasaje han sacado los buenos predicadores significados y mensajes para nuestro aprovechamiento. Yo quiero en este momento enfocar la importancia de María en la economía de la salvación.

San Juan nos quiere señalar, desde la primera manifestación pública del poder de Jesús, la presencia de María y su formidable capacidad para interceder por nosotros. Es como si Dios quisiera por segunda vez pedirle a María su asentimiento para actuar. Como si María, como Madre de Dios, tuviera que darle permiso a Jesús para comenzar su obra. Para San Juan la presencia de María no solo es buena, sino que es necesaria.

Y apenas empezado el año, en su primera audiencia general de 2004, Juan Pablo II nos recalca (otra vez la respuesta llega rápido):

«María... en Navidad, ofrece a Jesús a la humanidad. En la cruz, en el momento supremo del cumplimiento de la misión redentora, Jesús ofrecerá como don a todo ser humano a su misma Madre, como herencia preciosa de la redención».

«El tiempo de Navidad nos hace recobrar conciencia de este misterio, presentándonos a la Madre del Hijo de Dios como copartícipe en los acontecimientos culminantes de la historia de la salvación. Apoyados y confortados por su protección maternal, podremos contemplar con nuevos ojos el rostro de Cristo y caminar más rápidamente por las sendas del bien».

Y constantemente sigue insistiendo: «Recen el Rosario».

Por algo será que la inmensa mayoría (yo creo que son todos, pero para no arriesgarle vamos a dejarlo en «la inmensa mayoría») de los grandes santos han tenido una enorme devoción a María. Perdón, quise decir «la santísima Madre de Dios y madre nuestra, la gloriosa Siempre Virgen María».

PENSAMIENTO MARIANO 39


PENSAMIENTO MARIANO

La Ssma. Virgen ha sido mi compañera inseparable. Ella ha sido la confidente íntima desde los más tiernos años de mi vida. Ella ha escuchado la relación de mis alegrías y tristezas. Ella ha confortado mi corazón tantas veces abatido por el dolor. 

Santa Teresa de los Andes

VIRGEN MARÍA, RUEGA POR NOSOTROS


PLEGARIA DE CONSAGRACIÓN DEL HOGAR A LA SAGRADA FAMILIA DE NAZARETH


PLEGARIA DE CONSAGRACIÓN DEL HOGAR 
A LA SAGRADA FAMILIA DE NAZARETH

Padre Celestial, que has preparado el hogar de José y María para la llegada de tu Hijo, Jesucristo, nosotros 

(decir los nombres de todos los miembros de la familia)
 N..., N....., N....

queremos consagrar nuestra familia a la Sagrada Familia de Nazareth.

Queremos que en nuestro hogar nos empeñemos en realizar el plan que has trazado para nuestras vidas. 

Danos la gracia de esforzarnos en practicar en nuestra vida diaria los valores y las virtudes que son necesarios para hacer que:

- el amor venza nuestra tendencia al egoísmo;

- la cooperación y la solidaridad venzan nuestra tendencia a competir entre nosotros.

Concédenos que nos esforcemos en ser responsables en el trabajo, en el estudio, en el cumplimiento de nuestros deberes como personas y como familia.

Queremos que, según el ejemplo de Jesús, de María y de José, tengamos en cuenta lo que Tú quieres de nosotros, al tomar nuestras decisiones.

Te rogamos que tengamos siempre la lucidez del espíritu y la generosidad del corazón para emplear nuestras capacidades y nuestros bienes materiales de acuerdo con tu santa Voluntad.
Inspíranos para aprender a establecer las justas prioridades en el manejo de ese precioso don tuyo que es el tiempo. Y ante todo, que seamos más sensibles a las necesidades y a los sentimientos de las personas que queremos.

Padre Celestial, haz que nosotros vivamos siempre esta consagración esmerándonos en cultivar la paz, la confianza, la alegría y la comprensión entre nosotros los miembros de esta familia y con las demás personas, comenzando por las más cercanas.

Te rogamos que nos protejas y protejas también a las personas que amamos, de todos los males que puedan provenir de nosotros mismos, del mundo materialista que nos rodea y del espíritu maligno.

Haz que seamos más receptivos a la acción del Espíritu Santo y a la inspiración de la Santa Familia de Nazareth. Amén.

jueves, 15 de mayo de 2014

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA POR LOS SACERDOTES


Oración a la Santísima Virgen María
 por los sacerdotes 

Madre Nuestra María Santísima, Madre del verdadero Dios por quien, en quien y con quien vivimos, hoy te suplico humildemente que intercedas por tu hijo, _________. 

Pídele a Dios Espíritu Santo, encender en el corazón de este sacerdote tuyo el FUEGO DE SU AMOR. Un fuego que le de calor a él primero y luego que la chispa de ese fuego contagie a todos los que se acerquen a él. Un fuego que caliente a los que tengan frío en su corazón, que sea una llama de amor que no se apague nunca, ni de noche ni de día. Que sea un fuego que queme todo los resentimientos, todos los malos recuerdos, todo lo negativo, todo el dolor, toda la falta de amor, todo lo que necesita renovarse.

 Y luego que brote de ese mismo corazón un RÍO DE AGUA VIVA, un río que apague primero la sed de este tu siervo, su sed de Dios, su sed del Amor de Dios, su sed por la salvación de las almas. Y después que sea una fuente de donde las almas puedan encontrar y experimentar el AMOR DE DIOS, su misericordia, su perdón por medio de la absolución dada por Tu Hijo Jesucristo a través de las manos de este sacerdote tuyo.

 Madre Nuestra, este AMOR, este Fuego, esta AGUA VIVA es urgente que Dios le permita a este sacerdote experimentarlos, para su propia paz, alegría y salvación y para compartirlas con todas las almas que Dios tenga destinadas que se salven a través de su contacto con este humilde sacerdote tuyo. Gracias por tu amor y tus cuidados maternales.

 Cúbrenos con tu manto y protégenos de todos los males y de las asechanzas del demonio. Sé tú nuestra guía, nuestro lucero, nuestro faro, enséñanos el camino al Cielo donde por medio del amor, la misericordia y el perdón de Dios esperamos gozar por siempre del Amor de Dios, junto contigo por siempre. Amén

UNA SONRISA

 
Una Sonrisa...
Una sonrisa amable y sincera es el pasaporte universal que facilita la entrada a muchísimos corazones. Una sonrisa amorosa es una caricia que enciende y mantiene viva la llama de la felicidad que produce el compartir, pues nadie logra ser suficientemente feliz aislado de los demás y encerrado en sí mismo. La sonrisa nacida en el corazón derriba barreras y construye puentes para comunicarnos con quienes necesitamos y con quienes nos necesitan.
¿Qué tal si hoy comenzamos a salir al encuentro de los demás con una hermosa sonrisa dibujada en nuestro rostro...?



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